
Mucha gente me pregunta extrañada cuando me hablan de personas relativamente famosas por qué no las admiro y si no admiro a nadie.
Por supuesto que sí, les respondo. Admiro a muchas personas. Aunque normalmente no son las personas a las que admira la gente en general, pues suelen ser personas que por el mero hecho de aparecer en la televisión o por poner un nombre rimbombante en su tarjeta de presentación, se creen dignos de ser admirados.
Entre las personas a las que admiro, a las que más, posiblemente, sea a mis padres.
A mi padre, por su enorme capacidad de trabajo, por su tenacidad, por sus ganas de aprender cosas.
A mi madre, por cómo aunque tropiece se levanta mejor que antes, por sus credenciales como madre, por su capacidad analítica, por su enorme capacidad de sacrificio, por su gran mente administradora.
Y sobre todo, por haberme criado, educado y querido, cuidado cuando estaba mala, aguantarme toda la adolescencia y apoyarme incondicionalmente.
También admiro mucho a mis amigos y amigas; las que pasan casi 48 horas sin dormir porque están salvando vidas, a los que pasan más horas de las que deberían trabajando y cuando hablas con ellos están frescos como una lechuga, a los que te dicen las verdades a la cara, a los que te las dulcifican porque saben que eres una persona tierna. A los que dejan el camino fácil para cumplir sus sueños, a los que corren varias horas al día, a los que pasan por momentos duros y siempre te dan muestras de cariño en vez de echarse a llorar en tu hombro.
A los que cogen su maleta y dicen "Au revoir" y se marchan a conseguir una línea de curriculum en otro idioma, a los que hacen doscientas cosas a la vez y todas bien, a los que no saben qué van a hacer mañana con su vida, pero saben que algo habrá.
Admiro a aquellos que tienen un trabajo de mierda, pero siguen ahí, porque no les queda más remedio para seguir adelante, luchando por lo que quieren. Admiro a los que se saben organizar bien el tiempo, a los que pueden argumentarte una cosa rápidamente y dar respuestas inteligentes, a los que son divertidos, a los que tienen los huevos de tener hijos.
A los que dijeron, esto es lo mío, sabiendo que eran el número 1 millón en decirlo y se atrevieron a dar un paso más, a los que son mirados con desdén, incredulidad o soberbia y ellos les devuelven una sonrisa.
Admiro a mis amigos y amigas que están constantemente moviéndose de un lado a otro, los que se lían la manta a la cabeza, a los que son freelance, a los que sacrifican sus merecidas vacaciones por ayudar a los demás. Admiro a los que saben hacer cosas que yo ni he intentado hacer o ni sabría hacer. Admiro a los que tienen trabajos peligrosos, a los que tiran la toalla y siguen caminando con enorme dignidad por la vida.
A todos ellos, a todos vosotros, os admiro.
Porque no me hace falta admirar como una groupie colérica a nadie desconocido, porque el orgullo me sale de los cuatro costado cuando hablo de alguno de vosotros.
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