www.tvfanatic.com¿Quiénes son las reinas del baile?
Sí, Queridos Lectores, queridos amigos y amigas, las reinas del baile son las que nos imaginamos. Esas chicas de 17 años que se suben a un escenario en las películas americanas de adolescentes (y que con tanto desprecio tratamos cuando las vemos). Esas que son malas malísimas pero todas quieren ser como ellas y todos quieren salir con ellas.
Las reinas del baile son las dueñas del cotarro.
El problema es que el cotarro desaparece.
¡Oh, observad cómo un cántaro de agua se cae al suelo y se rompe en mil pedazos!
Pues bien, eso es lo que pasa con los institutos y los colegios. Que el cántaro se rompe. Y más temprano que tarde.
Y esas reinas de la belleza, esas musas de fantasías adolescentes, se van mezclando con unas y con otras reinas, con vicereinas, con las odia-reinas. Y el baile, por fin, se acaba.
La mayoría de las veces, el reinato finaliza y, tras unos meses de adaptación, la reina asume que ha abdicado y se comporta como el común de los mortales.
Otras veces, lamentablemente, no. Las reinas deambulan con el moño deshecho, el cetro sin purpurina y la corona caída de medio lado, comportándose como les da la real gana y exigiendo al vulgo que la atiendan, la consideren y que la admiren.
El resto, sin embargo, más o menos partidarios de exhibiciones subjetivas y muchas veces influidas por la inmadurez adolescente, ignoran semejantes peticiones de una loca desarrapada, de una Cenicienta a la que el Príncipe nunca encontró.
Y ahí vienen los dramas. Salidas de tono, comportamientos estrambóticos y numeritos varios son lo que conforman las apariciones públicas de estas Reinas del Baile que siguen oyendo la música de coronación muchos años después de acabar el instituto.
¡Pobres juguetes rotos!
www.introspeccionesdeunaninfasinalas.blogspot.comOs recomendaría que decoraráis vuestro dormitorio con largos velos que cubrieran la cama, con muchos peluches que rezaran en el pecho las palabras ya casi no oidas "Te quiero" y que allí, postradas en el lecho de sábanas de seda esperaráis a que el príncipe os viniera a buscar.
Pero, por favor,
¡Dejad de dar por culo ya!
Dejad de intentar llamar la atención con numeritos que ni en las peores telenovelas aparecen, con esa trascendencia fingida, con esa pose de divina de la muerte. ¡Basta! ¡Madurad!
Obviamente podréis decir que nunca fui reina del baile en el colegio. Acertáis. De lleno. ¿Me importa? No.
Yo me conformo con ser la Princesa de mi Reino que es mi casa. Luego, para salir al mundo, con la armadura bien puesta, los dientes apretados con mi mejor sonrisa y mi mejor talento y voluntad. Me princeseo yo sola. Y tan feliz.
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