Que te escribía un blog entero



lunes, 1 de agosto de 2011

Mi infancia en películas




Hace un tiempo que llevo dándole vueltas a este post. La vida de alguien que no tiene mucho tiempo pero que a la vez pasa demasiado con la cabeza en sí mismo, hace que las reflexiones se atasquen como si cruzara un pato la carretera con sus patitos. Absurdo, real e indefectiblemente turbador. La infancia es ese momento de tu vida del que te vas conformando una historia casi como una película, por los momentos importantes, bueno, no tanto, pero sí impactantes. A los cuatro años, ya sabía la parrilla entera. Cuando aparecieron las televisiones privadas, también. Sí, era pequeña, hija única y sabía hacer dos cosas a la vez. Mis padres me llevaban al cine desde los 3 años. Mi padre me tuvo que sacar en brazos de "Fantasía" porque me dio un pánico impresionante. Pero hubo otras películas de las que no se me podía separar desde que mis padres compraron el VHS. Ahí va uno de los secretos de por qué soy tan peculiar. Mis 12 +1 de la infancia, no creo que tuviera más de 8 años cuando me sabía los diálogos de muchas de estas películas.


1. La Historia Interminable (1984): Interminable sí que me lo pareció. Diré sólo que para mí Atreyu era un bombón de ventimuchos, no el pipiolo que veo ahora. Me encantaba el Hombre-Piedra y me enseñó que todo se puede con la Fantasía.

2. Sonrisas y lágrimas (1965): mi padre me regaló el VHS y me hacía practicar la canción de "Do, Re, Mi..." a ver si entonaba un poco, pero ni por esas. He de reconocer que a partir del momento en el que, oh, sorpresa, se casa Julie Andrews con el Barón Von Trapp la cosa pierde interés. Tampoco entiendo por qué una monja es mandada a hacer de niñera, pero a mí me gustaba que hicieran vestidos con cortinas (y a Agatha Ruiz de la Prada también).


3. Un ganster para un milagro (1961): Frank Capra fue siempre un ñoño. En esta modalidad menos conocida quizá que "¡Qué bello es vivir!", Annie Manzanas es una indigente que envía cartas a su hija que vive en Italia diciéndole que es una gran dama. El problema surge cuando la hija va a visitarla. Con una impresionante Bette Davis y un siempre cortés Glenn Ford. Me encantaba que todo el mundo ayudara a la pobre Annie Manzanas. Recién vista, he vuelto a descubrir que, en el fondo, soy una sentimental.

4. La vida alegre, de Fernando Colomo (1987). La primera película española que recuerdo. Y recuerdo particularmente la escena en la que el taxista colgado les cuenta que su padre le ha echado de casa. Cuando le preguntan qué es lo que va a hacer dice: "Él me ha echao, pero yo no me he ido". Por no hablar de la hija de Resines intentando decir "Gonococia". Una película muy instructiva sobre el uso del preservativo para evitar las venéreas. Y es que si no lo aprendes antes de leer, mal vas.


5. Cerrando ya el género de la película fantástica, Dentro del Laberinto (1986), interpretada por David Bowie, me hizo odiarle durante años. De hecho, no me he sentido capaz de apreciar su música todo lo que debiera por su imagen de mago malísimo que rapta al hermano pequeño de una chica. Tengo, sin embargo, muy buenos recuerdos porque la vimos mis primos de pequeños en su casa.


6. 1, 2, 3 Splash (1984). Tom Hanks cuando hizo la primera comunión. Doy fe que me sé los diálogos. Enteros. Me cargué el DVD. En serio. Me llegué a aprender hasta las frases en sueco que decía el hermano cuando entran a rescatar a Daryl Hannah.

7. Siguiendo con el rollo sentimental, no puede faltar otra de las películas de las que me aprendí todos los diálogos: La princesa prometida (1987). Westley se convirtió durante muchos años en mi príncipe encantador. De origen humilde, como dirían los libros. Y la increible sensación de que lean un cuento. Me encantaba este Peter Falk....


8. "Grease 2" (1982). Mis amigos vieron la primera parte, esta segunda no tenía mucho interés. Básicamente era la historia inversa, ella, Michelle Pfeiffer (para ser prota de esta saga había que tener más de 30, o al menos aparentarlos), hacía de PinkLady y se enrollaba con un chavalín más pavo que todas las cosas. Mis padres, que no son tontos, me incluyeron un didáctico documental de dibujos sobre los peligros de las drogas. Lástima que no lo hicieran con el alcohol.


9. Hablando de películas de terror, "Juegos de Guerra" (1983) era otra de las películas con las que crecí. Desde que la vi por primera vez, en la que me dio fiebre, a mí no me dan miedo los monstruos o los fantasmas, yo me cago de miedo con el pánico a una guerra nuclear. Cosas que pasan. Desde entonces tengo que reconocer que comparto el gusto cinematográfico de mi padre en el género de la acción y particularmente en las películas de estrategia, por así llamarlas.


10. Película de estrategia no sé si será, pero que tenía que luchar con ellos para verla, desde luego. "Top Secret" (1984) fue una de las primeras películas del género de la comedia absurda que entró en mi casa. Creo que es anterior "Atrápalo como puedas", pero esta es una grande del género. Sin duda, digna antecesora de todas esas películas que son mucho más divertidas si aliñadas o que, sin más, mi madre me dirige una mirada y me dice "Dos carreras, colegio de pago, una educación formal, para que te rías viendo esto". No se puede plantar una semilla y esperar que nunca florezca.

11. Sufre Mamón (1987). El primer amor de mi vida fue David Summers. Con 5 años estaba absolutamente entusiasmada, hasta el punto que me negaba a salir si estaba en la tele. Siempre me acuerdo del Cine de Verano donde vi, por primera vez, esta película, de refutada ínfima calidad, pero que, sin embargo, conserva en mí la dulzura de aquellos veranos en los que cabías tumbada en una silla de metal.


12. "Historias de Filadelfia" (1940) o cómo querer ser Katherine Hepburn cuando no levantas un metro de estatura. Aquel empujón del increíble Cary Grant y sobre todo, la escena de la piscina son para mí un recuerdo más de mi infancia, una pequeña parte de cómo me hubiera gustado que fueran las comedias. La ironía, la sutileza, los guiones con trampa. Simplemente deliciosa.


13. Por último, y no por ello menos importante, "La venganza de Don Mendo" (1961). Otra de la que puedo seguir, aún actualmente, recitar en voz alta conforme la veo. Por supuesto me refiero a la versión de Fernando Fernán Gómez, con ese reparto y, sobre todo esa escenografía.



Como no quiero que penséis que soy más peculiar de lo que ya parezco, mentiría si dijera que no me gustaban las películas de Disney. Particularmente me gustaba Aladdin, con Genio, todo un personaje que, en mi opinión, se comía al resto con patatas. También me hacía particular gracia la Bruja Novata, con Ángela Lansbury.


Podría seguir avanzando hasta la adolescencia y citar otras muchas películas, pero creo que este pequeño resumen es bastante ejemplificador. Cuando me recuerdo de pequeña, muchas veces me veo delante de la televisión, demasiado cerca quizá, viendo alguna de estas películas que me han enseñado a amar este arte por encima de todos los demás.

2 comentarios:

  1. !!!! ¿Cómo puede ser eso de Bowie?? Yo soñaba con que fuera mi esclavo, vaya paquetón le hacían las mallas

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  2. "¡Por Dios, Albin! ¡Hasta Freud hablaba de la edad de letargo!" Días de Radio. Woody Allen.

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