Que te escribía un blog entero



lunes, 11 de febrero de 2013

No compensa

Si alguien está pensando en ponerse a opositar, que se siente, respire profundo y lo que lo vuelva a pensar.
Entre tus manos la vida es como arena que se escapa y que se escapa a una velocidad aún mayor de la que se le escapa a los demás, porque tienes en las manos unas pinzas que te impiden cerrar los dedos, por lo que sientes unas ganas irremediables de mandar a tomar por culo, la arena, la playa y el mar, si con eso vas a conseguir mejorar.

Para hacerse una idea, mi vida antes de opositar no era buena del todo, pero el haber perdido toda capacidad de autosuficiencia económica y de gestión del tiempo, sentir que no vale la pena nada de lo que haces, eso no te consuela.
Tengo la sensación de que todo lo que he hecho hasta ahora no ha sido más que perder el tiempo, equivocarme en todo, no haber tomado las decisiones correctas. A veces, ni siquiera tomarlas.
Hace tres años que no me voy de vacaciones con mis amigos. Amigos que en su inmensa mayoría tienen pareja, pero es que aunque no la tengan, tienen recursos para irse de viaje. Yo no. A mí no me llega ni para pasar el fin de semana en El Escorial. Y no se trata sólo de una cuestión de dinero, no es que no tenga para comer, que me siento una privilegiada y agradezco el sacrificio que implica lo que estoy haciendo para mis padres. Es que no es fácil sentir que cada gasto que haces lo tienes que justificar (más bien auto-justificar) y que toda actividad lúdica es una distracción para tu objetivo. No compensa pasarse cada día que pasa pensando que todo tiempo que no pasas sentada ante tu mesa de estudio es tiempo malgastado.
Tampoco ir al cine, ni al teatro, ni a cenar.
No poder romper la rutina una semana porque te cuesta dos volver a ella. Sentir que no haces nada útil, que eres un despojo para la sociedad. No compensa.

Y no poder parar de pensar que estás perdiéndote experiencias que no vas a tener la oportunidad de volver a tener, porque llegados a este punto, incluso sabes que tus conocidos que tienen cinco años menos que tú están continuando un camino por el que tú tampoco podrás ir.
Por no hablar de novios. Casi se me esboza una sonrisa al escribir tan tremenda palabra. Que jode demasiado hacerte consciente de que sí, que dentro de un año, de dos, de tres, igual eres una persona interesante. Pero que ahora no vales lo suficiente para que una persona sensata quiera estar a tu lado, también es verdad. Y entonces vas y te dedicas al tonteo. Pero el tonteo te hace polvo, porque quieres lo que los demás tienen y tú no eres del todo capaz de ver que no lo puedes, no entiendes por qué no lo puedes tener. Pero ¿quién querría estar con alguien a quien con suerte puedes ver una vez en semana y a partir de la una de la mañana empieza a mirar el reloj? ¿Quién si no es para utilizarte como desahogo nocturno de carne cubierto de maquillaje de mentiras? Y casi mejor que entiendas que es algo así, porque mucho peor sería la opción de pensar que hay algún inconsciente que quiere algo más.
Y tú, en tu agujero te aclimatas, lo decoras con las cosas que crees que podrás hacer, hasta que la mayoría de los días piensas que no está tan mal, que igual consigues acabar con esto y que en realidad los demás no te hacen falta para nada.
Aunque el día que te dignas a levantar la cabeza y mirar al infinito, se te cae el alma a los pies.

No es que los opositores se vuelvan locos. Es que sólo los locos se ponen a opositar.


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