Que te escribía un blog entero



lunes, 31 de diciembre de 2012

SI NO ESTÁ ROTO, NO LO TOQUES


Cuando tenía 15 años salí (en serio, que me pidió salir, no como unos amigos míos que llevan 4 años juntos pero que no están saliendo porque él no le ha "pedido salir" de manera formal) con un chico un poco mayor que yo. Él había sido de mi colegio, estaba en la Universidad, matriculado en Derecho, y digo matriculado porque creo que era todo lo que había hecho; porque él, en realidad, quería ser cartero.
¡Qué bonitas son las ilusiones a los 18 años!
El caso es que tras un par de citas adolescentes, me dejó. A los tres días. El novio más fugaz. Yo no sabía muy bien qué había pasado, la cosa parecía ir bien, pero algo superior se interpuso en nuestro camino y es que su abuela estaba muy enferma.
A los quince días una amiga me dijo que había dejado a su hermana unos años atrás con idéntica excusa.
Años después (calculo que unos cuatro) me lo encontré en un bar con un amigo común y me dijo "no te puedo saludar porque está mi novia ahí". Yo no sé cómo saluda él a la gente, yo normalmente con un "Hola qué tal" me conformo, no subo a nadie a la barra del bar y le arranco los pantalones. No sé.

El caso es que todo ello me lleva a la conclusión de que a veces nos ponemos excusas tontas para no estar con alguien. Y se las ponemos a los demás pensando que a lo mejor así paliamos el duro golpe. Lo que no nos damos cuenta es que el que te tomen por imbécil suele resultar más humillante que otra cosa.
"Es que ahora estoy centrada en mis estudios" significa "Me lo paso demasiado bien saliendo con mis colegas de fiesta.
"Es que acabo de adoptar un perro y no te puedo hacer mucho caso" quiere decir "Me da una pereza infinita quedar contigo porque no tengo nada de qué hablar.
"Es que estoy pasando por un momento de mi vida en el que" ...  ES QUE NO TE TOCABA NI CON UN PALO".
¿No sería más sencillo decir "esto no funciona", "no siento por ti lo que tú por mí"? El daño lo vas a hacer igual, pero al menos nadie te podrá tachar de bolero.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

ESPECIALITOS

ÚIltimamente me embarco quizás con demasiado descaro en la profundidad de las relaciones afectivo-sexuales, pero es que hay que reconocer que son un filón. Y además, que ya me paso mucho rato al día hablando, leyendo y discutiendo sobre política y derecho.
"Diosito, llévame pronto".

Pero hoy quiero hablar de esos seres "ESPECIALITOS". Hombres y mujeres, hetero o no, que tienen un fuego oculto entre el ombligo y la ingle, que más que ingle parece hoz.
Me refiero, señoras y señores, a esas personas que tienen pareja estable como quien tiene un tío en Cuenca. Y tú, que eres tonta, pero no tanto, dices, "joder, si ya hay hasta AVE a Cuenca, macho, ¿qué haces que no te vas todos los fines de semana a verla?". Pero no lo haces, nadie conoce el porqué.

Estos "ESPECIALITOS", normalmente llevan más años con su churri que Rapphael en la Nochebuena de TVE.
Total, que estos especímenes son de diferente tipo. Insisto y subrayo, de cualquier género e inclinación sexual.

Tipo número 1. El sigiloso.
Este personaje evade las preguntas directas, habla fugazmente de "MariCarmen" o de "Alfredo" pero de una manera tan sutil, que no sabes si habla de su primo, de su nuera, en tiempo presente o pasado. Y como además su lugar de caza suele ser un sitio donde haya alcohol (que ni las iglesias se libran), pues como que a la tercera te da un poco igual y sigues adelante. 
El caso es que esta persona nunca reconocerá que está en una relación estable, sino que siempre dará a entender que la cosa está finiquitada, pero que por no dar el disgusto a sus padres, se acuesta contigo... Y tú, imbécil, no tienes suficiente gasolina en el coche para alejarte. Hasta que te cogen por banda tus amigos y te dicen que está con su chiqui y que no va a dejarlo ni aunque se apague el sol.
Lo bueno: Que tienes tu versión de película de los años 60 "Él va a dejar a su esposa por mí" (Ingenua) y algo que contar.
Lo malo: El berrinche que te llevas.

Tipo número 2. El perro ladrador.
Éste no se corta un pelo. Tú sabes que está comprometido, él (o ella) lo dice abiertamente. Se sabe. Es público. Pero en cuanto el Reno Alf desaparece, te dice lo que te haría boca arriba, boca abajo, por delante y por detrás, que ni unas olas de esas de la playa que tú intentas levantarte pero sólo tragas agua.
Lo bueno: que habrá que pensar que mientras sólo sea de palabra, la cosa no tiene mucho peligro.
Lo malo: que como el individuo te guste un poco te pasas acordándote por lo menos un mes en compañía de tu imaginación.

Tipo número 3. El ignorador.
"Cuenta la leyenda que uno dejó a su novia". Es una frase con la que me gusta empezar cuando alguna amiga (o amigo, porque señores, hay mucho armario por ahí andando cerrado aún) me dice que se ha visto con alguien comprometido. Estos son de esos que tienen novia (o novio) pero como si no. Se sabe. Tú lo sabes. E incluso se permite el lujo de hablar abiertamente de la situación. Que te dan ganas de interrumpirle y decirle "Colega, ¿tengo yo pinta de psicólogo? ¡Anda y cuando te aclares me llamas!". Pero no lo haces. Y como eres buena persona, esperas a que se dé cuenta de que tú en realidad eres su media naranja y abandone todo por estar contigo. Sigue soñando. Que la cosa acaba con un "Para mí eres superimportante como amiga" y tú, engordando tres kilos del disgusto.
Lo bueno: Que no vuelves a caer con uno así en tu vida.
Lo malo: Lo que te cueste el gimnasio para bajar los tres kilos de helado.

Tipo número 4. El maestro de esgrima.
O si no, poco le falta. Estos son los que son capaces de mantener dos relaciones estables. Profesionales. De todas todas. Me contaron de uno que estuvo 10 años con una y 4 con otra. Simultáneamente. Dos SIMs de teléfono. Se llevaba a las abuelas Encarni y Josefina de viaje "para que vieran mundo, cari" con cada una de las novias, cada vez con una, y luego seleccionaba las fotos para enseñárselas a la que se había quedado en casa. Y qué rendimiento debía tener. La cosa, obviamente, le explotó en la cara.
Lo bueno: Que no todo el mundo es así.
Lo malo: Que alguien hay que sí lo es.

Tipo número 5. El fantasma.
Este tipo de personaje es de esos que, además de ser infieles porque no les basta lo que tienen en casa que se van a buscarlo fuera, se lo cuentan a todo el mundo. De modo y manera que ves al pobre diablo que suspira por ella (o diabla que suspira por él o por ella, lo que sea), comprándole peluches de "Te quiero mi amor" de osos abrazando corazones para que, además de cornudo, sea humillado públicamente. Se le denomina fantasma, porque a lo que se come de verdad hay que añadir los "porque yo no quise, porque adoro a mi Juan Luís", pero al pobre lo dejas en la puerta de casa a modo de perchero y mantiene un poco más la dignidad.
Lo bueno: Que puedes tener en tu mano la carta del chantaje.
Lo malo: Que queda descartado como pareja automáticamente.

Tipo número 6. El tecnológico.
Este tipo he de decir que no lo tengo muy definido, pero viene a ser ese personaje que tiene pareja y que vive pegado a un medio tecnológico para estar en contacto contigo. Es de esos seres humanos que piensas que se ha puesto unas sondas para no despegarse de su aparatito, ya sea móvil u ordenador. Este tipo en concreto es de esos que te vacilan por chats, te comentan las fotos, te escriben mails, todo es precioso en el ciberespacio, se alcanza un grado de intimidad que ni Kim y Miki en 9 semanas y media, peeeeeero... sólo hasta que se habla de una relación física. "¡Eh!, ¿de qué vas? ¡que tengo novio!" "¿Dónde lo tienes congelado? ¡Si no te da tiempo a estar con él, si siempre estás hablando conmigo!". Y tú te quedas con cara de idiota pensando que igual el interior era más importante que el exterior y esas cosas.
Una variante es ese que no engaña a su pareja "porque tener cibersexo no es poner cuernos", aunque sea a través de una webcam.
Lo bueno: que donde haya un contacto físico que se quite el resto. Ponte pibón, sal un poco y se te olvidan esas "profundas conversaciones por messenger".
Lo malo: que os encuentreis en persona y pase de ti.

Tipo número 7. El viajante.
Este personaje es el especialito de los especialitos. Porque este es el que tiene a su churri en Cuenca de verdad. Entonces, todos los fines de semana, al principio, se va o viene Churri, con anhelo, desesperación, tristeza... Hasta que cae una juerga. Entonces la pena se pasa. O hasta que cae una bronca, que, claro, en la distancia, la reconciliación no es la misma, así que se buscan a alguien con quien reconciliarse. El problema viene cuando las broncas no dan lugar a reconciliación. Que si uno sale y con quién andará, que si el otro se mosquea "porque no ibas a salir y tu última conexión del wasap fue a las 5:43 de la mañana"... Y entonces, la solución es salirse por la tangente. Y la tangente eres tú. Imbécil. Que se va a volver con su churri. No entres a ser el malo de la peli... (Parezco una madre, lo sé).
Lo bueno: que si no deja a su churri, mejor, porque "el viajante" se acostumbra demasiado bien a esa soltería espacial.
Lo malo: que si lo dejan... Se irá con otra, no contigo.

Tipo número 8. El oso amoroso.
¿Quién dijo que los cuernos son sólo físicos? Que los hay que se enamoran perdidamente de otros, pero ojo, que de soltar la rama que tienen engachada con silicona, ni hablar. Estos son bastante peligrosos, sobre todo para sí mismos. Y para los amigos que le rodean. Porque claro, al llevar tanto tiempo con su pareja, también es colega, no le vas a decir "Deja esta relación y empieza otra". Porque te sabe mal provocarle sufrimiento a alguien que aprecias, aunque claro, sufrimiento es el estar con alguien que no te quiere. Pero la respuesta no es la más honesta: "Ya, y si Rosarito/Rosauro no me quiere al final, yo me quedo sin nada". Y tú le ofreces hacer "La del mono", soltar una rama cuando tengas cogida la siguiente. Y entonces se transforman en un ESPECIALITO del tipo 1, solo que nunca sueltan la primera rama, que tiene la humillación escrita en la cara.
Lo bueno: que si eres el objeto de su amor, ni te enteras y eso que te ahorras.
Lo malo: que seas su pareja o su amigo.

Tipo número 9. El llorón.
Este "especialito" puede mezclarse con alguno (no todos) de los anteriores. Este personaje es de esos que, en medio de una curda enorme, en plena exaltación de la amistad se enrolla contigo. "Pero, ¿tú tienes pareja, no?" "Sí, pero esta noche me da todo igual, porque sólo me apetece estar contigo". Lo que tú no sabes, alma incauta, es que con toda la hormona segregándose, el nivel de alcohol se ve alterado, por lo que, cuando tú ya hayas optado por acallar tu conciencia con frases del tipo "el problema es suyo", "yo no soy quien tiene pareja", se te viene abajo y, antes, durante o después, se te pone a llorar. Pero como una magdalena. Y tú, que te quedas flipando, piensas en salir huyendo; pero como eres imbécil, te quedas y ¡encima dando consuelo!
Lo bueno: No hay.
Lo malo: Que te quedas a dos velas.

Tipo número 10. El profesional.
Este personaje, antítesis del anterior, actúa como si poner los cuernos a su pareja fuera el pan nuestro de cada día, como quien se quita una espinilla. Se despide de ti como si hubieras quedado para tomar un café, lo que, puestos a elegir, casi es preferible a lo anterior. Pero claro, la honrilla de uno es lo que tiene, y el trastorno obsesivo también, y te pones a pensar "¿esto lo hará habitualmente? ¿Cómo se apaña? Pues yo veía la cosa desde fuera como muy bien, ¿quién iba a decir que fuera tan mala gente?". Y este personaje lo que hace es seleccionar bien a sus ayudantes, para evitar fugas en la información, callar con estilo y clase y mantener el tipo.
Visto lo visto, casi es una suerte toparte con especialito de este tipo: no engaña, no manipula, no te da el coñazo y no te genera problemas. Pero el problema es que estos son la minoría, por lo que, en la medida de lo posible, es mejor mantenerse alejados de todos estos ESPECIALITOS y buscarte a uno que, al menos en apariencia, no venga con bicho.

jueves, 6 de diciembre de 2012

CHICO CONOCE A CHICA

Antes, la cosa iba de la siguiente manera:
Chico conoce Chica. Se gustan. Chico le propone quedar (para hacer la cosa más absurda del mundo). Chica queda con Chico aunque para ello tenga que salir de la torre de Mordor con siete dragones.
Chico le da una vuelta casualmente por el bar donde están sus amigos. Al día siguiente Chica se hace la encontradiza con sus amigas mientras pasea con Chico.
Chico y Chica empiezan a quedar con frecuencia, se van conociendo también en lo físico, yendo base a base, como dicen los americanos. Aunque haya 73 bases. Con la calma. Chico y Chica están conociéndose o incluso enamorándose un tiempo X hasta que o se ennovian o se dejan. Y por separado repiten operación.

Ahora no. Ahora hay dos posibles escenarios:
Escenario 1. Espacio académico/profesional:
Chico y Chica se ven todos los días.
Chico y Chica van a típica "cena de empresa"/"cena de navidad"/"quedada fin de exámenes".
Chico y Chica se emborrachan.
Chico y Chica van a la última de las bases sin pasar por ninguna de las anteriores. A lo "estocada".
Chica se pasa dos días mirando el móvil. Chico dos días de resaca.
Chico y Chica al reencontrarse el lunes se saludan de lejos con la cabeza.
Chico le cuenta al departamento/colegas/amigos la nochecita en un par de frases.
Chica se pasa tres días hablando con el resto de la Humanidad sobre si el color de corbata/camiseta que ha elegido Chico tendrá algo que ver con lo que pasó el viernes anterior.
Chico manda wasap a los 5 días preguntando que qué tal.
Chica tarda en responder 5 horas pese a haberlo visto a los 5 segundos también porque está consensuando qué va a responderle.
Chico escribe a las otras cuatro Chicas con las que se escribe wasaps pero nunca queda.
Chica mantiene conversación con otros tantos con los que intenta quedar pero tampoco puede.
Chico y Chica siguen rebuscando una historia de amor que merezca la pena.

Escenario 2. Espacio casual:
Chico y Chica coinciden en el local X a las 3 de la mañana.
Hay posibilidad de que haya conocidos en común, pero a partir de la cuarta copa da igual.
Chico y Chica se morrean en medio del local.
Chico y Chica se van a casa de uno de ellos y se saltan todas las bases posibles.
Chico y Chica se piensan si intercambiar teléfonos.
Si lo hacen, repiten la situación del escenario 1.
Tampoco van a encontrar nada ni remotamente parecido a una relación.

En  cualquiera de los dos escenarios, la posibilidad de presentar amigos o amigas resulta tan imposible y tan agresivo como si le pideran que le hagan la pedicura a sus madres. Por no hablar del hecho de que si hay una segunda cita ya se habla de "estar invadiendo el espacio".
A la vista de las circunstancias, Chico y Chica se plantean hobbies de riesgo como batir el récord de horas jugando a la play o hacer la mayor cadena del mundo con papel de chicle.

Y luego nos extrañamos de por qué estamos tan desquiciados.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Me han engañado

Me han engañado.
Me siento estafada, timada, no hay cosa que me pueda molestar más que sentir que me toman por tonta.
Pero lo han vuelto a hacer.
La vida era esto.
¿Por qué nos han envenado con falsas esperanzas, falsas apariencias, dándole importancia a las cosas que luego no la tienen? Si en realidad sólo importa lo que los demás piensen de ti, lo que puedas demostrar con tarjetas de crédito y con avales bancarios. Si vales tanto como lo que tienes.
¿De qué me sirve haber intentado convencerme a diario de la importancia de la amistad, del amor, del cariño, de esos momentos junto a la orilla del mar al atardecer? Si lo que de mí se valora son sólo números: lo que mido, lo que peso, lo que gano al mes, lo que me costó el coche, la moto, el bolso que llevo y los zapatos, la hipoteca o el alquiler, a cuántos kilómetros de casa estuve en mi último viaje.
Y así te vas juntando con la gente que tiene números similares a los tuyos. Inconscientemente, pero en cierto modo real.
Yo que pensaba que la vida iba a ser otra cosa que no fuera estar comparándome todo el día con los demás, sobre todo en este régimen de semipresidio en el que me encuentro, esta cárcel de oro en la que nadie entra porque no se lo permito, porque me vuelve invisible, pero que aún no he conseguido que se vuelva opaca para no ver cómo la gente a mi alrededor no es que se mueva con estos números, sino que además es feliz haciéndolo. Y yo no siento otra cosa más que envidia. Envidia hasta de lo malo, fíjate, pero no una envidia dañina, sino una de esas de "¿y yo por qué no?" Pero mientras tanto pasan las estaciones, las fases y las historias, y aquí sigo, ya no tan asomada a las rejas de mi jaula, porque, total, todo lo que hay alrededor es de mentira. Lo bonito será cuando coja la llave que guardo en el bolsillo de mi corazón y abra la jaula, porque no sé si voy a ser capaz de sobrevivir ahí fuera.

viernes, 19 de octubre de 2012

CUMPLEAÑOS

No sé si alguna vez lo habré comentado, pero para mí, mi cumpleaños, es un día muy importante. Hay gente que no lo vive de esa manera, que pasa de puntillas por él como si no se fuera a pasar la hoja del calendario, gente que prefiere incluso obviarlo para no tener que invitar a pastas en la oficina. Pero yo no.

Me encanta mi cumpleaños. Como buena ascendente Leo, me alucina ser el centro de atención, que la gente me felicite por facebook, whatsapp, sms, llamadas... Y sobre todo juntarme con mis amigos y conocidos, incluso a veces con personas que puede que no me caigan ni bien, pero el hecho de ser la estrella durante un día sin tener que justificar el por qué, me encanta.

Me vuelve loca el juntar a todo el mundo alrededor, que se lo pasen bien, se rían y recibir un montón de regalos. Regalos que mis amigos se han puesto de acuerdo para comprar, y quiero pensar que, incluso, han buscado algo que me guste y no se han ido a las rebajas a comprar lo primero que pillen.

Pero los años pasan, los caminos se alejan y ya no les parece tan gracioso estar en un bar rodeados de comida no demasiado elaborada y de una cerveza - que no copa, porque "yo he traido el coche""yo mañana madrugo""yo es que tengo otra cosa ahora y me tengo que marchar"-, además de estar con gente que se suena mutuamente de mis otros cumpleaños pero que, por alguna razón, posiblemente muy comprensible, no terminan de decidir hablarse.

Es posible que vuelva a celebrar algún evento de ese tipo, pero la verdad es que no sé cuándo, porque aunque pueda obviar la pereza que les da a la mayoría la fiesta que tanto me gusta, también es cierto que mis circunstancias personales no me permiten hacer una celebración como la que a mí me gustaría, aunque pueda parecer desde fuera infantil, aunque en realidad sea cierto que ya no tengo edad para esas juergas de globos y confeti, pero que a mí me da una pequeña dosis de felicidad.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Estaciones de tren



Veo mi vida amorosa de la siguiente manera:
Yo estoy en la estación de Chamartín, inmensa, llena de andenes, uno detrás de otro, interminables hasta el punto que en cada vía parece haber varios trenes.
Estoy cargada de maletas, pesadas, abultadas, y hace frío, así que voy abrigada hasta las orejas. Y estoy en uno de los andenes. De repente, veo que un tren va a salir, tengo algunos destinos vetados, pero no me importa en general, lo único que me importa es que yo quiero un AVE. Veo que hay uno a punto de partir, bajo corriendo las escaleras, cargada como una mula, los músculos se me agarrotan, me despeino, el gorro me molesta, estoy sudando, pero no llego.
O llego, y resulta que no es un AVE, que es un tren regional de mierda hasta en los apoyabrazos y que tarda cuatro días en llegar a cualquier ciudad de más de cincuentamil habitantes. También puede ser que, después de cambiarme otra vez de andén al oir el silbato del jefe de estación, llegue y sea un TALGO, o un ALARIS, con destino a una capital de Comunidad Autónoma incluso, pero que están ocupados todos los asientos. Sí, esos son mi especialidad, los de los asientos ocupados. A veces el revisor del tren me dice que haciendo una excepción me deja viajar en el baño o sólo hasta la siguiente estación, mientras me guiña un ojo. Y yo como que, aunque me pueda divertir la aventura, irme hasta Palencia, con sesenta kilos de maleta y pasando más frío que una stripper en un convento, pues decido volver a bajar mi equipaje y seguir esperando.
Y espero, espero. Veo un AVE a lo lejos, o incluso uno de esos en los que vas a París tumbada como una reina. Pero resulta que no, que nena, no tienes la suficiente clase como para subirte. Así que miras airada al personal del tren y dices con resentimiento "los billetes de avión cada vez están más baratos" y te vas.
De vez en cuando, eso sí, puedes optar por cogerte un cercanías. Piensas que quizá puedes dejar los bártulos en la consigna de la estación y darte un garbeo por El Escorial. La mayoría de las veces no llegas ni a Alcobendas, pero bueno, ver las montañas de lejos también tiene su encanto.
Pero hay que tener cuidado, porque como no te liberes de los trastos antes de comprarle el billete al revisor, puedes marearte e imaginar que un cercanías es un AVE y, lo que es peor, que el propio tren se crea un AVE y pretenda hacerte pagar de más por ir a Tres Cantos o que vaya cogiendo a demasiada gente por el camino.
La verdad es que al final acabas reventada de tanto subir y bajar escaleras como si quisieras batir un récord o algo así, de hacer caso al primero que te llama de otro andén, ya no sabiendo ni cuál es el que conduce a la salida de la estación.
Así que, tras unas cuantas carreras por los pasadizos subterráneos de Chamartín, unas cuantas decepciones y muchos descartes, piensas en que hay varias opciones y que a veces, hasta puedes comprar el billete por internet. Pero, por el momento, creo que será mejor no llevar tanto equipaje, el justo y necesario para poder disfrutar de la visita a alguna ciudad peculiar y dejarse llevar un poquito, eso sí, conservando en el bolsillo el billete de vuelta.

Rutinas

Es curioso lo mucho que se acostumbra uno a su rutina. Sobre todo cuando la pierde. Es como cuando te vas de vacaciones que no ves el momento de cerrar la maleta y marcharte y ya el día antes de volver empiezas a pensar en lo a gusto que estás en tu casa. Con la soledad pasa lo mismo. La odias, te reconcomes en ella, te lamentas, hasta que te acostumbras. Y cuando vuelves al mundo de los vivos, cuando empiezas a ver las terribles ganas que tiene la gente de meterse en movidas, de juzgar y de provocar incomodidades, pues como que te pilla desentrenada.
La cuestión es que no había yo terminado mis vacaciones, cuando ya estaba pensando, no sin una dosis bastante alta de nostalgia, en los fríos días de otoño, en las bufandas y en los gorros, en el chándal para hacer que vas a salir a correr. Y es que, ya se sabe, que eres de Madrid si en invierno quieres calor y en verano deseas que vuelva el frío.
Mis vacaciones han transcurrido en el abanico tensional de 2 a 6, siendo el pico de emoción cuando se iluminaba el indicador de gasolina diciendo que no tenías más que para un par de kilómetros estando atravesando el gigantesco puente de Vasco de Gama.
He estado en Salamanca, Coimbra, Setúbal-Troia, Évora, Trujillo y, tras el cambio de maleta, en Burdeos.
La verdad es que ha sido un viaje estupendo, no exento de divertidas anécdotas. Pero en los momentos de dejar la mente en blanco, no paraba de añorar un poco, ojo, he dicho que sólo un poco, la rutina de los días de estudio.
Evidentemente, esta rutina cuando vuelve se convierte en un personaje desagradable y tosco, incómodo y, sobre todo, al caer las primeras hojas, cuando se enmarronecen las copas de los árboles, no puedes dejar de pensar lo a gusto que estabas tirada en esa playa de blanca de arena, oliendo a mar y a crema protectora y evitando las marcas del sol.
Pero, lo bueno que tiene el retorno al curso es que, no deja de ser un curso, y en este caso, para mí, será el definitivo.

jueves, 5 de julio de 2012

Último capítulo

No sé si recordaréis mi tórrido romance con el motero que desde arriba era atractivo y de lejos un gañan, pero aquí va la tercera parte de mi historia.
En los momentos más bajos y por supuesto más humillantes de mi vida opositora, todas las mañanas calculaba la hora a la que salía nuestro aguerrido motero para yo, infeliz, deleitarme durante unos segundos. Debido a que en los meses siguientes la necesidad de obtener un beneficio a esto de estar encerrada día y noche mataba toda hormona de carácter reprodutivo y/o sexual, dejé de calcular sus horarios (además del hecho, nada carente de importancia, de parecer una psicópata) y, por tanto, dejé de verle.
Cuál fue mi sorpresa cuando, el domingo pasado, iba yo, toda pizpireta, camino de ver el partido de fútbol, adelanté a una pareja. No me digáis por qué, instinto asesino, depredador, psicosis, paranoia, no sé por qué, pensé en que, a lo mejor, el hombre al que estaba adelantando era mi motero. ¿Cómo hacer para que, con zapatos de cuña barco a los que encima se le ha despegado la mitad de la suela arriesgando tu vida a cada paso, puedas girarte sobre ti misma para comprobar si efectivamente es el hombre por el que suspirabas hace unos meses?
Compleja, muy compleja maniobra. Así que al final opté, como toda cafre y "rompetechos" que soy, por, con dos cojones, hacer como que me molestaba en tacón, aporyar el pie en uno de los pivotes destrozarodillas de la ciudad y girarme de la manera más descarada posible para comprobar que, efectivamente, era mi motero.
En las décimas de segundo que pude verle, porque, como buena mujer que soy, estaba yo más pendiente de ver cómo era la chica que llevaba al lado, no me pareció nada del otro mundo, demasiado rubio para mi gusto, quizá, pero no tan hortera como se me aparecía de lejos. La tía, un cardo, obviamente, como todas las que debemos odiar por el simple hecho de ir de la mano de un tipo al que seguramente no aguantaría ni tomando un café. Pero eso sí, alta, lo que me jodió, por aquello de los complejos adolescentes.
Lo peor y más patético de todo, si es que se puede superar el nivel establecido previamente, es que se dieron cuenta de que me había parado para mirarles y esbozaron, sin mirarse apenas, una sonrisa maliciosa que, la verdad, me sentó como el culo.
Con todo ello, por tanto, creo que puedo dar por concluída esta historia de amor platónico.

martes, 26 de junio de 2012

Si no puedes con ellos, únete

Hace una semana de mi fatídico examen. Y digo fatídico porque se presentaba como la "Crónica de una muerte anunciada", aunque en principio me muestre optimista con el resultado. Cuestiones académicas a un lado, este post hace hincapié en un pequeño cambio de actitud hacia mi persona. Porque si no les vences, únete a ellos.
Los últimos días previos de verdad hubiera querido redactar algunas líneas con mis confusos sentimientos, que oscilaban entre el llanto y la risa, pasando por una apatía extraña en mí.
Llorar por entrenadores de fútbol prematuramente trasladados al barrio de los muertos, ataques de egolatría y de paranoia de envergadura demasiado amplia incluso para Stalin, pasando por un contraste entre "toquitis" y "mimosidad" preocupante. Pero lo sorprendente del tema es que siempre partía del concepto de la causa, asumiéndolo como una parte connatural del proceso que estaba viviendo.
Curioso el proceso este de pensar que te estás volviendo loca, pero si en realidad crees que te vuelves loca entonces estás cuerda. Un pez que se muerde la cola.
Y como consecuencia de esto, he decidido sacar la gamberra que hay en mí. Empezando por esperpentizar mis defectos, reirme de mí (sin dejar, y aviso ya panda de cabrones, que os conozco, que los demás lo hagan) e intentar reirme un poco más de mis fracasos y tomarme con más relativismo las cosas y, si no soy capaz, por lo menos quedarme bien a gusto gritando con vehemencia cosas lindas y finas que recuerden a las peleas clandestinas de suburbio.
Así que intentemos sonreir a las cosas buenas y asumir que siempre va a haber algún listillo que se ría de uno, con más o menos razón y muchas veces posiblemente tocando los cojones a dos manos, pero puede ser que si nos reimos con esa persona de nosotros mismos, empiece a hacer una introspección y de paso conocerse un poquito mejor. Y si no la hace, peor para ella.

domingo, 20 de mayo de 2012

Si me quieres, lo disimulas muy bien

Soy capricornio. Capricornio de las chungas además. Y me gusta planear mi vida. A saco. Lo que pasa es que la vida no se planea. Es más, cuánto más la planees, más fuerte te das la hostia. Ya me ha pasado, pero me repongo y aunque durante un tiempo deje de hacerlo, al final, vuelvo a mi ser.
Pero ahora no puedo. Me resulta demasiado inquietante. ¿Qué vas a hacer en verano? Preguntan. ¿Vendrás a verme en mi estancia fuera de Madrid? Yo qué sé ¿Organizamos algo por los aniversarios que pasan? ¡Si no tengo ni tiempo para ir! Y siempre es la misma dolorosa respuesta. No lo sé. Vivo cada día en el diagrama de flujo que me he construído, viendo, por supuesto, una de las opciones como la peor y también la más posible. Porque a mi capricorniez se le añade el ser más pesimista que Schopenhauer y por supuesto mi vida termina en una cuneta de alguna ciudad de tamaño medio donde lo más interesante que se puede hacer es ver la televisión.
Pero, cuando esa sensación de incertidumbre se me agolpa en la garganta, pienso (y a veces funciona) en el dicho ese de "De aquí a 100 años, todos calvos". Y es que en realidad, el año que viene, para bien o para mal, esto habrá acabado, y podré ir haciendo todo lo que me salga de los cojones. O no. Pero eso ya llegará. Así que, en realidad, todo tiene la justa importancia. Y la verdad que lo que me importa más es el estar bien con mis amigos y darles por saco lo suficiente para que, aunque no me vean, no se olviden de mí, y para ello tengo múltiples herramientas. Lo único que tengo que empezar a pensar es cómo voy a hacer cuando me den las irrefrenables ganas de hacer algunas cosas no compatibles con el estudio, pero para eso ya tengo la medicación que mata la creatividad. Si no os lo creéis, aquí tenéis este mierder-post para comprobarlo.

martes, 10 de abril de 2012

Manual de instrucciones para tratar con una opositora


Como veo que la cosa se está complicando, aquí vienen unas sencillas reglas que nunca debes dejar de atender cuando te relaciones con una opositora (que encima tiene bastante mala leche):



1. Nunca NUNCA Nunca jamás debes decirle cuando la veas si quieres evitar sufrir amputaciones de miembros de mayor a menor importancia.:

a. ¿Qué pasa? ¿Qué haces que no estás estudiando?

b. Bueno, opositar y no hacer nada, viene a ser lo mismo

c. No sé para qué te presentas, si todos los puestos están ya asignados a dedo

d. Yo creo que deberías estudiar de esta manera, porque tu método es una pérdida de tiempo



2. JAMÁS le digas nada de esto si no quieres que se te ponga a llorar y no pare en HORAS:

a. Buah, pero sois muchos los que os presentáis para las plazas que son.

b. ¿Cuál es tu opción si no apruebas?

c. No ligas porque estás con la oposición.... ya verás cuando seas funcionaria

d. ¿No has cogido peso? (está la otra vertiente, la de adelgazar, pero no me sirve a mí, así que, chitón)



3. Mucho cuidado con hacer insinuaciones del tipo si quieres salir vivo:

a. Te hubieramos llamado, pero pensamos que estarías estudiando.

b. No puedes pretender aprobar a la primera

c. Y cuando apruebes, ¿Qué vas a hacer? ¿Poner sellitos? ¿Qué opciones de proyección profesional tienes?

d. Ay, claro, tú es que no sabes de esto, como no estás trabajando...



4. Para tener contenta a una opositora, es mejor emplear estas otras frases:

a. Tía, qué tesón, te admiro, yo no podría...

b. Muchísimo ánimo, ya verás como todo va a ir fenomenal

c. Es un pequeño tiempo, pero luego verás como puedes volver a disfrutar de la vida

d. Cuando quieras desahogarte, ya sabes, charlando, yendo de fiesta, echando un p..., bueno, que puedes contar conmigo



Con estas instrucciones básicas, es posible que sobreviváis a la dura interacción con una opositora, salvo si vives con ella, que entonces, estás jodida, porque no sabrás nunca por dónde te puede venir la coz de mala leche aunque no hayas cometido ningún error siguiendo estas pistas.

viernes, 6 de abril de 2012

Cosas que hacer en Madrid cuando estás muerto

Las vacaciones de semana santa la gente las ha cogido como si en vez de ser cuatro días bien contados, fueran realmente una semana.

El caso es que yo, para bien o para mal, no me he ido y, además, me los he tomado libres. Es curioso porque no hay casi nadie en Madrid, pero eso, en realidad, no me importa demasiado.

Lo bonito ha sido la relación que tenía con el calendario pensando en cuando llegaran estos cuatro días y dejándome llevar, nuevamente, por lo que haré cuando toda esta historia termine, allá por, esperemos, 2013.

El caso es que también he llegado a varias conclusiones en los últimos dos meses.

La primera de ellas es que oposición y noviazgo es una cosa complicada de compaginar. Que oye, no quita para tener un rollo (o dos o tres, según la capacidad de hacer malabares que tenga un0), perfectamente, sobre todo para esos días de falta de concentración. Yo, por mi parte, habida cuenta de que tengo varios grupos de amigos, pienso que lo ideal serían dos rolletes simultáneos, para no volverme demasiado celosa (en otra ocasión mencionaré todos los trastornos físico/mentales de la oposición).

La segunda de ellas es que, de repente, te apetece hacer todas esas cosas que cuando estabas inmersa en otra actividad menos absorbente, como incluso, hacer limpieza de armarios, pasando, por supuesto al goce y disfrute de todo tipo de arte: exposiciones, cine, teatro, literatura...

Y la tercera es la autodejación. Que tú asumes que no eres Catherine Zeta Jones (por poner), pero Quasimodo tampoco. Y como que te dan ganas de vez en cuando (ojo, subrayo), de vez en cuando de coger el chándal y ponerte a sudar . La verdad, seamos sinceros, mejor sudar en compañía, así como ir al cine, más que nada para luego poder comentar la película.

El caso es que, al final, y sin haber acabado para nada este minidescanso vacacional, veo como he escogido los días de menos juerga (o que menos fiesta me apetecía a mí), porque todo el mundo se ha largado y me veo que, con horas por delante para disfrutar de las cosas que más me apetecen cuando tengo que estudiar, sin embargo, aprovecho para hacer, básicamente, lo mismo que en los minutos libres que tengo cuando estudio.

Al final, va a resultar que hasta en las ganas de juerguear, la oposición me está matando lentamente.

martes, 13 de marzo de 2012

Desde mi ventana

Desde que estoy en esta fase de mi vida en la que no sé bien por qué tengo más puntos de vista que un dado de 20 caras (comentario homenaje mode on), tengo algunos de mis sentidos más desarrollados. Y es que tener delante sistemáticamente el mismo decorado todos los días, hace que te fijes o que interpretes la realidad de otra manera. Ya sé lo que vais a decir, que todos tenemos el mismo decorado todos los días. Ay, amigos, cuando estéis en la cárcel podréis decir eso, pero mientras no estéis en una especie de cédula de aislamiento, no.

El caso es que me asomo a mi ventana por lo menos en un par de ocasiones al día.

Al hilo de esto, hoy, precisamente, me he sorprendido al charlar un momento con mis compañeros de academia y descubrir que ninguno íbamos vestidos de acuerdo con las inusitadas temperaturas. O muy abrigados o muy veraniegos. Y es que, nos hemos visto diciendo cómo nuestras madres respectivas nos comentaban las sensaciones térmicas del exterior. Y cómo yo, en más de una y más de dos ocasiones, no he acertado al coger u olvidar las gafas de sol.

Pues eso, que desde mi ventana se ven muchas cosas. A los de la empresa de alquiler de mesas, sillas, y menaje para eventos trabajar a destajo mientras el viejo, padre del dueño actual, se dedica a imponer su férrea disciplina dando bastonazos contra el suelo. A las ancianas que se paran a parlotear debajo de mi ventana sobre sus achaques, los niños protestando porque no quieren ir al cole, los adolescentes borrachos de vida gritando su asquerosa juventud. También se oyen tacones y se ven motos subir y bajar. Asusta cuando oyes al camión de gas descargando, y más cuando lo ves y piensas en una inminente explosión. Se ve al viejo Pinochet, militar jubilado que se dedica a intentar pegar al romaní de turno que mendiga en la esquina del banco donde él quiere sentarse. Y a la mujer que se trae una silla desplegable para vender la farola en la puerta del supermercado mientras vocifera durante horas en una lengua posiblemente subsahariana con un enfado considerable. Por las tardes, a última hora, si te asomas, verás y oirás a las de la academia de bailes orientales de enfrente, y casi te llegará el olor a incienso que ponen. Como diez mujeres contoneando caderas y agitando los brazos con menos erotismo que un mono oliéndose el culo. El que más gracia me hace es el perro que, desde mi mesa, ladra como si fuera una foca pidiendo pescado, pero no es más que un 20 metros cabreado porque le han dejado al lado de la señora que grita.

Los sábados y los domingos, desde mi ventana, también hay una mujer tocando, en modo permanente e irritante, canciones indescifrables con su acordeón. Pero sobre todo, cuando yo estoy de resaca.

Y los del bar de enfrente, personas que a mí me da la sensación que viven tomando cañas, pero claro, a mí ya me da la sensación de que "la vida es esa fiesta a la que nadie se ha molestado en invitarme", pero me gusta mirarles cuando, los días de partido, están todos mirando hacia el televisor colgado arriba, junto a la puerta, y sus cabezas, alzadas, se mueven sincronizadamente.

Ahora, que alguien me diga que mi vida no es como la de ese espectador que se sienta en la butaca del cine a ver la vida de otros.

martes, 14 de febrero de 2012

Feliz San Valentín

Estaba sentado en el banco del parque, pasando sin mucho tino las canciones de su ipod. Hacía frío, pero también sol. En realidad no se estaba tan mal, si no fuera por ese nudo en la garganta que casi no le dejaba hablar.

A lo lejos llegaba ella, con el paso firme, apretado, con su abrigo marrón, su bufanda, sus gafas de sol, su gorro... Vamos, que sabía que era ella porque se dirigía a gran velocidad hacia él. Pensando en por qué diablos le había citado en un parque en pleno mes de febrero.

Él se quitó los auriculares y le hizo un gesto para que se sentara junto a él, en el banco, como las ancianas que dan de comer a las palomas. Ella, al llegar junto a él se quitó las gafas. Le sorprendía su seriedad, su casi indeferencia. ¡Si era él quien había querido quedar! ¡Con todo lo que le quedaba por hacer! Se sentó. Le miró. Tenía el ceño fruncido como un acordeón. Las cejas arqueadas en forma de interrogación. No se atrevió a abrir la boca, no fuera a ser peor. Él le puso sus cascos, y le dió al play. Sonaba "I've just seen a face" de The Beatles. Extendió su mano, en ella había un papel doblado en cuatro partes. Ella lo recogió, lo abrió mientras las primeras notas hacían que su corazón fuera al mismo ritmo. No entendía nada. "Qué tío tan raro, carajo", pensó. Al abrir el papel, empezó a leer en una casi infantil caligrafía:


" No soy bueno escribiendo, pero soy aún peor con las palabras.

Quizás es cierto que te sobran cinco o siete kilos, es posible que el espesor de tus patillas se esté incrementando y seguramente nunca volverás a tener las tetas tan altas como cuando te conocí. Tampoco creo que nadie nos mire cuando nos crucemos por la calle, ni que la gente murmure que cómo he conseguido que una chica diez me dé un pico cuando llega a buscarme.

No creo que por las mañanas vayas a estar más guapa que con dos horas de preparación para una gran fiesta, ni que el humor se te mejore con la edad. No creo que pueda convencerte de que el baloncesto es divertido, ni quitarte la manía de ver programas del corazón y que luego pretendas contármelos. Dudo mucho que me acostumbre a comer cereales para desayunar o que tenga que fingir que me interesa a lo que se dedica tu padre en largas charlas los domingos de sobremesa.

Pero ten por seguro que si aceptas seguir a mi lado, tendrás mi alma en cada caricia que te haga, tendrás mi oxígeno antes que yo pueda respirarlo para alimentar las flores de tu boca y te consumiré a besos en cada ocasión que el tiempo me dé antes de caer en brazos del sueño eterno. Diré que no me arrepiento de estar a tu lado cuando todo lo malo se junte en nosotros. Que estaré pendiente de que seas feliz y que todos los días viviré para arrancarte una carcajada."


Él quitó la música, ella se giró hacia él, le miró con la exclamación saliendo de su nariz y le espetó: "¿Me estás llamando gord...?" y antes de que ella pudiera terminar, la agarró de la mandíbula y le dio el más apasionado de los besos que ese banco vio jamás, tan apasionado fue que hasta unos adolescentes que pasaban por ahí se escandalizaron porque sintieron envidia de que alguien estuviera vertiendo su ilusión de manera tan suicida en el alma de otra persona.

Cuando se separaron, ella se enfadó, recogió su bolso, guantes y gorro del suelo, donde se habían precipitado con tan vehemente ósculo y se alzó como un millar de palomas cuando un chico irritante lanza un petardo.

"¡Nunca había leído tantos insultos juntos! Indignada se alejó, farfullando una mezcla de pensamientos aún aturullados y una fogata que le salía del pecho, no sin antes tirar la carta sobre sus brazos, abatidos por el esfuerzo de intentar secuestrar su amor. Él sólo acertó a decir "¡Piénsatelo y me dices!".

Con la dulzura con la que una madre arropa a su pequeño cuando duerme, cogió su retoño, lo dobló, y se guardó con la resignación de un héroe batido en combate la carta en el bolsillo.

lunes, 6 de febrero de 2012

Canciones que cabrean

Hace un tiempo que llevo queriendo criticar una letra de una canción porque me parece muy machista. Y por si fuera poco, a las tías les encanta. A mí, personalmente, me pone bastante nerviosa. Sobre todo porque no es una canción de amor a una chica, no, no os engañéis, es una canción de amor a sí mismo por lo guay que es con su novia. Casi como un lanzamiento de reproches uno detrás del otro. Encima se piensa que lo hace bien el chaval. Veamos cómo.

Quien te llena de alegría? como yo
Quien te besa quien te mima? solo yo
Quien te da tanto cariño? como yo
Quien te da lo que tu pides? solo yo
Bien, si observamos estos cuatro versos, básicamente dice que aquí el que mola de verdad en la relación es él, no tú, que parece que no te das cuenta, idiota, que el que está pendiente de ti soy yo y tú vas de crecidita por la vida.
En psicología seguro que hay un término para esto, yo, simplemente, lo llamo "vamos a hacerte sentir mal". Que también, si nos ponemos, el tío da por hecho que la llenas de alegría (25cm de romanticismo como decía aquella peli) y que le das lo que pides, que en mi fuero interno no paro de preguntar que qué sabrá él lo que ella pide o deja de pedir. ¿Le has dado los informes que lleva una semana pidiendo al de financiero? ¿A que no?
Te juro amor yo por ti daría toda la vida
seguro estoy que jamas nadie te ha querido como yo
Yo no es por malmeter, pero ¿seguro que la quieres más que la madre que la parió? Me parece que establecer términos comparativos aquí es básicamente hacerse el guay.
Quien te quiere y te cuida como yo?
Quien te alegra los días como yo?
Quien te da desayuno en la cama y te hace sentir una dama?

Continuemos:
Concepto cuidar... ¿Qué es? ¿Un caniche? ¿Una planta? ¿O una mujer adulta que posiblemente en cuanto estornudas dos veces te metes en la cama y se pasa una semana llevándote calditos?
Lo del desayuno en la cama, podríamos dejarlo pasar, pero a lo mejor ella lo que prefiere en vez de eso es que no dejes el ¡puto tetrabrick de leche vacío en la jodida nevera!
Y sentir una dama... ¿vamos a volver a lo de la planta en versión s.XVII o qué? Además, que eso está pasado de moda, ya Sabina estableció aquello de "La más señora de todas las putas y la más puta de todas las señoras", a ver si encima de tener que aguantar insultos, ñoñerías y sandeces, a la chica la tienes dándole besitos en la mano.
Quien te admira como yo?
¡Minipunto para el chaval! ¡Menos mal! aunque habrá que ver en qué la admira. ¿En labores de plancha y costura?
Quien te piensa y te ama como yo?
Quien te lleva a conciertos mas viajes en barco a cruzar nuevos mares?

Estos dos conceptos: quién te lleva. Volvemos al concepto jarrón, por lo que veo. ¿qué te pasa, alma de cántaro, que no crees que pueda ir solita?
Quien respeta tu espacio?
Quien entiende tus días de cambio?
Quien saca lo bueno de ti?
Yo con estos tres versos creo que estrangularía a alguien, sinceramente. Es como diciendo "fíjate qué bueno soy, que te concedo un espacio propio: la cocina". El entender los días de cambio me parece sacado de algún libro de la Sección Femenina o algo así. Tronco, hace mucho años que dejaron de contemplar el síndrome premenstrual como atenuante en los delitos. Pero vista esta canción, ¡lo habría puesto como eximente!
¿Quién saca lo bueno de ti? No nos quejemos, la chica ha ascendido de planta a vaca.
Por favor no te olvides de mi (Yo no podría)
Quien te besa en las mañanas? como yo
Quien te cura cuando enfermas? solo yo
Quien te escuchara las penas? como yo
Quien te ama y quien te alegra? solo yo
Por último estos cuatro paradigmas del amor casto y puro. Ahí damos la razón a este insigne cantante (o en su defecto al que le compone las letras) que es cierto que lo del aliento mañanero es tanto o más repugnante como lo del minicharquito de pis en el suelo del wc, que vives con un tio y no vuelves a ir al baño descalza en la vida. Lo de curar cuando enfermas, hombre, es relativo, porque hay una cosas que se llama ser hijoputa y dejarla a la intemperie. Lo de aguantar las penas es también como compensación a aguantar a tus colegas muy posiblemente y sobre todo está el hecho nada trascendido de que ¿por qué deduces que eres el único que la soporta, la cuida y la mima? ¿Eh? ¿Acaso la tienes secuestrada? ¿O siemplemente es una amenaza? ¿O te has pasado los cinco últimos años insistiéndola para que dejara de ver a su familia y amigos? No sé, me parece increíble que venda como canción de amor una letra totalmente onanista que roza varios delitos de apología del maltrato, del chantaje y de la misoginia en realidad.
Te juro amor yo por ti daría toda la vida
seguro estoy que jamas nadie te ha querido como yo


Os dejo con el link: Carlos Baute- Quién te quiere como yo