Que te escribía un blog entero



sábado, 31 de diciembre de 2011

Resumen del año

No nos vamos a engañar. Como dijo el personaje de Mark en la película de Richard Curtis "Love Actually", "En Navidad se dice la verdad". Ha sido un año malo, bastante malo. Está de hecho en mi top5 de año chungos. Y van dos seguidos. Y ya sabemos el refrán de que no hay dos sin tres. Estoy por meterme en la cama y levantarme dentro de un año.


Ha sido un año en el que me he conocido a mí misma y no me ha gustado lo que he visto. He tenido momentos de paranoia, momentos en los que de verdad creía que todo estaba organizado para que yo tuviera que joderme. He vuelto a ser dependiente, como a los... umm... ya ni me acuerdo. Cuestión que me eriza los pelos de los brazos habida cuenta del acuciante panorama artístico de este país y de la privatización de empresas públicas. Terminas por apreciarte única y exclusivamente como un valor-inversión, cosa que, con los tiempos que corren, eres menos estable que un borracho de pie en un autobus.

He pasado mucho tiempo en casa, lo que me ha permitido también tomarme con más calma la agitada vida madrileña. Incluso la nocturna. Mi vida sentimental inexistente se contradice bastante con mis dosis exageradamente altas de dramatismo existencial hasta por el hecho de engordar un par de kilos. Sí, qué pasa, resulta que he llegado a la conclusión que soy un tipo "Fiona" y yo me tenía más por una "Rapunzel" cualquiera.

En cuanto a mis amigos, he visto que algunos a los que he denominado amigos no eran más que simples colegas y también que algún colega se ha comportado conmigo como buen amigo. Decepciones que te da la gente en quien confías ciegamente que te entristecen de una manera tranquila, como las gotas que una tras otra terminan por erosionar la tierra, doloroso pero no tanto como para llorar. Amigos que se van de tu lado porque no es fácil aguantar el bajón quincenal, porque no hay más remedio que marcharse lejos y aguantar. Amigos que te dan un aliento cálido de tanto en tanto y otros a los que no puedes llegar porque no cumples las expectativas. Cuando lo único que pides es que te abracen, aunque sea cobrando por horas.

Ha sido un año en el que he luchado contra molinos, como si me fueran a atacar. Pero no, me atacaba el hecho de no ser capaz de ponerme a moler trigo junto a ellos, y convertirme en una escéptica.

Un año en el que no he podido ver apenas a aquellas personitas que son las únicas que consiguen que las lágrimas se me metan para dentro y, en vista de las previsiones, tampoco las veré mucho el año que viene.


Pero no todo ha sido nefasto, los martes buenos al salir de clase, la sensación de que hay una luz al final de esto y el querer compensar con creces los esfuerzos que se están haciendo por mí. Porque pienso ser agradecida, porque ya lo soy. Gracias a todos los que habéis sido capaces de escuchar mis conversaciones tremendamente aburridas sobre mi vida actual, los que me habéis llamado o visto preguntándome qué tal estaba y os habéis quedado a sentir mis ojos manga hacerse chiquititos. Gracias por la enorme variedad de planes que me habéis ofrecido. Gracias por obligarme a salir de casa y gracias por no decirme ni una sola vez "¿No deberías estar estudiando?". Gracias por no dar pie a que el drama se instale de coinquilino en mi habitación y por provocarme a continuar con esta marcha.


Con suerte, el año que viene, estaré diciendo que ha sido el año en el que he conseguido algo por mí misma, que los fines de semana vuelven a ser para mí y que he sonreído más que llorado. El 2012 se me presenta como si estuviera en la parte de abajo de una de las cuestas de Lavapies y no me quedara más remedio que subirla para llegar a casa. Así que lo haré despacito, tomando aliento a cada paso.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Monje Tibetano



Es de sobra conocido por mis amigos que mi vida sentimental es más inexistente que el monstruo del Lago Ness: hay quien dice que existe, hay incluso quien dice que lo ha visto.

Hace un tiempo, una amiga me dijo que me iba a presentar a un amigo de su novio que creía que me pegaba y que éste insistía en que era muy simpático. Dejando a un lado que los chicos no usan el "es muy majo" como hacemos las tías para decir que nuestra amiga es un coco, pensé que es bueno en cualquier circunstancia, tener la mente (ojo, he dicho la mente) abierta a conocer gente nueva.

Anoche, charlando con mi amiga y su novio, surgió el tema. Me dio algunos datos, comentamos que podríamos quedar todo el grupo a tomar algo y que se viniera sin más intención que la de ampliar un poco el grupo y bueno, si pasaba algo, era un plus.

En un momento determinado, preguntándole que de qué le conocía, me dio su nombre y apellidos. El nombre me resultaba familiar, muy familiar. Tan familiar como si lo hubiera estado ¡¡¡LEYENDO EN LAS LISTAS DE NOTAS DE LA FACULTAD DURANTE 5 AÑOS!!! Efectivamente, compañero de clase, de facultad, no del grupo de amigos, pero está en la misma orla que yo. Increíble el mundo lo jodidamente pequeño que es.

Entre risas, comentamos lo cómico de la situación si hubiéramos quedado y el novio de mi amiga le hubiera comentado que le iba a presentar a una amiga.

Así que nada, la suerte o no suerte de mi vida sentimental continúa, ayudada siempre por anécdotas muy cómicas. Y es que, en el fondo, lo que importa al final, en la vida, es reirse.


PD: Ya sé qué estáis pensando... cuando os vea os diré el nombre, ansias...

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Persecuciones



Creo que alguien me esta persiguiendo.

Pongo en antecedentes.

Hace unos meses solicité una beca de formación para compaginarla con los estudios de mi oposición. Pasé la primera fase, la cosa pintaba bien. La segunda fase, la entrevista personal, por desgracia (o no tanto, todo pasa por algo en esta vida) no fue tan del agrado del tribunal como del mío. El caso es que al ver la lista de suplentes entre los que me encontraba, me saltó un nombre. Un nombre de hombre. Bueno, de hombre no sé, masculino sí era, desde luego.

Esta mañana, han llamado a mi casa para comunicarme que habían salido las listas de los admitidos al primer examen de la oposición a la que me presento. 729 solicitudes ha habido, nada menos. Mientras charlaba con mi compañera de academia (un día haré un post sobre la academia), un nombre me ha llamado la atención. Mucho. Muchísimo. Y sí, efectivamente, volvía a ser ese nombre que me transportaba a una edad que está envuelta (gracias a la vida que he tenido después) en una nebulosa turbia.

Este hombre me persigue. De verdad que me he acojonado un poco, no lo voy a negar.

Se trata de un individuo de mi curso al que echaron por ... umm... cómo decirlo, por tener una manera de asimilar los conceptos un poco particular. Debido a sus características físicas llamativas desde los 11 años, estaba claro que la sangre, mucho, al cerebro, no le llegaba. Después, en mi época de la facultad, le volví a ver, menos mal que hubo un intervalo bastante amplio de tiempo entre el fin de la escuela y ese momento. Prepotente y sobrado como sólo un ignorante que se jacta de sus payasadas.

El caso es que tras un periodo en el que, como solemos hacer todos, añadimos al facebook a todo compañero de clase, aunque sea un instante, no volví a saber de él. Hasta ahora.

Y en el fondo de mi ser, lo que me reconcome por dentro, son dos cosas:

La primera, que se saque él la plaza y yo no. Eso sería muy muy muy jodido, dada la estima que le tengo. Pero puede ser, es una variable perfectamente factible. La segunda, que los dos aprobemos y sea un "compi de promo", lo que implica tenerle más o menos cerca el resto de mi vida. Repelús.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cosas que hacer cuando estás enferma



Podría realmente decirlo, pero las anteriores descripciones de mis catarros no tuvieron el éxito esperado. Comentadas fueron, pero no para bien.

El caso es que os voy a contar otra cosa mucho mejor.

Alguna de las cosas que voy a hacer cuando me saque la plaza. O en su defecto, cuando no me la saque, pero decida que se acabó eso del claustro, que puede pasar.


1. Independizarme: no por nada, conste que tengo que reconocer que vivo muy bien en donde estoy, pero será un cambio de vida importante y creo que será un buen momento para empezar desde abajo también en esto. Tengo pensado empezar en una casa por debajo de mis posibilidades para poder ir subiendo hasta la casa de mis sueños. Quiero vivir en más de un piso, odiar las mudanzas, aprender a quedarme con lo de verdad importante y sobre todo, intentar ser feliz con lo que tenga. Además, no pienso pasar mucho por casa ;)


2. Apuntarme a clases de teatro: Voy a empezar por un curso amateur, algo no demasiado complicado, a ver si me gusta tanto como creo que me gustará. Quién sabe, Maria Galiana hizo su primera película casi a los 60 años... Además, yo lo voy a hacer por gusto, por puro amor al teatro.


3. Idiomas: ya casi se me ha olvidado todo el árabe que aprendí. Y eso no puede ser. Me volveré a apuntar, con Hassan, mi profesor de árabe que me sigue parando cuando me lo encuentro en sitios tan extraños como el aeropuerto.

Y ya puestos, alternar los cuatrimestres entre inglés y francés. También tengo idea de apuntarme el primer mes de julio que trabaje, en un curso intensivo de alemán, por aquello de tocar un poco las narices.


4. Ir al cine, al teatro, a exposiciones: porque todo lo anterior lo haré hasta la prudencial hora de las 19:00 - 20:00 horas de cada tarde para poder, de verdad, pasarme a tomar cañas con todos aquellos a los que siempre les doy largas ahora porque tengo que estudiar.


5. VIAJAR: España es una gran desconocida para mí, así como casi toda Europa, así que, mi intención es, por lo menos, una vez al mes, irme un fin de semana a visitar algún lugar.


6. Algo de deporte habrá que hacer, así que yo creo que Comprarme una bicicleta o apuntarme a yoga es una buena opción. Seré la primera funcionaria del Ayuntamiento que llega al trabajo en tacones y bici, puede estar gracioso, cuanto menos.


7. Salir, salir, salir. Así que más vale que no os llenéis de niños antes de que apruebe.



Estas son algunas de las cosas, seguiré poniendo más en próximos post. Así que no gastéis toda vuestra juventud antes de que yo apruebe, porque necesitaré compañía para alguna de estas cosas.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Puedo escribir...

Por poder, podría escribir millones de cosas. Tantas, que se llenarían los millones de cuadernos que hay en todas las papelerías de Nueva York. Pero no esas que no tienen los cuadernos del papiro, sino las que tienen esos cuadernos que te da pena gastarlos en tus fútiles pensamientos postadolescentes. Llamar maduro a cualquier cosa que salga de mi cabeza es, cuanto menos, arriesgado. Porque si las edades se alargan, también pueden permitírsele a una tener en la cabeza más pájaros que neuronas. La autora de este blog insulso y con poco contenido, no lo vamos a negar y, sobre todo, errático (porque si lo pensamos, ¿de qué carajo hablo en este blog? ¿Invención? ¿Realidad? Quién sabe...).

El caso es que por poder, podría escribir, cualquier cosa. Incluso podría transcribir los magníficos temas sobre urbanismo que maquino en mi diminuto cajón de las cosas más o menos serias. Sin embargo, no dejo de darle vueltas al hecho de que, si lo pensamos, ¿cuál es la necesidad de que haya otro escritor en el mundo? ¿Y en mi familia? No, gracias. No podría con la responsabilidad de una mala crítica, no podría con el hecho de ser consciente de que alguien pudiera entrar en lo más profundo de mi ser. No obstante, si lo reflexiono durante unos minutos, tengo alma de artista. Pero volvemos a la misma pregunta: ¿Necesita, en realidad, el mundo, un artista más? Sinceramente, tan malo como yo, no. Aunque no deja de reconcomerme el que algo creativo debería ocupar más sitio en mi vida. Más que nada porque es cuando más paz hallo conmigo misma. Y eso me turba. Me perturba. No, no me ...

Empiezo a darle vueltas: Escribir... no tengo tanta imaginación. Soy una persona con alma de artista que si no escribe una cosa decente en un abanico de dos horas, se cabrea y lo desecha.

Pensemos: hacer algo con las manos. Pintar. Da una lástima increíble (de verdad lo juro), pero increíble, lo alucinantemente mala que soy pintando. Aunque me relaja mucho, tengo que decir, me despeja la mente, siempre y cuando no esté demasiado metida en el bucle.

Manualidades: hay gente que vive de hacer puñeteros muñecos de ganchillo. Pero no lo consigo. Coso como un soldado en las trincheras. He llegado a graparme los bajos de los pantalones, con eso lo digo todo.

¡Bailar! Se me ocurre de repente. Tengo la mismita coordinación que Adebayor, pero en metro sesenta. Descartemos. Bueno, ya de paso, descartemos cualquier tipo de arte relacionada con la música. Dios no me llamó por ese camino: se aseguró que tuviera un oído enfrente del otro y la melodiosa voz de un asno.

Por tanto, me queda la fotografía y el séptimo arte.

A ver, las fotos, las hago, encuadradas y eso, pero si fueran fotos de gente muerta, tendrían más vida que las que yo hago. Como matar una escena. Así soy yo.

Por lo tanto, me queda el séptimo arte. Yo soy muy melodramática, por lo que podría encajar. Pero volvemos a lo mismo. Sobreexposición a los medios. Aguantar mediocridad, falsas apariencias, peloteos, ¡o peor! Ir de casting en casting, de productora en productora, para que me fichen, para que me paguen por hacer una peli...

No sé si estoy preparada para ello.

Así que al final, me temo que me tendré que conformar con escribir absurdos post en este blog y con mis bellos cuadros de punto de cruz.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Cambio de perspectiva

Al hilo de mi post anterior, unos días más tarde, estaba casualmente en la calle, muy posiblemente yendo a comprar algún material de oficina (de acuerdo, material escolar, pero así me quito puntos, conste), cuando a lo lejor vi a mi High Definition Kuality que aparcaba la moto en la acera enfrente de mi ventana.


Recordadme que otro día haga el correspondiente post crítica sobre el tema de aparcar.


El caso es que me bastaron algunos segundos para que no sólo una copa, sino toda la cristaleria rompiera el hechizo. Feo, gordito y bastante gañán fueron los tres adjetivos que se me revelaron al verle desde otra perspectiva.


¡Qué desilusión! ¿Y ahora qué será de mi vida? ¿Qué haré por las mañanas recién levantada? ¡Qué desastre! ¡Todos mis sueños! (Está bien, no fue así exactamente, pero estruendo de cristales sí hubo).


Pero la historia no acaba ahí.


A la noche siguiente, antes de irme a dormir, mi alma cotilla tiende a asomarse a la ventana. Costumbres que tiene una de toda la vida. Me encanta ver si hay gente, si no, si hay fútbol, ver a la gente en el bar de enfrente viéndolo desde la esquina, si es la hora de salir del cercano cine ver cómo las parejas salen abrazadas.


Fue ahí cuando, como por instinto miré hacia arriba y cuál es mi sorpresa que tres pisos más arriba veo una figura masculina en uno de los balcones fumando y mirando hacia mi ventana. Sorprendida, me retiro rápidamente, no sin antes sospechar que se trata, efectivamente, ¡de High Definition Kuality!


Lo peor de todo es que a la mañana siguiente, antes de la hora convenida para que recoja la moto, vuelvo a mirar al balcón de la noche ¡y me lo vuelvo a encontrar! Con tan mala suerte que este otro ángulo tampoco le favorece demasiado. Más calvo, rijoso y hasta un pelín psicópata, si me permitís, son elementos definitorios para mí.


Y es que, al final, seamos sinceros, el amor es para las películas. Porque si esto fuera una peli romántica de EEUU, yo me estaría trasladando y él me ayudaría con la mudanza en las empinadas cuestas de San Francisco.


Pero ese, es otro tema.

martes, 6 de septiembre de 2011

Amores platónicos

Una vez dije que tener un amor platónico es como coger la silla de la playa, el metro, bajarse en Serrano, ir al escaparate de Loewe y sentarse a esperar que un bolso cueste 30€.

Inútil, ingenuo y una absoluta pérdida de tiempo.

Como cada día desde que llegó el verano, veo, al abrir las persianas para airear la casa, bajar a un hombre (porque si digo chico le quito toda magia a esta historia) con su casco blanco y subirse en la moto que tiene aparcada debajo de mi ventana con una matrícula HDK.

Pensaréis que qué narices tiene de relevante en esta narración la matrícula. Pues la tiene. Yo, como persona perturbada que soy y me siento orgullosa de serlo, tengo la manía de, para saber por dónde van las matrículas de los coches y motos, hago una palabra con las letras de la misma. Mi coche es CWN, si alguien encuentra alguna, por favor, que me lo diga, que llevo 7 años buscándola.

El caso es que mi motero se llama High Definition Kuality (con permiso de la Q).

El tío debe rozar los treinta, sale de casa a las 9 menos cuarto y va normalmente en vaqueros. Poco pelo, rubiejo, ojos claros (o eso creo, suele llevar gafas) y una estatura y envergadura que para muchos la quisiera.

Y es que un día de estos me va a pillar, con el pijama de Save The Animals(o en su defecto la camiseta verde loro de no sé qué promoción), el moño y las gafas, con medio cuerpo fuera y medio babeando. Y así, seamos sinceros, no te ligas a nadie.

Aquí viene pues mi problema. Ante todo hay que ser realista y pedir lo imposible. No consigo ver a qué hora vuelve, por aquello de que este cuento tiene su gracia, pero de psiquiatra tampoco estoy. Así que, claro, él se va a trabajar, tampoco es plan acercarse a decirle "Chato, ¿te tomas un coffee conmigo?" y tampoco explicarle que soy una desesquilibrada que lleva dos meses mirándole por una ventana a lo Cary Grant. Además, ¿¿¿alguien me podría, por favor, explicar cómo coño se liga a las 9 de la mañana de un martes??? ¿Vas con tacón, maquillada, con escote? ¡Queda feo, hombre!

Así tampoco sé si esto tiene mucha solución. Había pensado en dejarle una nota en la moto con algo escrito, pero ¿qué le puedo poner? ¿"Eso es un cuerpo y no el de bomberos"? ¿"Ojalá fuera tu moto para que..."? Dejemoslo ahí... También estaba la posibilidad de dejarle mi teléfono, pero no sé si quiero conocer a alguien que llama a la zumbada que deja notas en una moto.

Por tanto, una vez desechado el encuentro casual y la nota, ¿qué más puedo hacer? Le podría llamar "¡Moreno!, que tienes unos ojos..." pero tampoco creo yo que mi postura de Julieta case demasiado con esta frase.

Por lo tanto, creo que, al final, cogeré mi sillita plegable, el metro de vuelta a casa y me compraré un bolso de mercadillo.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Un final feliz

Se levantó una mañana, colocó los dos pies a la vez en el suelo. Buscó sus zapatillas mulliditas. El suelo estaba muy frío. Cogió su goma del pelo y se lo recogió. Se tambaleó hacia el baño. Durante ese minuto, sentada en el váter, no se acordó. De repente, cuando ya tenía que volver a levantarse, se le vino a la mente. Él ya no estaba. Y ya no volvería a estar nunca. No le volvería a ver con el culo en pompa ocupando más de la mitad de la cama. No le oiría farfullar al no encontrar su zapatilla, ni tampoco el tintineo de los cubiertos mientras buscaba la cuchara con la que removía el café. Nada quedaba ya. Sólo la burbuja en lo alto de su estómago que le recordaría toda su vida que le había perdido. Encendió la luz y se miró en el espejo. Sus ojos, hinchados por quedarse dormida llorando, la miraban como si fuera otra persona, como si no hubiera sido ella, sino su reflejo el que aquella mañana hizo cambiar el rumbo de su vida. Si sólo hubiera sido su vida, se lastimaba, pero también la suya, la de él, él. Había optado, no había marcha atrás.


Su tortura matutina se interrumpió por el sonido del despertador. Otra vez. Nunca se apagaba a la primera. Se recompuso y empezó a prepararse para salir. Todo era de un color ocre en el que nadie miraba a nadie y quien la miraba, lo hacía con desprecio. Apoyada en la barra del vagón de metro, cerró los ojos y, por un segundo, revivió sus caricias, su manera de tocarla, de sentirla, de susurrar palabras de amor que ahora creía perdidas para siempre, que sonaban a viejas canciones que ya nadie escucha. De repente, algo le hizo sobresaltarse. Le pareció verle entre la multitud, era su nuca, su camisa, sus postura de altivez, su hombría llenaba todo el vagón. Sobrecogida por la sorpresa, su desconcierto la obligó a bajar la cabeza, a esconderse detrás de un grupo de estudiantes con enormes mochilas. Tenía miedo de que la viese. Miedo no, pánico. La siguiente era su parada. Si era también la de él, ¿cómo iba a serlo?, pensó, imposible. Ahora está en... De repente, su hombre giró la cabeza. No era él, ni de cerca, era más feo, tenía más edad e incluso más pelo. ¿Cómo podía haberse confundido? Le echaba tanto de menos... Su manera de pedirle perdón con flores, ramos y ramos de flores. Volvió a ella la culpa, el odio contra sí misma, esa terrible necesidad de estar con él. Pero no podía ser más. Ya no, después de aquello, no había vuelta atrás. Entró en aquel lugar inhóspito, sin vida, en el que un montón de señoritas como ella correteaban alegremente por los pasillos mientras otras de más edad la volvían a mirar con el desprecio que se merecía por lo que había hecho. De repente, una cara conocida al fondo del pasillo le hizo señas para que se acercara. "¿Estás lista?" Le preguntó, mirándola con una lástima infinita a medio camino del llanto y de la condescendencia. Accedió con la cabeza. "Sólo tienes que contar lo que te pregunten". Entraron en la sala, no estaba dentro, sólo otro abogado que ni siquiera se atrevió a mirarla a la cara. "¿Eso se lo ha hecho su marido?" Preguntó por fin el juez. "Sí", respondió ella. Y comenzó el relato de lo que había sido, en realidad, su vida junto a él. Cada una de las humillaciones, cada uno de los desprecios, de las faltas de respeto, de las coacciones, de las privaciones de libertad, de derechos, cada uno de los insultos, cada uno de los olvidos. Hasta que al final, con esa cuchara que tanto buscaba para remover el café, le quemó la cara. "Sólo una vez me puso la mano encima", intentó justificarle. Su abogado, entonces, expuso el proceso de terapia piscológica al que se estaba sometiendo, para evitar la desestimación de la denuncia. Pero ella no puede vivir sin él, pensaba. Pero ya no, ya no puede ser, se repetía. "Es un buen hombre, lo hacía por mi bien".


"¡Vero, joder!" Una voz la sacó del ensimismamiento de aquellos pensamientos. "¿Es que no me has oído? ¿Subes a cambiarte o qué? ¡Que no vas de fiesta, joder!". Le miró a los ojos, callada, muy seria. Le miró a los ojos como si rebuscara una palabra que no le salía, algo parecido al beso que le convertiría en su príncipe azul. Pero no, él se impacientaba, le volvía a decir que subiera a cambiarse. Bajó los ojos. Se armó de valor y le dijo "Vé tú, ya hablamos otro día, no me encuentro bien." Y se bajó del coche. Ya no oía los gritos, ya no volvió a cogerle el teléfono. Aquellas imágenes premonitorias le hicieron tomar la decisión. Nunca nadie le diría qué tenía que hacer. Posiblemente, él jamás le habría puesto la mano encima, ni la habría despreciado, es posible que incluso fuera vestida de manera inapropiada para la ocasión. Pero aquello, era una decisión suya.

lunes, 1 de agosto de 2011

Mi infancia en películas




Hace un tiempo que llevo dándole vueltas a este post. La vida de alguien que no tiene mucho tiempo pero que a la vez pasa demasiado con la cabeza en sí mismo, hace que las reflexiones se atasquen como si cruzara un pato la carretera con sus patitos. Absurdo, real e indefectiblemente turbador. La infancia es ese momento de tu vida del que te vas conformando una historia casi como una película, por los momentos importantes, bueno, no tanto, pero sí impactantes. A los cuatro años, ya sabía la parrilla entera. Cuando aparecieron las televisiones privadas, también. Sí, era pequeña, hija única y sabía hacer dos cosas a la vez. Mis padres me llevaban al cine desde los 3 años. Mi padre me tuvo que sacar en brazos de "Fantasía" porque me dio un pánico impresionante. Pero hubo otras películas de las que no se me podía separar desde que mis padres compraron el VHS. Ahí va uno de los secretos de por qué soy tan peculiar. Mis 12 +1 de la infancia, no creo que tuviera más de 8 años cuando me sabía los diálogos de muchas de estas películas.


1. La Historia Interminable (1984): Interminable sí que me lo pareció. Diré sólo que para mí Atreyu era un bombón de ventimuchos, no el pipiolo que veo ahora. Me encantaba el Hombre-Piedra y me enseñó que todo se puede con la Fantasía.

2. Sonrisas y lágrimas (1965): mi padre me regaló el VHS y me hacía practicar la canción de "Do, Re, Mi..." a ver si entonaba un poco, pero ni por esas. He de reconocer que a partir del momento en el que, oh, sorpresa, se casa Julie Andrews con el Barón Von Trapp la cosa pierde interés. Tampoco entiendo por qué una monja es mandada a hacer de niñera, pero a mí me gustaba que hicieran vestidos con cortinas (y a Agatha Ruiz de la Prada también).


3. Un ganster para un milagro (1961): Frank Capra fue siempre un ñoño. En esta modalidad menos conocida quizá que "¡Qué bello es vivir!", Annie Manzanas es una indigente que envía cartas a su hija que vive en Italia diciéndole que es una gran dama. El problema surge cuando la hija va a visitarla. Con una impresionante Bette Davis y un siempre cortés Glenn Ford. Me encantaba que todo el mundo ayudara a la pobre Annie Manzanas. Recién vista, he vuelto a descubrir que, en el fondo, soy una sentimental.

4. La vida alegre, de Fernando Colomo (1987). La primera película española que recuerdo. Y recuerdo particularmente la escena en la que el taxista colgado les cuenta que su padre le ha echado de casa. Cuando le preguntan qué es lo que va a hacer dice: "Él me ha echao, pero yo no me he ido". Por no hablar de la hija de Resines intentando decir "Gonococia". Una película muy instructiva sobre el uso del preservativo para evitar las venéreas. Y es que si no lo aprendes antes de leer, mal vas.


5. Cerrando ya el género de la película fantástica, Dentro del Laberinto (1986), interpretada por David Bowie, me hizo odiarle durante años. De hecho, no me he sentido capaz de apreciar su música todo lo que debiera por su imagen de mago malísimo que rapta al hermano pequeño de una chica. Tengo, sin embargo, muy buenos recuerdos porque la vimos mis primos de pequeños en su casa.


6. 1, 2, 3 Splash (1984). Tom Hanks cuando hizo la primera comunión. Doy fe que me sé los diálogos. Enteros. Me cargué el DVD. En serio. Me llegué a aprender hasta las frases en sueco que decía el hermano cuando entran a rescatar a Daryl Hannah.

7. Siguiendo con el rollo sentimental, no puede faltar otra de las películas de las que me aprendí todos los diálogos: La princesa prometida (1987). Westley se convirtió durante muchos años en mi príncipe encantador. De origen humilde, como dirían los libros. Y la increible sensación de que lean un cuento. Me encantaba este Peter Falk....


8. "Grease 2" (1982). Mis amigos vieron la primera parte, esta segunda no tenía mucho interés. Básicamente era la historia inversa, ella, Michelle Pfeiffer (para ser prota de esta saga había que tener más de 30, o al menos aparentarlos), hacía de PinkLady y se enrollaba con un chavalín más pavo que todas las cosas. Mis padres, que no son tontos, me incluyeron un didáctico documental de dibujos sobre los peligros de las drogas. Lástima que no lo hicieran con el alcohol.


9. Hablando de películas de terror, "Juegos de Guerra" (1983) era otra de las películas con las que crecí. Desde que la vi por primera vez, en la que me dio fiebre, a mí no me dan miedo los monstruos o los fantasmas, yo me cago de miedo con el pánico a una guerra nuclear. Cosas que pasan. Desde entonces tengo que reconocer que comparto el gusto cinematográfico de mi padre en el género de la acción y particularmente en las películas de estrategia, por así llamarlas.


10. Película de estrategia no sé si será, pero que tenía que luchar con ellos para verla, desde luego. "Top Secret" (1984) fue una de las primeras películas del género de la comedia absurda que entró en mi casa. Creo que es anterior "Atrápalo como puedas", pero esta es una grande del género. Sin duda, digna antecesora de todas esas películas que son mucho más divertidas si aliñadas o que, sin más, mi madre me dirige una mirada y me dice "Dos carreras, colegio de pago, una educación formal, para que te rías viendo esto". No se puede plantar una semilla y esperar que nunca florezca.

11. Sufre Mamón (1987). El primer amor de mi vida fue David Summers. Con 5 años estaba absolutamente entusiasmada, hasta el punto que me negaba a salir si estaba en la tele. Siempre me acuerdo del Cine de Verano donde vi, por primera vez, esta película, de refutada ínfima calidad, pero que, sin embargo, conserva en mí la dulzura de aquellos veranos en los que cabías tumbada en una silla de metal.


12. "Historias de Filadelfia" (1940) o cómo querer ser Katherine Hepburn cuando no levantas un metro de estatura. Aquel empujón del increíble Cary Grant y sobre todo, la escena de la piscina son para mí un recuerdo más de mi infancia, una pequeña parte de cómo me hubiera gustado que fueran las comedias. La ironía, la sutileza, los guiones con trampa. Simplemente deliciosa.


13. Por último, y no por ello menos importante, "La venganza de Don Mendo" (1961). Otra de la que puedo seguir, aún actualmente, recitar en voz alta conforme la veo. Por supuesto me refiero a la versión de Fernando Fernán Gómez, con ese reparto y, sobre todo esa escenografía.



Como no quiero que penséis que soy más peculiar de lo que ya parezco, mentiría si dijera que no me gustaban las películas de Disney. Particularmente me gustaba Aladdin, con Genio, todo un personaje que, en mi opinión, se comía al resto con patatas. También me hacía particular gracia la Bruja Novata, con Ángela Lansbury.


Podría seguir avanzando hasta la adolescencia y citar otras muchas películas, pero creo que este pequeño resumen es bastante ejemplificador. Cuando me recuerdo de pequeña, muchas veces me veo delante de la televisión, demasiado cerca quizá, viendo alguna de estas películas que me han enseñado a amar este arte por encima de todos los demás.

jueves, 7 de julio de 2011

No se lo digas a nadie



Te giras a la izquierda, luego a la derecha, sospechando de todo el mundo, como un robocop, analizando las caras por si alguna te resulta familiar. Cuando compruebas que no, bajas el tono hasta casi un imperceptible murmullo. Entonces, tomas aire y dices "A Pepa [Nombre inventado] le ha salido un forúnculo en el culo". Y rápidamente te atreves a decir "Pero no se lo digas a nadie". Tu interlocutor, atónito, te mira embelesado, alucinado, pues se nos ha impuesto el pensamiento de que la información es poder. Rápidamente, este interlocutor quedará con otra persona y repetirá, idéntico, este ritual, aunque no conozca siquiera a Pepa, es más, aunque tampoco el interlocutor2 desconozca, incluso, a la primera fuente. Así, la pobre Pepa irá por toda la ciudad molesta con su grano en el culo, pero mucho más molesta por ver cómo la gente la mira y la señala, de una manera "discreta" porque todo el mundo sabe lo que tiene la pobre chica donde la espalda pierde su casto nombre.



Lo que pasa es que estamos metidos en esa dinámica que lejos de ser parte de intrigas palaciegas somos más bien tertulianos de patio de vecinos, asumiendo que estamos dispuestos a que se hable de nosotros a cambio de poder tener una opinión propia de la vida de los demás.



Dadas mis circunstancias personales, tengo una rutina bastante tranquila (¿Quién dijo que la rutina tenía que ser aburrida? Conozco gente que está al borde del paro cardiaco todos los días, y esa es su rutina). Lo me lleva a tener poco tema de conversación en lo referente a mi propia persona. Por este motivo, es habitual que tienda a hacer referencia a terceras personas, sin dar nombres, como puntos de comparación.


Ahora bien, he llegado a una conclusión. Voy a hacer un pacto: a partir de ahora no voy a hablar de terceros, no ya chismoteando, cosa que hago con relativa poca frecuencia, sino en general. A cambio, sólo me cabe esperar que otros hagan lo propio. A lo mejor sube la calidad de las conversaciones.



Porque también he llegado a la conclusión de que es muy fácil opinar sobre la vida de los demás. Siguiendo con el refranero español, "Se ve antes una paja en ojo ajeno, que una viga en el propio". Aunque no haya motivo para hacerlo, basta con que te sientes y empieces a decir "Yo, la verdad, lo que está haciendo Romualda no lo entiendo" para que tu interlocutor abra las compuertas de la, por qué no decirlo, maldad, y suelte perlas como sapos. Y así, matas la tarde, y de paso, una amistad. Porque Romualda al final termina enterándose de manera directa o indirecta de que sus amigos no la apoyan lo que deberían, porque, y esta es la tercera cosa de la que me he dado cuenta, la gente tiende a hacer dos cosas con sus amigos.


La primera, apoyar incondicionalmente de boquilla las empresas de sus amigos: "Tío, me parece de puta madre que quieras hacer puenting sin cuerda, ya verás, vas a revolucionar el mercado". No, lo que vas a hacer es darte la hostia de tu vida. La segunda, prejuiciar sin escuchar los motivos personales de esa persona: "¡Es que eres idiota! Tú lo que tienes que hacer es ... ¡y dejarte de tonterías!". Seguramente fue lo que le dijeron los amigos de Bill Gates cuando empezó a encerrarse en el garaje. Ah, no, que B.G. no tenía amigos. No es que yo tenga la respuesta a todo, pero creo que los consejos es mejor darlos cuando se piden y si no se piden, preparar el hombro y el oído para que, cuando salte sin red, estés abajo para recoger los pedacitos de tu amigo.

martes, 14 de junio de 2011



¿Os acordáis de la descripción de Amélie al principio de la película?


Creo que es una descripción maravillosa de una persona, casi diría yo que la más íntima, porque forma parte de las peculiaridades de cada uno que no se cuentan cuando conoces a alguien sino que sólo son fruto de la convivencia de mucho tiempo. Creo que podría hacer una descripción así de muy poca gente, la verdad.


Como no tengo secretos para vosotros, ahí van algunas:


A la Morena le encanta quitarle la etiqueta a la botella de cocacola de 33cl cuando aún está fría y sale directamente.
A la Morena le gusta lamerse los dedos de las manos después de hacer croquetas.
A la Morena le gusta ir descalza siempre y poner los pies sobre las sillas.
También le gusta que las películas acaben con un golpe de música.
A la Morena le enternecen los niños que tienen sueño.

A la Morena no le gusta que le toquen el pelo si no ha dado permiso antes.
A la Morena no le gusta que le digan que está guapa si no se ha arreglado.
A la Morena le molesta la risa de la gente que se jacta de ser ignorante.
También la burla de alguien que está en minoría.

miércoles, 8 de junio de 2011

A veces



A veces, sólo a veces, una sensación inusual te recorre el cuerpo. Es la de saber que estás bien. Que no hay agobios, no hay malestar, no hay conflictos dentro de ti. Es la sensación de la aceptación, del perdón a ti mismo, de la honestidad.

Estamos demasiado acostumbrados a vernos a nosotros mismos a través de imágenes construidas en función de cómo queremos ser, pero sobre todo de cómo no queremos ser.

Y a veces, sólo a veces, lo que piensas que eres y lo que eres coinciden. Te cubre un suave manto de color azul añil, luminoso y cálido al mismo tiempo, que te abraza pero no te da calor. Sientes que tu cerebro se posa sobre tus ojos y éstos, sobre una realidad que no te importuna, no te agrede, simplemente es.

E incluso, a veces, sólo a veces, notas como tu sarcófago está repleto de una calma inusitada, una balsa de aceite que, imperturbable, consigue que tus pies se adormezcan.

Algunos lo llaman monotonía, otros rutina, otros aburrimiento, pero para mí no lo es. La vida, dijo alguien muy listo y ocurrente, es esos ratos de pausa entre una rampa de ascenso y otra de descenso de una montaña rusa.

Pero a veces, y sólo a veces, piensas que, en realidad, la felicidad es esto.

lunes, 6 de junio de 2011

NYC 2



Cuando llegamos al Hotel, lo primero que me llamó la atención fue la velocidad del ascensor. Nuestro piso era el 27 y tardamos como tres segundos en llegar. El estómago se me bajó a los pies. Luego, el botones, un hombre llamado Fausto y que chapurreaba algo de español recibió la mayor propina del día, porque aún no estábamos familiarizadas con ellas.



Tras dar una vuelta por la zona de Naciones Unidas, la Estación Central, la 5ª Avenida y poco más, nos reunimos con Rodrigo, que fue el anfitrión perfecto. Nos llevó a tomar unas cervezas al bar en el que se inspira el de HIMYM, además de facilitarnos un móvil USA para poder comunicarnos con él. Tras un paseo por Times Square y una obligada visita a la Disney Store y a la Tienda de M&M's, fuimos a cenar a un Deli de la 2ª Avenida donde vimos a uno de los protagonistas de Lost, que, como no sigo la serie, no os sé decir quién era ni cómo se llamaba su personaje.



El segundo día en Nueva York coincidió con St. Patricks Day y tooooodo estaba teñido del Verde Irlandés. Aprovechamos para ir al Metropolitan, en el que, curiosamente, sólo nos cobraron una entrada y estuvimos disfrutando de algunas de sus salas prácticamente vacías por la celebración del patrón de la ciudad. Creo, personalmente, que hubo momentos en los que me dio un pequeño síndrome de Stendhal al ver grandes obras contemporáneas. Lamentablemente tuvimos que dejar de lado ciertas salas para el próximo viaje. Bajamos a Broadway a comer y luego, en el metro, otra vez hacia Central Park. Huelga decir que la zona de Park Avenue es impresionante. Piensas que te vas a encontrar a Marilyn Monroe con una estola de visón saliendo de cualquier portal. Nos adentramos por la entrada más cercana al Museo de Ciencias Naturales, que tampoco pudimos visitar por falta de tiempo, y eso que yo tenía un enorme interés en ver la entrada donde se encuentra el esqueleto del Tyranosaurius Rex. Central Park es como estar en medio de una película romántica, solo que con tu madre, lo cual no es malo, pero romántico tampoco es. Lo mismo podría decir ella. Hicimos cerca de doscientos millones de fotos y sobre todo también nos impresionó mucho el homenaje a John Lennon, en el Strawberry Fields.



Tras visitar dos tercios del Park en un día francamente estupendo (una temperatura y sol ideales), nos dirigimos al MoMa, con tan mala suerte que no llegamos a tiempo. Sin embargo, nos hicimos expertas en las Avenidas para ir a Macys y otros grandes almacenes donde ves ropa de marca tirada como si nada. Fue muy impresionante. También nos llamó la atención el que el Empire State cada día luciera unos colores diferentes. El día de San Patricio, evidentemente, no podía lucir otro color que no fuera el Verde.

Ejpaña es asín

Hoy me gustaría hablaros de un artículo que se pone a la venta en la teletienda: SilverSonic es un audífono con forma de auricular de móvil.

Al margen de todo tipo de consideración médica, a mí lo que realmente me hace gracia de este producto es la manera de venderlo en España.

Y es que, seamos sinceros, ¿De verdad queremos oirlo todo?

Como ejemplo, en el minuto 1:10 una chica pasa en bikini delante de otras dos en la playa. En el video alaban su figura, pero, en España pueden pasar dos cosas:

1. Que las dos chicas se fijen en la chica, normalita, pasando por delante de ellas. La conversación sería más o menos así: "Joder, ¿has visto el culo de esa? Tiene más hoyos que un campo de golf" "Sí, menudo valor hay que tener para ir así con esa celulitis" "Por no hablar de las tetas, no se las había visto a nadie tan caídas desde la Duquesa de Alba".

2. Que la chica sea una jamelga de mucho cuidado. La conversación adquiriría otro tono: "¿Has visto esa hija de puta qué tipo tiene?" "Tranquila, hija, que es todo operado, seguramente sea ****".


Así, seas como seas, te van a poner a parir.


Otra de las escenas es el momento en el que tú, teniente perdido, das una fiesta para tus amigos. En el video sale una pareja comentando lo bien que lo están pasando, pero en España, las cosas cambian. La conversación sería más o menos: "Paco, ¿has visto qué horror de figurita?" "Perdona, Loli, estoy aún impresionado con la vajilla" "No comas ensaladilla, Paco, que he visto cómo hacían la mayonesa" "No pensaba, 10 minutos más y nos vamos a casa, que no hay Dios que aguante al pesado del (Tu nombre o apodo despectivo)".


Y es que, España, es así. Y además que lo somos desde pequeños, porque yo recuerdo un cumpleaños cuando tenía unos ocho años en el que todas las niñas de la clase estábamos en el cuarto de la que celebraba el cumple. Cada vez que una se iba al baño, las demás la ponían a bajar de un burro. Casi me explota la vejiga aquel día...

Así es que yo recomendaría a los vendedores de marketing del Silversonic que mostraran el uso REAL de este audífono: COTILLEAR. Y es que estoy segura de que se vendería mucho mejor. Imaginemos la escena: Señor en el autobus, escuchando la conversación de otras personas sobre cuernos. Otra escena: Una trabajadora en la oficina, intentando escuchar lo que dicen Mamen y Carla en la fotocopiadora "Me han dicho que van a echar a Juanito"... Porque nos interesa mucho más la vida de los demás que la nuestra.

miércoles, 11 de mayo de 2011

La Historia Interminable

- Supongamos que has conseguido atravesar la Puerta del Gran Enigma. Entonces - y solo entonces - aparecerá ante ti la segunda puerta. La Puerta del Espejo Mágico. Como ya te he dicho, no te puedo decir nada sobre ella que haya visto yo personalmente, sino lo que he podido sacar en limpio de los informes. Esa puerta está tanto abierta como cerrada. ¿Parece un disparate, no? Quizá sería mejor decir que no está cerrada ni abierta. Aunque resulta igual de disparatado. En pocas palabras: se trata de un gran espejo o de algo así, aunque no está hecho de cristal ni de metal. De qué, nadie ha podido decírmelo. En cualquier caso, cuando se está ante él, se ve uno a sí mismo... pero no como en un espejo corriente, desde luego. No se ve el exterior, sino el verdadero interior de uno, tal como en realidad es. Quien quiera atravesarlo tiene que - por decirlo así - penetrar en sí mismo.

- De todas formas - opinó Atreyu -, esa Puerta del Espejo Mágico me parece más fácil de atravesar que la primera.

- ¡Error! - Exclamó Énguivuck, empezando a andar otra vez excitado de un lado a otro -. ¡Craso error, amigo! He comprobado que precisamente los visitantes que se consideran especialmente intachables huyen gritando del monstruo que los mira irónicamente desde el espejo. A algunos tuvimos que tratarlos durante semanas antes de que estuvieran siquiera en condiciones de emprender el viaje de regreso.

Michael Ende, La Historia Interminable.

Para mí, opositar es precisamente eso, contemplar mi imagen real ante un espejo. Y lo que ves no siempre te gusta.

miércoles, 27 de abril de 2011

Soy Paco Mtnez Soria



Nuestra historia comienza tras la recepción por los medios ordinarios de la época de una epístola que decía, parafraseando "Hola Titis, el 8 de mayo es la carrera de la mujer, os apuntáis conmigo?" de una amiga, llamemosla "Calcetines".

La respuesta ante la convocatoria fue masiva.

Así que unas semanas más tarde, momento en el que comienza nuestra historia, nuestra intrépida protagonista piensa: "Jum, no me vendría mal entrenar un poco". Para ello, se colocó su traje especial de correr, muy similar a su traje especial de estudiar 12 horas diarias, sólo que con zapatillas de correr, y se puso en marcha.

Cogió un pequeño reproductor de música en el que había incluido una lista llamada "Canciones Alegres" que, tras haberla oido un par de veces, entendió que "alegre" y "makineto" no es lo mismo.

Así pues, con unas zapatillas de un color tan brillante que se ven desde el espacio, unas mallas que dejan poco a la imaginación, una sudadera que no tapa demasiada imaginación, una coleta, los cascos en un bolsillo y las llaves de casa y el móvil en el otro, se dirigió al único lugar donde se puede correr en un suelo acolchadito de todo el barrio.

Para llegar, se planteó el coger el metro o el autobus, pero decidió que era mucho mejor caminar 500 metros hasta el lugar en cuestión.

Cuando llegó, encontró serias dificultades para entrar, porque el recorrido en cuestión pasa literalmente por la puerta de acceso. "No pasa nada, en un hueco, entro a correr como un gamo". Y eso hizo. Dos o tres zancadas y vio un pivote que ponía "1.100 m". "¿Ya? No puede ser" Pensó nuestra protagonista, que no estaba ni cansada. Sí lo estaba cuando corrió 100 metros más, hasta el pivote siguiente, con un dolor muy agudo en el costado. El plan era entrenar, no morirse, por lo que nuestra intrépida deportista decidió ir un poco más despacio, a pasito ligero. Al persistir el dolor al cuarto pivote, decidió andar. Cuando recuperó el aliento, fue capaz de correr ¡600 metros seguidos! Estaba emocionada. Y así caminando y correteando, dio 3 vueltas enteras a la pista. Nada más y nada menos. Y eso sin importarle el retintineo de las llaves y cómo el forro del bolsillo sobresalía por debajo de la sudadera, a modo de cojoncillo colgandero.

¿Cómo consiguió hacer tres vueltas? Muy sencillo. Se dio cuenta de que correr es muy aburrido y sólo puedes mirar y como era la más lenta de todos los corredores se ilustró calificando del 1 al 10 el culo de todos los que la adelantaban, imaginando, a su vez que los demás no le mirarían ese culazo embutido en unas mallas. Idea que se tambaleó cuando dos "Señoras que quedan para andar" la adelantaron, momento en el cual se planteó que a lo mejor no debería haberse planteado la vida terrenal de manera tan espiritual.

Así que, tras su momento digno del grandísimo actor Paco Martínez Soria, nuestra protagonista regresó a casa, no sin antes hacer que estiraba y observando como todo el mundo la miraba fijamente a la cara cuando se cruzaban con ella. Al llegar a casa, entendió el motivo. Estaba color remolacha. Parecía que había corrido la maratón, pero no. Simplemente se autorecompensó con la idea de que todos, al mirarla, habrían pensado "joder, qué máquina de tía, seguro que ha corrido 14 km".

martes, 26 de abril de 2011

NO MOLA

Han pasado ya algunos meses, pero en mañanas como las de hoy, a momentos, vuelven imágenes, pensamientos, que invocan a que la garganta se me cierre y mis pupilas se dilaten como si me hubiera drogado.

Pero no, eso ya pasó. Pienso "¿de qué me sirve recordar? ¿con qué objeto?" E intento borrar las escenas de mi memoria. Cuando oyes a gente que ha pasado por lo mismo, ese nudo vuelve y el aire se enrarece.

Con el tiempo observas que no ha sido para tanto y te regañas porque crees que es posible que exageraras o dramatizaras la situación. Hasta que te acuerdas del ambiente, de las palabras, de la diminuta persona en la que te habías convertido. Demasiado bien me he recompuesto.

Hay quien por supuesto entiende que tengo un delicado estado de salud, como las damas decimonónicas que bebían vinagre para que su piel fuera más blanca. Si he aprendido algo es a relativizar bastante lo que los demás piensen de mí.

Pero de vez en cuando se me siguen agolpando en la frente los pensamientos de castigo, de ensañamiento, de miedo, al fin y al cabo. Y cómo me duele el pecho. "La patata" como sarcásticamente llamaba a eso que vulgarmente decimos corazón, mientras una tras otra las pastillas calmaban mi dolor.

No voy a volver a ser nunca la misma. Aunque siga teniendo pesadillas, aunque me fustigue por la falta de entereza en ciertos momentos, aunque, en días como los de hoy, tenga que parar de hacer cosas para sentarme a respirar profundo y decirme a mí misma, en un abrazo infinitamente maternal "ya pasó".

Aún no me siento capaz de volver a realizar una actividad normal, pero he recuperado lo que ahora mismo más me importa, que es la capacidad de sociabilizar sin pensar constantemente que soy una molestia para los demás. He aprendido a ver quién sí y quién no y sobre todo, a no juzgarme tan duramente.

El camino hacia el abismo fue largo, pero salir de él, lo está siendo aún más. Para recorrerlo, tengo muchos bastones en los que apoyarme, caretas de sonrisas tiernas para afrontar a los guardianes del empedrado, pero sólo con mi esfuerzo se sigue subiendo hacia el azul del cielo.

domingo, 24 de abril de 2011

Opositar: introducción a la casuística



Queridos lectores,



Siento no haber escrito en muchos días, pero en las próximas líneas comprenderéis el por qué de mi sequía.


Han pasado demasiadas pocas cosas en mi vida que merecieran la pena ser retratadas en este espacio porque no quería caer en el dramatismo tan propio de mí en mi blog anterior (del que alguno no teniáis apenas conocimiento y que está clausurado al público en la actualidad).


Por ello, preferí dejar mis momentos "calaverianos" (Tómese como referencia la escena de Ser o no Ser de Ernst Lubitsch) para mi regocijo personal y plasmarlos en otros hobbies que reciben peores críticas, si cabe, que esto. Pero así es la vida.


Como iba comentando, últimamente me estoy centrando más en estudiar para el examen de oposición que me he impuesto aprobar a la primera. ¿Qué es lo que significa esto? Que vivo por y para esos apuntes. Me han convocado en el BOAM, que no en el BOE y, aunque no hay fecha de examen, ya huelen las barbas del vecino a humillo y yo, no encuentro agua por ningún lado.


El caso es que, entre debates con mi pequeño Mussolini interior y pequeñas representaciones dramáticas dentro del pequeño estudio teatral en el que se ha convertido mi cuarto, me voy entreteniendo semana tras semana, siendo consciente de que la lista de cosas que no puedo hacer mientras preparo este examen se va incrementando de manera esponencial.


Cosas como por ejemplo:

- Viajar

- Entrar en FB cada vez que me da el monazo

- Perder la tarde viendo la tele

- Bebiendo de manera desenfrenada (vale, eso no es sano nunca, pero perder la única mañana a la semana que tienes libre abrazada al wáter como si fuera tu mejor amigo, no compensa, insisto).

- Leer libros

- Jugar a los videojuegos (eso no lo he hecho nunca)

- ...

Por no hablar del hecho de que estoy empezando a hacer cosas de maruja, o más bien cosas de Flora, Fauna y Primavera de "Aquí no hoy quien viva".

El caso es que seguiré en mis próximos post recordando un paraíso llamado pasado y que siempre nos parece mejor, como a Karina.

domingo, 3 de abril de 2011

Tenía que decirlo

La verdad es que este es un post denuncia.

No sé si habréis visto el anuncio en el que un tipo con cara de premio nobel de economía no sabe qué hacer con el cartón del rollo de papel higiénico y que usando la marca X ahora lo puedes tirar al propio wc porque se deshace.

Cuando lo vi, me impresionó. Me sentí como el del mito de la caverna, como Charlton Heston en el Planeta de los Simios. ¿Vivo en un mundo de gilipuertas? ¿Tan complicado es tirarlo a la bolsa del reciclaje de papel? No, en serio, ¿tan complicado es?

Pero lo peor de todo, cuando me planteé seriamente coger el petate e irme de asceta al campo base número 1 del Everest fue cuando en las noticias lo comentaron. Resulta que un equipo de científicos se ha pasado 4 años investigando para obtener dicho papel contuntente que aguantara el rollo del papel de limpiarse el culo.

¡4 años!

Por el amor de Dios, ¡la vacuna contra la malaria no llevó 4 años! La tecnología para mandar un satélite al espacio no tarda 4 años. ¿En qué pensamos cuando firmamos los presupuestos? ¿Estamos todos borrachos?

- Sr. Director General, aquí están los presupuestos para el año que viene.

- ¿Y esta enorme partida que pone IPRPC? ¿Qué significa?

- Es la partida de la Investigación del Papel del Rollo del Papel del Culo, Sr. Para que nadie nunca jamás tenga que ir del baño a la cocina a tirar el cartoncito.

- Dios mío, es un gran avance para la humanidad. Que destinen a esa investigación también todo el dinero que tenemos para obra social.


De verdad, por mí, que paren el mundo, que me bajo.

domingo, 27 de marzo de 2011

NYC 1



El primer capítulo de mi viaje a Nueva York comienza en el mismo aeropuerto. Resulta que para volar allí te tienes que sacar una especie de visado (aunque vayas de turista unos días), por el que tienes que pagar 14 dólares (10 euros y pico, para entendernos).

Pero como soy una Paco Martínez Soria cualquiera en lo que se refiere a trámites administrativos y casi hasta lógicos con respecto a ciertas intendencias, pues al hacerlo confundí número de pasaporte con el número de DNI. Así que hubo que volver a sacarlo en el mismo aeropuerto. Bueno.

Al llegar al control de pasaportes de la Policía Nacional, oimos como la agente de policía está sin gente pero hablando por teléfono: "Sí, es que está embarcando un vuelo a NY" "Sí, ha pasado por aquí y no es tan alta, no te creas" "Y además sin maquillaje, tampoco te creas que es para tanto, la verdad". Mientras debatía con el otro interlocutor, nos hizo un gesto de que pasáramos. Con eso, paso yo con mi tarjeta de embarque y mi pasaporte. Compara nombres, me mira y me deja pasar. Idéntica operación con mi madre. Abro mi pasaporte y veo que no es el mío, sino el de mi madre.

Alucinamos en colores. ¿Cómo es posible que nos dejen pasar con otro pasaporte?!!! Porque no teníamos tiempo, pero mi intención era llamar a su superior para que la mandaran a oficinas, donde seguro que se distraía menos.

El caso es que después de nuestra perplejidad, mi objetivo era evidente: Encontrar a esa famosa, obviamente. Barajé todo tipo de posibilidades, desde Shakira, hasta cualquier desconociducha de programa extraño de telecinco. Pero no encontré a nadie. Me dio mucha rabia.

El viaje me lo pasé estudiando de manera bastante relajada, porque en esa compañía aérea entendieron mi concepto de comer poco cada dos horas, así que yo feliz.

Al llegar, descorrieron las cortinas de la zona business y ¡vi a la famosa! Y tampoco era para llamar por teléfono a nadie, sinceramente.

Y al bajar del avión, nos hicieron recoger las huellas digitales, nos hicieron una foto y revisaron nuestros pasaportes. Y nos llevaron a inmigración. Bien, vale, bueno, de acuerdo. Terminé haciendo de traductora con todos los españoles a los que nos habían hecho lo mismo, porque no hablaban inglés y los típicos polis de nyc (o un blanco de 1,60 de 250 kilos o un negro 2x2) ni puta idea de español. Eso sí, un poster enorme en la pared con los números de las oficinas consulares de todos los países de américa latina. Que yo pensé: pues llamo a alguno y que me deriven la llamada a la oficina consular española.

Pero no hizo falta. A los diez minutos comprobaron que no éramos peligrosas y nos dejaron marchar. Con tan buena suerte que incluso encontramos nuestras queridas maletas.


Ah, por cierto, la famosa era Heidy Michel (la modelo mejicana, que no sé si lo he escrito bien).

miércoles, 23 de marzo de 2011

Admiración


Mucha gente me pregunta extrañada cuando me hablan de personas relativamente famosas por qué no las admiro y si no admiro a nadie.

Por supuesto que sí, les respondo. Admiro a muchas personas. Aunque normalmente no son las personas a las que admira la gente en general, pues suelen ser personas que por el mero hecho de aparecer en la televisión o por poner un nombre rimbombante en su tarjeta de presentación, se creen dignos de ser admirados.


Entre las personas a las que admiro, a las que más, posiblemente, sea a mis padres.

A mi padre, por su enorme capacidad de trabajo, por su tenacidad, por sus ganas de aprender cosas.
A mi madre, por cómo aunque tropiece se levanta mejor que antes, por sus credenciales como madre, por su capacidad analítica, por su enorme capacidad de sacrificio, por su gran mente administradora.
Y sobre todo, por haberme criado, educado y querido, cuidado cuando estaba mala, aguantarme toda la adolescencia y apoyarme incondicionalmente.

También admiro mucho a mis amigos y amigas; las que pasan casi 48 horas sin dormir porque están salvando vidas, a los que pasan más horas de las que deberían trabajando y cuando hablas con ellos están frescos como una lechuga, a los que te dicen las verdades a la cara, a los que te las dulcifican porque saben que eres una persona tierna. A los que dejan el camino fácil para cumplir sus sueños, a los que corren varias horas al día, a los que pasan por momentos duros y siempre te dan muestras de cariño en vez de echarse a llorar en tu hombro.
A los que cogen su maleta y dicen "Au revoir" y se marchan a conseguir una línea de curriculum en otro idioma, a los que hacen doscientas cosas a la vez y todas bien, a los que no saben qué van a hacer mañana con su vida, pero saben que algo habrá.
Admiro a aquellos que tienen un trabajo de mierda, pero siguen ahí, porque no les queda más remedio para seguir adelante, luchando por lo que quieren. Admiro a los que se saben organizar bien el tiempo, a los que pueden argumentarte una cosa rápidamente y dar respuestas inteligentes, a los que son divertidos, a los que tienen los huevos de tener hijos.
A los que dijeron, esto es lo mío, sabiendo que eran el número 1 millón en decirlo y se atrevieron a dar un paso más, a los que son mirados con desdén, incredulidad o soberbia y ellos les devuelven una sonrisa.
Admiro a mis amigos y amigas que están constantemente moviéndose de un lado a otro, los que se lían la manta a la cabeza, a los que son freelance, a los que sacrifican sus merecidas vacaciones por ayudar a los demás. Admiro a los que saben hacer cosas que yo ni he intentado hacer o ni sabría hacer. Admiro a los que tienen trabajos peligrosos, a los que tiran la toalla y siguen caminando con enorme dignidad por la vida.

A todos ellos, a todos vosotros, os admiro.
Porque no me hace falta admirar como una groupie colérica a nadie desconocido, porque el orgullo me sale de los cuatro costado cuando hablo de alguno de vosotros.

lunes, 14 de marzo de 2011

What a wonderful world


Estoy más emocionada que si me hubiera comido cuatro tripis.

Obviamente se debe en su mayoría al hecho de que en escasas 40 horas voy a cumplir uno de los sueños de mi vida, que es ir a Nueva York. Además, fuera de temporada, cosa que me pone más, incluso. Da igual el frío que haga, el sol o la lluvia, yo voy a estar en Nueva York.

Va a ser un espectáculo digno de verse. Creo que cuando llegue al JFK me voy a poner a llorar de la emoción y todo.

Y no sólo por las compras, también por estar en esa ciudad, la ciudad de Woody Allen, de Friends, de How I Met Your Mother (no, no porque sea la de Sex and the City, CRI), voy a hacerle fotos hasta al recepcionista del hotel. Tengo el presentimiento que va a ser como aquello de "el que era mediogilipollas, cuando vuelve de erasmus es gilipollas del todo" pero en cinco días. Y no descarto quedarme, y preparar mis oposiciones a distancia, cantando por skype.

El caso es que estoy muy contenta por mi superviaje, pero también por otras cosas.

No porque me hayan puesto una multa por exceso de velocidad, no, aunque tiene su gracia que me la hayan puesto a mí, precisamente.

También estoy contenta porque pese a que los temas de la oposición son exponencialmente más "enjundiosos", también son más divertidos para una pervertida como yo del legalismo administrativo. Y porque parece que me estoy empezando a acostumbrar a este ritmo de vida, y porque, por qué no decirlo, estoy encontrando la paz que nunca que me he dado. Y con eso no quiero decir que me esté cosiendo una mortaja ni nada de eso (lagarto, lagarto), sino porque ya no me altero tanto y resuelvo las circunstancias repetidas de mi vida con más tranquilidad y más capacidad resolutiva. Me habré hecho mayor. Pero un mayor no de esos viejunos, sino que he aprendido que si quiero algo, no me puedo quedar sentada a que alguien me lo traiga, sino que tengo que ir yo a por ello. Y miro a mi alrededor y veo a personas frustradas porque, sentadas en la mesa de la cocina mirando con viveza hacia la puerta, esperan que les llegue algo que, ni saben lo que es, pero quieren que venga servido en una preciosa bandeja de plata.

Pero yo no, así que el otro día, después de la academia, me fui a ver una exposición de fotografía de los años 60 y 70 de Barcelona. Muy interesante. Y, sobre todo, muy gratificante.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Te lo dije

Hace unos días me robaron el bolso.
Ahora ya estoy más recuperada, pero me duró un par de días el sentimiento de impotencia y sobre todo de "violación de la intimidad".
Lo que me toca estos días es rehacerme todas las tarjetas y carnets que perdí.
Como pille al individuo que lo robó...
En fin, que como indocumentada que soy por el momento, aunque tengo un pasaporte y una denuncia, y eso algo es algo, voy como alma en pena por los lugares públicos y otras sedes de diferentes Administraciones Públicas de diferentes territorios.
Podría pasarme un rato largo comentando anécdotas respecto a las múltiples visicitudes que estoy padeciendo estos días, pero hay algo que me estremece más.
En los próximos dos años, aproximadamente, mis progenitores, en particular mi madre (porque son Madres con mayúsculas) tiene carta blanca para recordarme la atención que tengo que prestar atención para que no me roben nada, con un simple mechero, un paquete de klinex, cualquier cosa.
Que yo, a partir de ahora, voy con 100 ojos, enganchada al bolso en modo ninja, todo para no ir la famosa frase: Te lo dije.
Y es que no hay nada peor que el sentimiento de haber perdido un combate contra tu madre cuando pasa algo que "Te dijo". Te da una vergüenza, ese volver a casa cabizbaja, no pensando en el dinero perdido, en el tacón roto, en el pantalón manchado, en el pelo chorreando, no... no, lo que te da más palo es llegar a casa y oir ese "¿Lo ves? Te lo dije". Que tú quieres decir, "no, mamá, no lo dijiste", pero te estás intentando engañar. Porque aunque no te vea salir de casa, ella sabe que te estás yendo, que tiene cámaras de seguridad en toda la casa. Y te dice desde el salón "¡Ten cuidado, que no te roben el bolso!".
Y asumes que va a ser así aunque emigres a la Conchichina, que te llamará justo antes de salir de tu casa en Brasilia y te dirá "¡Ten cuidado, que no te roben el bolso!". Y conforme vas cumpliendo años, te vas dando cuenta de que todas las prevenciones de las que advierte suelen ser premoniciones, que se van cumpliendo (a fuerza de repetirlas, yo creo) una tras otra. Así que yo, por si acaso, estoy empezando a hacer caso.

jueves, 3 de marzo de 2011

NO ES MI REALIDAD


Ayer, que no podía escribir, no paraba de pensar en cosas sobre las que publicar. La mayoría de ellas divertidas, pero hoy... no sé qué será, pero estoy con un misticismo sexy, como la flema sexy de Phoebe en Friends.

¿Qué quiero decir con "misticismo sexy"? Pues que bajo esa apariencia de trascendencia y de "enjundia", hay una niña pequeña que se entretiene con sus fábulas mentales. Que estoy más contenta que una perdiz cuando el príncipe y la princesa no se casan, pero de un contento tranquilo, lo que me permite, básicamente, descojonarme de todo y, sobre todo, de todos. Y ponerme una túnica morada, que me favorece poco, por cierto, y una serie de abalorios hechos por mí.

Que estoy muy aburrida de intrigas palaciegas, de historias de historias de amigos de amigos (sí, lo he puesto adrede), de los problemones existenciales en general. Que cuando algo me abruma, me enfada o me entristece, pienso siempre en el video de youtube en el que dicen "los problemas de verdad aparecen un martes por la mañana" (y por ello vivo todos los martes por la mañana asustadísima, deseando que pasen ;) ) y se me pasa.

Y por otro lado, he decidido dejar de dar explicaciones. Se acabó la justificación por la justificación. Que no, que soy así y se acabó. ¿Te gusta? Perfecto. ¿Que no? Lo siento.

Tengo mil defectos, pero he decidido empezar a mirar mis virtudes, que alguna tendré y también mirar algunos de mis rasgos malos como algo no tan malo.

Por ejemplo: Llorar con música deprimente. No es que sea una ñoña, es que soy empática.

Tener millones de bolis de colores. No es que sea una controladora compulsiva del orden, es que me gustan los colores alegres.

jueves, 24 de febrero de 2011

Mi Pequeño Barrio

Dejadme que me adentre en las peculiaridades de mi barrio.
Es un barrio grande, céntrico, y, como todos los barrios céntricos de cualquier capital están llenos de señores y señoras mayores. Lo único de "Señoras Que" que no he visto en mi barrio es lo de uqe bailen entre ellas pasodobles, porque no tenemos fiestas del Barrio. Que es una cosa bastante peculiar, si lo vienes a pensar.
Pero no, hace dos años la Junta de Distrito decidió alquilar los espacios para las casetas de feria en vez de por 6.000 € la semana (que ya está bien), por 36.000€, debido a la crisis. A lo que yo me pregunto: ¿Crisis de quién? Si se gasta menos lo suyo es bajar el precio del alquiler de la parcela, ¿no?
Otra cosa a explicar es la definición de "parcela" que viene a ser el espacio de un par de coches aparcados. Porque en mi barrio no hay dónde poner ni siquiera un recinto para las fiestas, así que se ponen en la intersección de dos calles, que es un poco amplia. Y allí se ponen los puestos de tiro para conseguir un peluche, la tómbola y su muñeca chochona, la churrería y el escenario.
El escenario es importante, no os vayáis a creer, sobre todo por lo que puede haber encima. La verdad es que, para ser en Madrid, es muy cutre, las cosas como son. Tocaban grupos heavys (de los malos), venían magos que se creían graciosos... pero todos los años venía algún grupo conocido. Un año vino La Unión y otro El Efecto Mariposa (Quién les ha visto y quién les ve).
El caso es que yo, de pequeña, no iba nunca, no fuera a ser que me hiciera amiga de alguien del barrio (cosa que a mis padres les asustaba muchísimo, no consigo a comprender por qué), pero ya de mayor, he ido más de una y más de dos a colaborar con la caseta que teníamos puesta. Y ahí un buen ambiente entre las varias asociaciones, el equipo de fútbol del barrio y tal sí se generaba. Que no, que no había "Señoras Que" bailaran pasodoble, pero divertido era.
Ahora no, ahora, sólo mantenemos la Procesión, a la que, eso sí, sólo van "Señoras que".

domingo, 20 de febrero de 2011

Recitales

Pequeño homenaje a Rubén Darío.
Me acuerdo cuando en el colegio me hacían aprenderme cosas de memoria.
Nunca lo entendí. Me parecía algo absurdo. ¿Para qué?, si dentro de unos días se me habrá olvidado. Ay, alma de cántaro, que de tanto hacernos repetir hasta la saciedad dónde nacía el Ebro, dónde desembocaba, cuáles eran sus afluentes, aún lo puedo repetir de carrerilla, sin llegar a entender aún por qué se le llama Delta del Buda. Y más aún, tú crees que no te acordarás a las tres horas, pero más de 15 años después te sigues acordando de aquel
"Abenamar, Abenamar/moro de la morería/el día que tú naciste/grandes señales había./La mar estaba en calma/la luna estaba crecida/moro que en tal signo nace/no debe decir mentira./No te la diré señor,/aunque me cueste la vida. "
(Juro y perjuro que no la he ido a buscar).
Pero claro, los años pasan y, como un enfermo que pierde la memoria a corto plazo, pues tú igual.
Que un día te estudias una cosa, piensas que te lo sabes, que se quedará en tu memoria para siempre, que te acordarás de cada una de las funciones y competencias, de las fechas de las leyes y de los artículos. Pero no. Ni reglas mnemotécnicas ni leches. Tú, a los diez minutos piensas: ¿Era el 64 o el 53? Pero nada, ni queriendo.
Y entonces dices para tus adentros "Serán las drogas" Pero no me drogo. Entonces es cuando tomas conciencia de la decrepitud del cuerpo humano. Y de que lo de la retentiva es algo que no es para ti. Así que asumes que tienes que hacer lo mismo que cuando tenías siete años y te obligaban a memorizar poemas. Una y otra vez, y así, a lo mejor, a los 15 años, se te queda en la memoria grabado a fuego.

jueves, 17 de febrero de 2011

Cambios

He decidido que cuando pueda y quiera, en vez de coger fotografías de internet, voy a dibujar en un post-it lo que quiera expresar y lo voy a publicar junto al texto.

Hoy, estrenamos esta innovación.



Lo acompaño de unos versos que canta Sabina en el directo de "Cerrado por Derribo".

Este adiós no maquilla un hasta luego,
Este nunca no escondé un ojalá,
Estas cenizas no juegan con fuego,
Este ciego no mira para atrás.
Este notario firma lo que escribe,
Esta letra no la protestaré,
Ahórrate el acuse de recibo,
Estas vísperas, son las de después,
A este ruido, tan huérfano de padre,
No voy a permitir que taladre
Un corazón podrido de latir.
Este pez ya no muere por tu boca,
Este loco se va con otra loca,
Estos ojos no lloran más por ti.

martes, 8 de febrero de 2011

Reinas del baile

www.tvfanatic.com

¿Quiénes son las reinas del baile?

Sí, Queridos Lectores, queridos amigos y amigas, las reinas del baile son las que nos imaginamos. Esas chicas de 17 años que se suben a un escenario en las películas americanas de adolescentes (y que con tanto desprecio tratamos cuando las vemos). Esas que son malas malísimas pero todas quieren ser como ellas y todos quieren salir con ellas.
Las reinas del baile son las dueñas del cotarro.
El problema es que el cotarro desaparece.

¡Oh, observad cómo un cántaro de agua se cae al suelo y se rompe en mil pedazos!

Pues bien, eso es lo que pasa con los institutos y los colegios. Que el cántaro se rompe. Y más temprano que tarde.
Y esas reinas de la belleza, esas musas de fantasías adolescentes, se van mezclando con unas y con otras reinas, con vicereinas, con las odia-reinas. Y el baile, por fin, se acaba.

La mayoría de las veces, el reinato finaliza y, tras unos meses de adaptación, la reina asume que ha abdicado y se comporta como el común de los mortales.

Otras veces, lamentablemente, no. Las reinas deambulan con el moño deshecho, el cetro sin purpurina y la corona caída de medio lado, comportándose como les da la real gana y exigiendo al vulgo que la atiendan, la consideren y que la admiren.

El resto, sin embargo, más o menos partidarios de exhibiciones subjetivas y muchas veces influidas por la inmadurez adolescente, ignoran semejantes peticiones de una loca desarrapada, de una Cenicienta a la que el Príncipe nunca encontró.

Y ahí vienen los dramas. Salidas de tono, comportamientos estrambóticos y numeritos varios son lo que conforman las apariciones públicas de estas Reinas del Baile que siguen oyendo la música de coronación muchos años después de acabar el instituto.
¡Pobres juguetes rotos!
www.introspeccionesdeunaninfasinalas.blogspot.com

Os recomendaría que decoraráis vuestro dormitorio con largos velos que cubrieran la cama, con muchos peluches que rezaran en el pecho las palabras ya casi no oidas "Te quiero" y que allí, postradas en el lecho de sábanas de seda esperaráis a que el príncipe os viniera a buscar.
Pero, por favor,

¡Dejad de dar por culo ya!

Dejad de intentar llamar la atención con numeritos que ni en las peores telenovelas aparecen, con esa trascendencia fingida, con esa pose de divina de la muerte. ¡Basta! ¡Madurad!

Obviamente podréis decir que nunca fui reina del baile en el colegio. Acertáis. De lleno. ¿Me importa? No.
Yo me conformo con ser la Princesa de mi Reino que es mi casa. Luego, para salir al mundo, con la armadura bien puesta, los dientes apretados con mi mejor sonrisa y mi mejor talento y voluntad. Me princeseo yo sola. Y tan feliz.

lunes, 7 de febrero de 2011

Lápices de colores

Una persona que prepara un examen tras mucho tiempo sin estudiar (y mucho tiempo es mucho tiempo, no el espacio que hay entre cuatrimestre y cuatrimestre), tiene que hacer una puesta a punto a su estuche.
De manera que uno coge y empieza a buscar bolígrafos que pinten más allá de una cuarta línea seguida, un subrayador que en su momento fue amarillo y ahora ha adquirido un tono mostaza que prefieres no saber de dónde viene y que a la tercera palabra que subrayas decide que para qué.
Porque, y sé que esto que voy a decir va a levantar ampollas entre algunos, subrayar bien es un arte. Un Arte con mayúsculas. Seamos sinceros; casi todos nosotros nos ponemos a subrayar TODO conforme leemos, que parece que acabemos de aprender a juntar sílabas y vamos con el dedo señalando cada letra. ¿Ah, por dónde iba? ¡Pues por donde ya no está subrayado!
Realmente para subrayar como es debido, primero te tienes que leer todo el texto (en su caso, tema), pero no por encima, no, leyéndotelo. Después, vuelves a empezar, parando en cada párrafo o subíndice para asimilar la idea; ahí es cuando coges el subrayador, preferentemente amarillo y subrayas la idea concepto. Después, con otro subrayador, señalas las palabras clave. Pero, ¡cuidado! Hay leyendas urbanas que dicen que si subrayas en rosa o en azul tu cerebro es incapaz de retener ese concepto, hay que decantarse por el naranja, verde o, arriesgando al máximo, al morado. Aunque esa leyenda urbana la he oido de un montón de colores.
Aproximadamente, por tanto, para hacer un cálculo, puedes llegar a tardar del orden de 2 a 3 horas en subrayar un tema de 10 folios. Eso sí, aprendértelo, no creo, pero te va a quedar súper-cuco. Luego ya, cuando hayas efectuado esa primera fase, está la fase del resumen, en la que conseguirás, con suerte, que 10 folios de ordenador, se te queden en 10 folios escritos a mano.
Lo suyo sería que cogieras el tema, te lo leyeses con atención, sobre todo en las palabras destacadas con tu subrayador, y al terminar, empezas a resumir leyéndote primero el apartado entero para ir, redactando a tu manera, de forma comprensible el concepto general del párrafo en cuestión. Cuando, pasadas unas 5/6 horas, tengas tu resumen hecho, has de volver a coger los subrayadores y hacer exactamente el mismo ejercicio que con el tema original. Otra obra de arte. Eso sí, a lo mejor, te queda largo para repasar, por lo que lo mejor es que cojas otro folio y hagas un miniresumen del mismo, así hasta que te quede una palabra, por ejemplo "Neolítico" para hacer saltar en tu cabeza todos "los principios activos de la porosidad de los materiales de contrucción de invernaderos en la parte del litoral de la provincia de Almería".
Eso sí, más te vale que sepas seguro que te va a caer eso, porque como tengas otros 40 temas más, no hay tiempo en la Historia de la Humanidad para que te lo aprendas.

Así que, como todos, cogeremos el subrayador amarillo-mostaza o en su defecto un portaminas "casa pepe" y empezaremos a guarrear el tema y, como mucho, haremos un resumen que más o menos será lo mismo que hacían los monjes amanuenses en las bibliotecas medievales, es decir, un ejercicio puro y duro de trascripción.

lunes, 31 de enero de 2011

Cherokee


Cuando alguien dice delante de mí frases como "Está hablando en Cherokee" o "Es una peli de cherokees", nunca pienso en un indio.
Automáticamente mi cerebro se va a recuerdos de vino y rosas (nunca mejor dicho) por los que creo que ahora soy lo que soy y como soy. Y tengo en cuenta que la inmensa mayoría de la gente maravillosa que conocí en la época universitaria es amiga mía ahora porque pasamos, creo, nuestros mejores momentos en el Cherokee.

Rondas de chupitos, fotos en los baños, porrones que acababan en duchas, más chupitos, más rondas, bebidas de colores chillones, mezclas imposibles de tragar...
"Yo también he salido a cuatro patas del Cherokee" es también un grupo de fb, a parte de ser, quizás, una de las acciones más recurrentes entre las anécdotas de mis amigos.
Por no hablar de Álex, su dueño, que nos saluda siempre con un "Hola Reina". Ya somos un clásico.

Y es que, no puedes decir que eres amigo de alguien hasta que no te has ido de juerga con él. Es impresionante cómo pienso que podría haber cambiado mi vida si no nos hubiéramos todos puesto de golpe y porrazo a salir todos juntos. Esas salidas que luego tenían su eterna continuación en los interminables Consejos de Sabios, que más que sabios éramos cotillas, porque a los 20 la sabiduría es esa cosa con alas que llevan algunos (y sólo algunos) profesores y poco más. Y salir del cherokee a algún lugar indeterminado, que cuando acababa, era casi de día y yo pensaba "coño, mi autobus" porque ya los buhos se habían ido a dormir.

Ahora queda, como suele pasar, la nostalgia de esos tiempos con el humo de los cigarros y los vapores de los alcoholes en nuestro recuerdo, pero, sin querer, poco a poco, sobre los cimientos del compañerismo y el cariño (que indudablemente sientes con una cerveza de más), ves asentándose lo que, espero, sea una amistad para toda la vida.