Por poder, podría escribir millones de cosas. Tantas, que se llenarían los millones de cuadernos que hay en todas las papelerías de Nueva York. Pero no esas que no tienen los cuadernos del papiro, sino las que tienen esos cuadernos que te da pena gastarlos en tus fútiles pensamientos postadolescentes. Llamar maduro a cualquier cosa que salga de mi cabeza es, cuanto menos, arriesgado. Porque si las edades se alargan, también pueden permitírsele a una tener en la cabeza más pájaros que neuronas. La autora de este blog insulso y con poco contenido, no lo vamos a negar y, sobre todo, errático (porque si lo pensamos, ¿de qué carajo hablo en este blog? ¿Invención? ¿Realidad? Quién sabe...).
El caso es que por poder, podría escribir, cualquier cosa. Incluso podría transcribir los magníficos temas sobre urbanismo que maquino en mi diminuto cajón de las cosas más o menos serias. Sin embargo, no dejo de darle vueltas al hecho de que, si lo pensamos, ¿cuál es la necesidad de que haya otro escritor en el mundo? ¿Y en mi familia? No, gracias. No podría con la responsabilidad de una mala crítica, no podría con el hecho de ser consciente de que alguien pudiera entrar en lo más profundo de mi ser. No obstante, si lo reflexiono durante unos minutos, tengo alma de artista. Pero volvemos a la misma pregunta: ¿Necesita, en realidad, el mundo, un artista más? Sinceramente, tan malo como yo, no. Aunque no deja de reconcomerme el que algo creativo debería ocupar más sitio en mi vida. Más que nada porque es cuando más paz hallo conmigo misma. Y eso me turba. Me perturba. No, no me ...
Empiezo a darle vueltas: Escribir... no tengo tanta imaginación. Soy una persona con alma de artista que si no escribe una cosa decente en un abanico de dos horas, se cabrea y lo desecha.
Pensemos: hacer algo con las manos. Pintar. Da una lástima increíble (de verdad lo juro), pero increíble, lo alucinantemente mala que soy pintando. Aunque me relaja mucho, tengo que decir, me despeja la mente, siempre y cuando no esté demasiado metida en el bucle.
Manualidades: hay gente que vive de hacer puñeteros muñecos de ganchillo. Pero no lo consigo. Coso como un soldado en las trincheras. He llegado a graparme los bajos de los pantalones, con eso lo digo todo.
¡Bailar! Se me ocurre de repente. Tengo la mismita coordinación que Adebayor, pero en metro sesenta. Descartemos. Bueno, ya de paso, descartemos cualquier tipo de arte relacionada con la música. Dios no me llamó por ese camino: se aseguró que tuviera un oído enfrente del otro y la melodiosa voz de un asno.
Por tanto, me queda la fotografía y el séptimo arte.
A ver, las fotos, las hago, encuadradas y eso, pero si fueran fotos de gente muerta, tendrían más vida que las que yo hago. Como matar una escena. Así soy yo.
Por lo tanto, me queda el séptimo arte. Yo soy muy melodramática, por lo que podría encajar. Pero volvemos a lo mismo. Sobreexposición a los medios. Aguantar mediocridad, falsas apariencias, peloteos, ¡o peor! Ir de casting en casting, de productora en productora, para que me fichen, para que me paguen por hacer una peli...
No sé si estoy preparada para ello.
Así que al final, me temo que me tendré que conformar con escribir absurdos post en este blog y con mis bellos cuadros de punto de cruz.
lo importantes es hacerlo
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