Cuando te enfadas con alguien y no se lo dices, la única persona que sale perdiendo eres tú.
También hay quien dice que los viejos rencores que de nada sirven, que nada cambian, hay que dejarlos marchar. Hay quien cree que la mejor manera de olvidar o de perdonar, mejor dicho, es entendiendo el comportamiento de esa persona que te hizo daño.
Olvidar, es humano. Perdonar dicen que es divino. Pero creo que al final casi es más fácil comportarse como una deidad que comportarse como un humano. Será que a mí me falta humanidad.
Lo que me ocurre, y llevo varios días dándole vueltas al tema, es que, aunque sea inútil a mí, a los demás, a la generalidad en su todo, existen en mi experiencia personal casos en los que no puedo perdonar.
Me cuesta mucho, porque no entiendo los porqués, porque bajo la perspectiva de aquel momento no lo supe ver, porque a lo mejor es aún pronto y me falta madurez. No encuentro el entendimiento, no encuentro la racionalidad del perdón. Vivo con el olvido, evidentemente, pero no comprendo por qué me arden las tripas cuando recuerdo ciertas situaciones. He vivido otras, mucho peores sin duda, que, al cabo de un tiempo, podía comentar con total naturalidad. Estas no.
A veces imagino situaciones en las que están ahí delante y el tema está presente. No soy capaz de decir "te perdono", sino que me imagino que son los demás los que me responsabilizan de ese recuerdo.
He llegado a la conclusión de que, en realidad, no tengo que "perdonar" a esas personas por lo que creo que me hicieron, sino que me tengo que "perdonar" a mí misma.
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