http://3.bp.blogspot.com/_tGsrjcpwx3w/SA9OiK4xIhI/AAAAAAAAAE0/yGAOvMToj2A/s1600/pan+y+chocolate.jpg¿Acaso hay una merienda mejor?
Para mí, no.
Y recuerdo cuando era pequeña que nos compraban a mi prima y a mí en la desaparecida pastelería de mi barrio "La Oriental" un suizo con una chocolatina Milkibar de chocolate blanco. ¿Hay algo más bonito? Se me hace la boca agua sólo de pensarlo.
Y eso que soy más de salado que de dulce.
También solía merendar unos petit-suisse. Pero conmigo se quedaban cortos los del "A mí me daban dos" porque yo me jalaba cuatro. Así, del tirón. Y en 1,60 que me quedé.
Luego, si no había suizo, había tortel, pero ese iba sin chocolate, bastante había ya con el cabellito de ángel... Eso sí, el tortel tenía que ser de Mallorca, si no, no era lo mismo.
También había días de salado. Como yo he sido muy "hija única" para eso de las comidas, no me gustaba más que la mortadela, el choped y el jamón de york (y no de cualquier tipo). Ahora los detesto con todas mis fuerzas, os podéis hacer a la idea.
Y siempre había un cumpleaños, por lo menos una vez en semana. Siempre he sido muy sociable, qué se le va a hacer.
Pero, de todos, el mejor era el bocata de pan con chocolate.
Aunque ya no lo como porque luego me da cargo de conciencia. Pero, a veces, como hoy, me doy un homenaje. Es como cuando hace mucho mucho frío, esos días de finales de noviembre o de finales de enero, que vas por la calle y piensas que es imprescindible tomarte algo caliente y entras en una cafetería, te acodas en la barra y dices "Por favor, un colacao bien caliente", y te dan la leche con toda la espumita y le echas el colacao y justo te lo bebes cuando está justo a la temperatura ideal.
Esos son los verdaderos lujos de la vida.
Yo también creo que son los verdaderos lujos de la vida.
ResponderEliminarA lo mejor el problema es que se pasan nuestra infancia inculcandonos que tenemos que a aprender a dejar de ser nosotros mismos para ser adultos.
Y sin embargo no nos dicen que para ser felices lo mejor es ser uno mismo, como cuando te ponías perdido de tierra y chocolate y te daba igual.
Nos inculcan que tenemos que sentirnos culpables por todo lo que hacemos que esté fuera del convencionalismo.
ResponderEliminarY a veces te das cuenta de que los que realmente son felices son aquellos a los que, de verdad, les importa una mierda lo que piensen los demas.