Que te escribía un blog entero



lunes, 29 de noviembre de 2010

Amigüitos

El concepto de amistad es una cosa que se ha analizado pormenorizadamente durante mucho tiempo. Y nadie puede, creo, definir a un amigo sin caer en una cita que parezca sacada de un power point de ositos y brillantina.
Sin embargo, creo que el poner la etiqueta a una persona de "AMIGO" es algo que últimamente oigo con bastante frecuencia. Y es que entiendo que hay muchas variables.
Hasta que no terminé la carrera no entendí eso de que la cotidianeidad estrecha lazos, porque cuando acabé, fue cuando me di cuenta de que muchos se deshacían.
Yo siempre me jactaba con mis amigos de la facultad que eran "simples compañeros". Me las hacían pasar moradas luego cuando les pedía un favor de amigo. Claro, que eso también se fue diluyendo conforme nos pillábamos "morados".
En cambio, insisto, últimamente veo a mi alrededor que mucha gente llama "amigo" a meros compañeros, colegas, conocidos. Lo único que espero es que las personas que dicen tener tantos amigos sepan en su interior que en realidad no lo son. Porque cuando necesiten de un amigo se darán cuenta de que todos esos no son más que humo que se deshace.
Y no quiero caer en el típico dicho de que a un amigo no hace falta llamarle cuando se le necesita, pero es cierto que la amistad entiende poco de distancias y de tiempos. Y tampoco quiero decir con esto que al amigo sólo hay que darle el coñazo cuando estás jodido, que tampoco. Yo no aguntaría al típico amigo que te llama para llorar pero luego los copazos se los toma con otros.
El caso es que es verdad que tenemos que ser conscientes de que ni toda la gente que nos trata bien es porque les caigamos bien, ni todos los que creemos son de verdad nuestros amigos, simplemente compañeros de viaje, otras veces algo más. Porque la persona que sólo se fija en sí mismo, no entenderá los gestos y los sacrificios que hacen sus verdaderos amigos cuando les necesita. En cambio, una persona que sabe muy bien a quien llamar amigo, podrá sentirse totalmente libre y cómodo en su relación con los demás.

domingo, 28 de noviembre de 2010

MANIPULADORES

Ayer vi una película muy interesante. Se llamaba La Flor del Mal y entre sus protagonistas estaban Michelle Pfeiffer, Robin Wright Penn, Alison Lohman y Renée Zellweger. Me pareció que tenía un buen planteamiento (un pésimo final, pero bueno, cada uno resuelve las cosas como sabe).
Me hizo reflexionar mucho sobre la manipulación.
La manipulación es mucho más sencilla sobre personas que te quieren o que se encuentran en una posición de inferioridad respecto a ti. Intelectual, social, laboral, emocional... Son factores que determinan aquel proverbio árabe que decía: "Si me engañas una vez, será culpa tuya; si lo haces dos, será culpa mía".
En esta semana se ha celebrado el Día Contra la Violencia de Género. Y, sin querer entrar en polémicas, creo que la mejor manera de combatirlo es la educación. Pero no sólo ya una educación en valores y en respeto, sino un educación para que las mujeres tengamos una autoestima REAL sobre nosotras mismas.
Y es que, ¿cuántas veces hacemos cosas sin querer? ¿Cuántas veces relegamos a nuestras decisiones por las de los demás? Quererse es respetarse, en ser sincero con nosotros mismos y ser capacer de decir que no cuando queremos decir que no y lo que queremos cuando se nos preguntan.
Ya no te esperas verte respondiendo cuando te preguntan "¿Qué quieres hacer?" lo que de verdad quieres hacer, sino que dices un "Lo que tú quieras".
¿A quién beneficia eso?
La manipulación es, por tanto, un arma de doble filo, porque si tú me engañas una vez, la culpa es tuya. Si lo haces dos, es mía, porque no me quiero lo suficiente como para negarte. Porque el que manipula lo hace sobre alguien a quien sabe que puede manipular, no se va a centrar en alguien que esté seguro de sí mismo.
Me he hartado de sentirme pequeña cuando mucha gente se dirige a mí. Se acabó. Llega... La Morena.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Explosiones a gogó

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La verdad es que estoy indignada.

Por muchas cosas, pero sobre todo porque me doy cuenta de la incapacidad de comprensión de la gente. Es cierto que muchas veces nos ofuscamos ante una realidad. Que hay cosas que se dicen sin ton ni son y que luego se piensan y crees que te has pasado. Hoy no, hoy tengo un día de esos en los que dices GILIPOLLAS y notas como de tu boca salen cada una de las letras, que la agresividad es algo incontrolable y que cogerías una botella y que se la romperías al primero que vieras.

Así estoy yo, con una inversión en terapia de choque para "dejar de juzgar" y con unas ganas espantosas de matar.

Ahora mismo, me siento capaz de descabezar vacas a mordiscos.

No lo haré, será como Carl Winslow cuando decía aquello de "1, 2 y 3; 4, 5 y 6, yo me calmaré, todos lo veréis".

lunes, 22 de noviembre de 2010

Y dale Perico al Torno

Sigo dándole vueltas al paralelismo constante entre nuestra vida adulta (o post-adolescente, en mi caso) y a nuestra infancia.
Me explico por qué.
Cuando yo era pequeña e iba al parque, a los columpios, siempre había más niños. Yo siempre me he bastado y me he sobrado sola para jugar, pero la interacción con los demás era habitual. Una cosa que odiaba hasta el punto que casi no respondía era a la famosa pregunta de "¿Quieres ser mi amiga?". Automáticamente salía un resorte dentro de mí diciendo que NO. Por dios, ten dignidad, delicadeza, empecemos por tirarnos por el tobogán un par de veces antes, ¿no? No puedo ser amiga de alguien a quien no conozco, ¡por favor!
En mi adolescencia, una chica que ya era muy popular, envió a una de las que querían ser ella, en esa relación idolatría-ojalatecaigasytescuernes, a preguntarme si quería ser su amiga. Mi respuesta: que venga ella a hablar conmigo. Nunca vino. Sólo quería ponerse el pin de amiguita del mes.
Se me ocurren paralelismos nocturnos bastante evidentes, pero me ceñiré al que me he encontrado con esta situación ya midiendo lo que una mide. Si quieres que sea tu amiga, empieza a tratarme como tal, no preguntándome si lo quiero ser. Evidentemente, ante esto, el silencio vuelve a darme la razón.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Carta a una política de excepción

Muy Señora Mía,

Le escribo esta carta sin ninguna intención de ofender o de entorpecer su manera de pergeñar la política madrileña, pero dígame usted, sinceramente, si no haría lo mismo que yo si viera que alguien le intenta quitar lo que es suyo. Pues usted, muy Señora Mía, está quitando lo que es propiedad de otras personas.
Empezaré por decirle que, por mucho que a usted le pese, el poder ejecutivo es limitado (aunque según con cuáles políticas de descentralización de competencias nos encontremos) y temporal, sobre todo para aquellos que lo ejercen. Entiendo que usted haya nacido y se haya educado en aquellos gloriosos tiempos en los que mandaban siempre los mismos y los pobres eran esos a los que al salir de misa se les daba un real. Pero es que las cosas ya no son así y los bienes públicos son eso, públicos, lo que quiere decir que son de todos y no se deben vender a sujetos privados, generalmente, amigos.
Porque el que usted recomiende a su compañero y leal amigo, al que sólo le desea lo mejor y se deshace públicamente en halagos hacia él, que se deshaga de propiedades de todos los madrileños como consecuencia de una muy deficiente gestión del Ayuntamiento, no resulta del todo sensato. Es como si un toxicómano le coge la televisión a su madre para empeñarla y comprar más droga. El hecho de que su alma gemela no haya sabido hacer su trabajo y que ahora se encuentre en una situación delicada, no tenemos por qué pagarla los ciudadanos de la Villa de Madrid.
También, y con esto no le quiero robar más tiempo, muy Señora Mía, soy consciente de que dirigiéndome a usted haciéndole saber que lo que incita a hacer no es ni legítimo ni ético, es como intentar que un perro cante la Traviata. Pues qué le puedo yo pedir a usted, cuando tiene la firme intención de vender la Empresa Pública que nos lleva a todos el agua a nuestras casas. Que se trata de la única empresa pública que obtiene beneficios y que, con su venta, también gente muy relacionada que sigue coleccionando reales para dárselos a los pobres diablos a las puertas de las iglesias, podrá mercadear tranquilamente con la calidad del agua que bebemos, que es, en mi humilde opinión, de las mejores del mundo.

Sin más dilación, me despido de usted con un cordial saludo.

Firmado: Una madrileña.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Canciones

Ando últimamente algo preocupada con una canción que no entiendo bien la letra... Y no, no es de Shakira.
Es una canción infantil que llegado a un momento determinado dice "Y si tú no me quieres/ otro amante me querrá".
Bien.
Bueno, vale, de acuerdo.
Que niños de 4 o 5 años hablen de amantes es algo que, cuanto menos, me extraña un poco, pero visto lo visto, debe ser habitual a tenor de las declaraciones de magnánimos periodistas, presentadores y contertulios televisivos. Pero no sé, el hecho de que te enseñen a tener la agenda negra desde pequeño, no sé yo si es muy sano. Ah, tú te lo pierdes, viene a decir la canción. Como si tener una relación con alguien fuera el ganarse algo o no, mercadeando vamos.
El caso es que anodada me hallo porque, y lo peor de todo es eso, ¿en qué canción estaba esa frase??? ¿En el corro de la patata? ¿En el achupé? No sé, le tengo perdida la pista... Esperaré supongo a encontrarme con algún niño que tenga más amantes que cualquier veinteañero. Ya quisieran ellos!

domingo, 14 de noviembre de 2010

Un petite hommage

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Son bastantes las ocasiones que tuve, a lo largo de mi vida, de ver y charlar con él.

Podría contar las conversaciones que teníamos sobre mis zapatos sin tacón, de cómo me hacía pasar dos veces por la parada de un autobús porque había visto a una chica que le parecía guapa, pero quería verificar si realmente lo era.

Podría contar cómo iba a enseñarle en mi diccionario extranjero que pesaba más que yo a demostrarle que aparecía "berlanguiano" entre sus vocablos.

También contar cuando le regalé una muñeca "cuasi-dominatrix" que compré en un por aquel entonces llamado "todo a cien".

Pero quizá la vez que más me gustaría recordar fue la del estreno de París Tombuctú. Fui con mis padres, tendría unos catorce o quince años. Al acabar la película con un claro homenaje a "Celebrity" de W. Allen, con aquellas palabras escritas en un Toro de Osborne con una flamenca encima, "TENGO MIEDO L.", yo me emocioné y en cuanto salí de la sala me lancé a sus brazos casi de una manera instintiva. Luis, un abuelo como de los que quedaban pocos, me abrazó y me dijo "qué te pasa?", mientras mis padres se justificaban por la tontería crónica de su hija. Entonces, me miró y me dijo: "¿Sabes? Sólo hay dos personas que se han emocionado con el final de la película, mi hijo y tú".

Luis tenía la capacidad de hacerte sentir especial, porque, ¿quién no tiene miedo alguna vez? Gracias por existir.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Soy un fraude

"Hola, me llamo M, tengo 26 años y vivo en Madrid".
Hasta ahí.
Es todo lo que es cierto sobre mí.
Siempre me he imaginado en una especie de círculo de AA, solo que de mentirosos compulsivos o de gente rara de cojones. Es curioso. Hay gente que se imagina que el bote de champú es un oscar y yo, que estoy delante de un montón de gordos en chandal, preferiblemente sucio, diciendo que "Mi problema es que soy un fraude".
A partir de ahí todo me sale rodado.
Estoy segura de que cuando apruebe la oposición saldré diciendo "He tenido suerte", "No era tan complicado", "Esto lo puede sacar cualquiera, qué mérito va a tener...". Pero me pasa desde siempre. No sé por qué. Lo único con lo que no puedo engañar es con que me paso la vida a dieta para llegar al puñetero peso ideal, que disimulo muy bien con mis pantalones negros.

martes, 9 de noviembre de 2010

Perdonar

Cuando te enfadas con alguien y no se lo dices, la única persona que sale perdiendo eres tú.

También hay quien dice que los viejos rencores que de nada sirven, que nada cambian, hay que dejarlos marchar. Hay quien cree que la mejor manera de olvidar o de perdonar, mejor dicho, es entendiendo el comportamiento de esa persona que te hizo daño.

Olvidar, es humano. Perdonar dicen que es divino. Pero creo que al final casi es más fácil comportarse como una deidad que comportarse como un humano. Será que a mí me falta humanidad.

Lo que me ocurre, y llevo varios días dándole vueltas al tema, es que, aunque sea inútil a mí, a los demás, a la generalidad en su todo, existen en mi experiencia personal casos en los que no puedo perdonar.

Me cuesta mucho, porque no entiendo los porqués, porque bajo la perspectiva de aquel momento no lo supe ver, porque a lo mejor es aún pronto y me falta madurez. No encuentro el entendimiento, no encuentro la racionalidad del perdón. Vivo con el olvido, evidentemente, pero no comprendo por qué me arden las tripas cuando recuerdo ciertas situaciones. He vivido otras, mucho peores sin duda, que, al cabo de un tiempo, podía comentar con total naturalidad. Estas no.

A veces imagino situaciones en las que están ahí delante y el tema está presente. No soy capaz de decir "te perdono", sino que me imagino que son los demás los que me responsabilizan de ese recuerdo.

He llegado a la conclusión de que, en realidad, no tengo que "perdonar" a esas personas por lo que creo que me hicieron, sino que me tengo que "perdonar" a mí misma.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Ilusiones - Visiones


Este fin de semana he estado algo enferma.

Algunos dicen que es un virus que se me ha agarrado al estómago, otros que puede ser algo que he comido. La verdad es que me da bastante igual. Cuando uno se pone pachucho, lo cierto es que lo único que le importa es curarse.

A veces me da por pensar en que soy una cobardica, en que la enfermedad es un castigo divino o algo así.

Sin embargo, creo que no tiene nada que ver con eso. En este caso ha sido, simplemente, que mi sistema digestivo necesitaba un reseteo o una vuelta a empezar.

Porque hay veces que me paso bastante comiendo lo que no debo, sobre todo, siendo algo delicada del estómago.

Lo único positivo es que pusieron "1,2,3 splash" en la televisión. Me gustaba mucho de pequeña esa película. La sirenita con personas. Tom Hanks parece que no había hecho ni la comunión en esos tiempos.

Lo duro de estar con un cólico es que la cabeza también se te va un poco. Yo no podía parar de repetir escenas de una serie muy mala que últimamente me da por ver (y que por ello no tengo perdón de Dios, ya lo sé) y canciones chorras. También tuve pesadillas, pero tan reales a mis miedos reales, que no sabía ya si las había vivido o estaba soñando.

Cuando nuestros miedos no son cosas ajenas a nuestra realidad, la verdad es que soñarlas te produce un malestar bastante desagradable, pues no miras a la persona de la misma manera, hasta que tu sentimiento se aleja, como los sueños.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Quiérete, es gratis

Quiérete un poco, cada día, aunque sean sólo cinco minutos. Es gratis.
No importa lo que los medios de comunicación, tus compañeros de oficina, tu familia te digan, no tienes por qué gastarte dinero.

No se trata de comprarte una prenda de ropa porque hoy tesientes capaz de todo y más, incluso de ponértela. Esa euforia se te va a pasar. Tampoco es cuestión de que te cambies el color del pelo cada dos por tres. Ni siquiera es que te des un homenaje a comer o a beber.

Simplemente, quiérete. Aprecia lo que ERES, no lo que haces e intenta estar menos cabreado con el mundo.

Dejo una fotografía del agua de Masaru Emoto, que entiende que según se trate el agua, éste producirá formas más o menos bonitas. Teoría controvertida, cuanto menos, pero, si nos queremos, ¿qué tenemos que perder?

lunes, 1 de noviembre de 2010

Cuando éramos pequeños


Cuando éramos pequeños todo lo que había a nuestro alrededor era ajeno a nosotros. Sólo teníamos a papá y a mamá (los más afortunados). Nuestro día a día se integraba por partes que, en realidad, no entendíamos como conexas entre sí. Es como cuando mi sobrina, un pispajo de dos años y medio le pides que haga algo y te dice "Hoy no, el lunes", como un punto de referencia espacial que ella no comprende pero que es la respuesta que sus padres le dan.

Y a medida que te vas haciendo mayor, lo que te rodea se convierte en un tejido que te envuelve, empiezas a entender lo que es la cronología del tiempo, el devenir de las horas, de los días, de los años.

A algunos, esto les agobia tanto que necesitan cambiar de decorado, como suelo decir, necesitan volver a sentirse como cuando éramos pequeños y, aunque no son capaces de cambiar la percepción temporal, sí pueden volver a encontrarse con la sensación de no saber dónde están, de construir de nuevo, poco a poco, el tejido en donde se encuentran.

Los menos, nunca se resignan a perder esa sensación de "des-ubicación", y van cambiando constantemente. Muchos otros, como yo, por ejemplo, soñaron desde pequeños ser mayores, tanto, tanto, tanto, que cuando quisieron darse cuenta, ya lo eran.

Eso no quiere decir que, cada mañana, cuando nos levantamos, no nos apetezca desayunar delante de los dibujos, que cuando estamos enfermos no queramos que nuestra madre nos haga más caso, que cuando vemos un columpio no queramos montarnos y que cuando estamos tristes no nos queramos subir en las rodillas de nuestros padres, como cuando éramos pequeños.