Que te escribía un blog entero



sábado, 30 de octubre de 2010

Juicios de valor

Todos los días hacemos miles de juicios de valor. Muchos de ellos positivos, otros, negativos.
Ayer tuve una de esas noches "todo plan" que de vez en cuando surgen. Entre los vaios planes, me junté con unos conocidos que me cae muy bien (juicio de valor) y estuvimos de copeteo.
Cuando las horas pasan y las copas también, la exaltación de la amistad se convierte casi en una pauta de comportamiento obligada. Y nos encanta echarnos flores los unos a los otros. Y volver a casa contentos de tener ese tipo de conversaciones, qe nutren nuestro ego que nos deja dormir tranquilos.
Lo más habitual que me suelen decir es que soy "simpática". No el sentido de la famosa conversación de:
"¿Y cómo es tu amiga?"
"Es simpática"
"Ah, o sea que es fea.".
Ante ese piropo sobre mi simpatía, yo tiendo a responder siempre: "Bueno, es mi trabajo". Creo firmemente en que hay cuatro criterios sobre los que definir tu vida. Pero no por los demás, sino por ti mismo, porque cuando estás enfadado con el mundo, estás de mal humor en general, ¿a quién beneficia? A nadie. ¿A quién perjudica? A ti y, a lo mejor, a la gente que te rodea que suele ser a la que quieres. Por lo tanto, es un trabajo de concienciación el que hay que hacer por ser simpática.
Los cuatro principios son el respeto, la sinceridad, la dulzura o bondad y el servicio a los demás.
Para evitar que induzcan a error, los iré explicando próximamente.
Pero volviendo al tema, ¿de qué sirve hacer un juicio de valor sobre otra persona? ¿Nos gusta que nos juzguen? ¿Somos nosotros nuestros peores jueces?

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