Han pasado ya algunos meses, pero en mañanas como las de hoy, a momentos, vuelven imágenes, pensamientos, que invocan a que la garganta se me cierre y mis pupilas se dilaten como si me hubiera drogado.
Pero no, eso ya pasó. Pienso "¿de qué me sirve recordar? ¿con qué objeto?" E intento borrar las escenas de mi memoria. Cuando oyes a gente que ha pasado por lo mismo, ese nudo vuelve y el aire se enrarece.
Con el tiempo observas que no ha sido para tanto y te regañas porque crees que es posible que exageraras o dramatizaras la situación. Hasta que te acuerdas del ambiente, de las palabras, de la diminuta persona en la que te habías convertido. Demasiado bien me he recompuesto.
Hay quien por supuesto entiende que tengo un delicado estado de salud, como las damas decimonónicas que bebían vinagre para que su piel fuera más blanca. Si he aprendido algo es a relativizar bastante lo que los demás piensen de mí.
Pero de vez en cuando se me siguen agolpando en la frente los pensamientos de castigo, de ensañamiento, de miedo, al fin y al cabo. Y cómo me duele el pecho. "La patata" como sarcásticamente llamaba a eso que vulgarmente decimos corazón, mientras una tras otra las pastillas calmaban mi dolor.
No voy a volver a ser nunca la misma. Aunque siga teniendo pesadillas, aunque me fustigue por la falta de entereza en ciertos momentos, aunque, en días como los de hoy, tenga que parar de hacer cosas para sentarme a respirar profundo y decirme a mí misma, en un abrazo infinitamente maternal "ya pasó".
Aún no me siento capaz de volver a realizar una actividad normal, pero he recuperado lo que ahora mismo más me importa, que es la capacidad de sociabilizar sin pensar constantemente que soy una molestia para los demás. He aprendido a ver quién sí y quién no y sobre todo, a no juzgarme tan duramente.
El camino hacia el abismo fue largo, pero salir de él, lo está siendo aún más. Para recorrerlo, tengo muchos bastones en los que apoyarme, caretas de sonrisas tiernas para afrontar a los guardianes del empedrado, pero sólo con mi esfuerzo se sigue subiendo hacia el azul del cielo.
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