Bueno, psicópatas no son, pero son de esos que se excitan con sólo rozarte el pelo. Que a ti te da un escalofrío horroroso porque te sientes a un paso del foso del loco de "El Silencio de los Corderos".
El problema es que a veces el tratamiento que ellos toman o las animadoras rubias de pompones que hay en mi cabeza jalean eso de "¡Una oportunidad, una oportunidad!" y permito que se tomen demasiadas confianzas.
Otros a los que suelo atraer son a los "Minuto 90", esos que a las 3 a.m. se les ha acabado la fiesta, van más calientes que el palo de un churrero y como no han pillado otra cosa, te escriben preguntando si estás por ahí. Por ahí te mando yo, hijo. Pero eso es otra historia.
Entre los "psicópatas" como a mí me gusta llamarlos, aunque mis amigos digan que soy una tremendista, cosa que es absoluta y rotundamente cierta, he encontrado personajes o personajillos graciosos hasta el momento en el que te das cuenta de que no están hablando en broma. Ahí es cuando pones esa cara de fondo de pantalla y tu cerebro mantiene la siguiente conversación:
- "Venga, Morena, localiza tu bolso. ¿Lo tienes a mano?"
- "Sí, pero el abrigo no... me tendría que acercar demasiado"
- "¡Olvídate del abrigo, por el amor de dios! ¡Algo habrá que sacrificar! Ahora es cuando le dices que tienes que ir al baño y una vez estés de pie, empiezas a correr como si no hubiera un mañana".
Pero no lo haces. Al final, como son personas desequilibradas, tienes que optar por ser muy sincera y decirle "Mira, es que acabo de tener una bronca que te mueres con unas amigas y cuando se me pase el disgusto te llamo" (hecho real... hace más de dos años... pobre infeliz, qué crueldad) o bien optar por el distanciamiento... Distanciamiento que básicamente consiste en bloquearle en las redes sociales y cambiar de número de móvil, tampoco nada del otro mundo.
Así, para hacer mención a alguna psicopatía con la que me he cruzado, a parte, por supuesto con el que tocaba el pelo como modo de excitación y que sembró lo que ahora se podría llamar un trauma cuando era adolescente, hay otros que hacen cosas muy raras. Por ejemplo, hablar de sí mismos en tercera persona. Que al principio piensas que está de broma, solemnizando mucho lo que dice, pero luego no. Nombrándose a sí mismo con apellidos y todo. Miedito me sigue dando cuando lo pienso.
Otros que te mandan distintos iconos al wasap que forman en su conjunto una obscenidad o los que directamente te mandan fotos poco apropiadas son bastante habituales.
Luego están los que te llaman a diario no para preguntarte que qué tal sino para confirmarte que su manía persecutoria es de lo más normal.
Hubo uno en concreto que le bloqueé el wasap porque la segunda frase fue "¿Qué llevas puesto?" y a los cinco meses o así borré su número porque pensé que la cosa estaba más finiquitada que la carrera de Jesulín de Ubrique en el mundo de la canción. Pues a los dos días me llega un mensaje de un número desconocido preguntándome que dónde estaba un sábado por la noche. Era él, no se ocultaba. Qué repelús.
Obviamente sé que la cuestión es no dar mi número de teléfono, si lo sé, pero es que los psicopatitos que me encuentro a priori parecen normales, de verdad. O que a veces se lo doy por cuestiones de trabajo, o por echar una mano porque es amigo de un amigo y no quieres quedar del todo mal. O yo que igual me sienta mal la bebida.

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