
Nuestra historia comienza tras la recepción por los medios ordinarios de la época de una epístola que decía, parafraseando "Hola Titis, el 8 de mayo es la carrera de la mujer, os apuntáis conmigo?" de una amiga, llamemosla "Calcetines".
La respuesta ante la convocatoria fue masiva.
Así que unas semanas más tarde, momento en el que comienza nuestra historia, nuestra intrépida protagonista piensa: "Jum, no me vendría mal entrenar un poco". Para ello, se colocó su traje especial de correr, muy similar a su traje especial de estudiar 12 horas diarias, sólo que con zapatillas de correr, y se puso en marcha.
Cogió un pequeño reproductor de música en el que había incluido una lista llamada "Canciones Alegres" que, tras haberla oido un par de veces, entendió que "alegre" y "makineto" no es lo mismo.
Así pues, con unas zapatillas de un color tan brillante que se ven desde el espacio, unas mallas que dejan poco a la imaginación, una sudadera que no tapa demasiada imaginación, una coleta, los cascos en un bolsillo y las llaves de casa y el móvil en el otro, se dirigió al único lugar donde se puede correr en un suelo acolchadito de todo el barrio.
Para llegar, se planteó el coger el metro o el autobus, pero decidió que era mucho mejor caminar 500 metros hasta el lugar en cuestión.
Cuando llegó, encontró serias dificultades para entrar, porque el recorrido en cuestión pasa literalmente por la puerta de acceso. "No pasa nada, en un hueco, entro a correr como un gamo". Y eso hizo. Dos o tres zancadas y vio un pivote que ponía "1.100 m". "¿Ya? No puede ser" Pensó nuestra protagonista, que no estaba ni cansada. Sí lo estaba cuando corrió 100 metros más, hasta el pivote siguiente, con un dolor muy agudo en el costado. El plan era entrenar, no morirse, por lo que nuestra intrépida deportista decidió ir un poco más despacio, a pasito ligero. Al persistir el dolor al cuarto pivote, decidió andar. Cuando recuperó el aliento, fue capaz de correr ¡600 metros seguidos! Estaba emocionada. Y así caminando y correteando, dio 3 vueltas enteras a la pista. Nada más y nada menos. Y eso sin importarle el retintineo de las llaves y cómo el forro del bolsillo sobresalía por debajo de la sudadera, a modo de cojoncillo colgandero.
¿Cómo consiguió hacer tres vueltas? Muy sencillo. Se dio cuenta de que correr es muy aburrido y sólo puedes mirar y como era la más lenta de todos los corredores se ilustró calificando del 1 al 10 el culo de todos los que la adelantaban, imaginando, a su vez que los demás no le mirarían ese culazo embutido en unas mallas. Idea que se tambaleó cuando dos "Señoras que quedan para andar" la adelantaron, momento en el cual se planteó que a lo mejor no debería haberse planteado la vida terrenal de manera tan espiritual.
Así que, tras su momento digno del grandísimo actor Paco Martínez Soria, nuestra protagonista regresó a casa, no sin antes hacer que estiraba y observando como todo el mundo la miraba fijamente a la cara cuando se cruzaban con ella. Al llegar a casa, entendió el motivo. Estaba color remolacha. Parecía que había corrido la maratón, pero no. Simplemente se autorecompensó con la idea de que todos, al mirarla, habrían pensado "joder, qué máquina de tía, seguro que ha corrido 14 km".
muy bueno!
ResponderEliminarPfff, lo de la carrera de la mujer va a dar para una sucesión de post, que yo personalmente no me voy a perder.
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