- Supongamos que has conseguido atravesar la Puerta del Gran Enigma. Entonces - y solo entonces - aparecerá ante ti la segunda puerta. La Puerta del Espejo Mágico. Como ya te he dicho, no te puedo decir nada sobre ella que haya visto yo personalmente, sino lo que he podido sacar en limpio de los informes. Esa puerta está tanto abierta como cerrada. ¿Parece un disparate, no? Quizá sería mejor decir que no está cerrada ni abierta. Aunque resulta igual de disparatado. En pocas palabras: se trata de un gran espejo o de algo así, aunque no está hecho de cristal ni de metal. De qué, nadie ha podido decírmelo. En cualquier caso, cuando se está ante él, se ve uno a sí mismo... pero no como en un espejo corriente, desde luego. No se ve el exterior, sino el verdadero interior de uno, tal como en realidad es. Quien quiera atravesarlo tiene que - por decirlo así - penetrar en sí mismo.
- De todas formas - opinó Atreyu -, esa Puerta del Espejo Mágico me parece más fácil de atravesar que la primera.
- ¡Error! - Exclamó Énguivuck, empezando a andar otra vez excitado de un lado a otro -. ¡Craso error, amigo! He comprobado que precisamente los visitantes que se consideran especialmente intachables huyen gritando del monstruo que los mira irónicamente desde el espejo. A algunos tuvimos que tratarlos durante semanas antes de que estuvieran siquiera en condiciones de emprender el viaje de regreso.
Michael Ende, La Historia Interminable.
Para mí, opositar es precisamente eso, contemplar mi imagen real ante un espejo. Y lo que ves no siempre te gusta.
Hoy voy a confesar...que cuando he leído que era un trozo de La historia interminable he dejado de leer hasta que no se ha acabado la cursiva, porque no la soporto. Pero no es por tí, es por mí. Ánimo!
ResponderEliminarDiox, me ha pasado lo mismo, pero yo porque HOY TENGO QUE CONFESAR que no la he visto nunca :(
ResponderEliminar