Que te escribía un blog entero



viernes, 2 de noviembre de 2012

Me han engañado

Me han engañado.
Me siento estafada, timada, no hay cosa que me pueda molestar más que sentir que me toman por tonta.
Pero lo han vuelto a hacer.
La vida era esto.
¿Por qué nos han envenado con falsas esperanzas, falsas apariencias, dándole importancia a las cosas que luego no la tienen? Si en realidad sólo importa lo que los demás piensen de ti, lo que puedas demostrar con tarjetas de crédito y con avales bancarios. Si vales tanto como lo que tienes.
¿De qué me sirve haber intentado convencerme a diario de la importancia de la amistad, del amor, del cariño, de esos momentos junto a la orilla del mar al atardecer? Si lo que de mí se valora son sólo números: lo que mido, lo que peso, lo que gano al mes, lo que me costó el coche, la moto, el bolso que llevo y los zapatos, la hipoteca o el alquiler, a cuántos kilómetros de casa estuve en mi último viaje.
Y así te vas juntando con la gente que tiene números similares a los tuyos. Inconscientemente, pero en cierto modo real.
Yo que pensaba que la vida iba a ser otra cosa que no fuera estar comparándome todo el día con los demás, sobre todo en este régimen de semipresidio en el que me encuentro, esta cárcel de oro en la que nadie entra porque no se lo permito, porque me vuelve invisible, pero que aún no he conseguido que se vuelva opaca para no ver cómo la gente a mi alrededor no es que se mueva con estos números, sino que además es feliz haciéndolo. Y yo no siento otra cosa más que envidia. Envidia hasta de lo malo, fíjate, pero no una envidia dañina, sino una de esas de "¿y yo por qué no?" Pero mientras tanto pasan las estaciones, las fases y las historias, y aquí sigo, ya no tan asomada a las rejas de mi jaula, porque, total, todo lo que hay alrededor es de mentira. Lo bonito será cuando coja la llave que guardo en el bolsillo de mi corazón y abra la jaula, porque no sé si voy a ser capaz de sobrevivir ahí fuera.

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