Dentro de mi recopilación de anécdotas relativas a la conducta afectivo-sexual desde un punto de vista del estudio del comportamiento humano en las profundas desigualdades con las que actuamos con otras personas de un lado, y por otro desde el punto de vista absolutamente lúdico, en esta ocasión os voy a relatar algunas experiencias que han llegado a mí.
No importa si desde el punto de vista del observador o desde el del sujeto en cuestión.
El caso es que a lo largo de los años te hablan de circunstancias bastante sorprendentes en lo que al tema "catre" se refiere.
El ejemplo más común posiblemente sea el del tipo o tipa que según acaba el acto sexual suelta aquello de "Pues... Mañana madrugo" como clara y evidente invitación a que te marches.
En la otra cara de la moneda están aquellos que ante la posibilidad de quedarse cómodos un ratito "después de", antes de que hayas recuperado el ritmo cardiaco normal ya están cogiendo las llaves del coche para salir pitando. Que incluso puedes pensar "Qué pena que seas tan rápido para todo" o "Qué pena que no hayas sido tan rápido para todo".
La llamada "Gran Evasión" surge en mi opinión de dos razonamientos que se hace la persona: O bien es un "Dios mío, que hago yo aquí con este Eduardo ManosTijeras que tiene menos delicadeza que un operario del aeropuerto descargando maletas"; o bien el síndrome del "boli caído": "Aquí ya está todo hecho, para qué alargar la situación".
Conocí a una persona que tenía la capacidad de vestirse casi antes de que el otro se quitara el condón. Para qué nos vamos a andar con tonterías.
Por otro lado, "El madrugador" ha elevado el concepto de delicadeza a un nuevo nivel. Y es que esa frase ha quedado un poco obsoleta.
Entre las versiones, hay tres que particularmente me gusta destacar porque demuestran la saña y la absoluta falta de empatía hacia los demás. Luego me gusta ver a los que lo hacen llorando por las esquinas porque el mundo les trata fatal. ¡Qué genial es el karma!
En el TOP 3 está la que ni les acompaña a la puerta. Este hombre mantenía la teoría de que para qué iba a volver a vestirse para acompañar a la señorita en cuestión a que cogiera un taxi. Argumentaba: "Yo le he dicho que si quería, podía quedarse a dormir, si tengo otro cuarto. Si no quiere quedarse, no me siento en la obligación de acompañarla, yo una vez me quedo satisfecho...". A cuadros me quedé cuando me lo dijo. A cuadros.
La medalla de plata es para una tía que según acaba la faena se gira, coge un post-it y hace un mapita sobre cómo llegar al metro. Se lo da al partener y le dice: "Me voy a duchar, ya sabes cómo se llega al metro. Si te pierdes, puedes llamarme". A la chica le falta decirle "Y ya que estás, bájate la bolsa amarilla y el vidrio al contenedor de abajo".
Por último, el campeón de los campeones es uno que permitió que la chica se quedara a dormir en su cama, levantándose primero y de buena mañana despertarla dando palmadas desde la puerta de la habitación al grito de "¡Venga! ¡Que hay que irse!". A esto lo llamo yo ser un señor, todo clase, todo estilo.
Está claro que si para algo tan íntimo tratas a tu pareja de juego como si fuera ganado, qué no harás con otras personas y en otros ámbitos. Por cierto, me importa un bledo que empleéis la excusa de "es sólo un rollo de una noche". No, es una persona. Imbécil.
No hay comentarios:
Publicar un comentario