Que te escribía un blog entero



miércoles, 27 de febrero de 2013

PSICOPATÍAS NO, VOL II

Este post va especialmente dedicado a una persona que nos deleita con al narración de su psicópata en cada reunión grupal, cuando hacemos leña del árbol caído de cada una de nuestras miserables vidas.
Por lo que he ido recopilando en estas largas conversaciones con amigos y conocidos, creo que el grado de psicopatía de este individuo es el más alto que he visto sin llegar a ser delito.

El caso es que mi amiga se fue a las fiestas del pueblo de un amigo nuestro con otras dos amigas. Llegada cierta hora, toda la gente conocida dormía en casa de dicho amigo.
Mi amiga, que aquella noche no había sentido la llamada de la selva o si la había sentido, se la había comido con patatas porque no había Tarzán que la socorriera, se acuesta en una de las habitaciones y se dispone a dormir de lado con la manita entrecerrada cerca de su cara.
Llegado el momento en el que ella cree que debe despertarse, abre los ojos y ve como uno de los conocidos de la noche está haciendo pasar su dedo índice por su manita entrecerrada, de arriba a abajo, de arriba a abajo, de arriba a abajo.
Sobresaltada, exclama que qué coj**** está haciendo, a lo que el otro niega la mayor.
Lo único que la consuela aún cuando en su fría cama le acechan los escalofríos al recordarlo es que, afortunadamente, y por el bien de todos los lectores de este blog, fue sólo el dedito.

domingo, 24 de febrero de 2013

PSICOPATÍAS NO, QUE ME ENAMORO

Tengo un imán para los psicópatas.
Bueno, psicópatas no son, pero son de esos que se excitan con sólo rozarte el pelo. Que a ti te da un escalofrío horroroso porque te sientes a un paso del foso del loco de "El Silencio de los Corderos".
El problema es que a veces el tratamiento que ellos toman o las animadoras rubias de pompones que hay en mi cabeza jalean eso de "¡Una oportunidad, una oportunidad!" y permito que se tomen demasiadas confianzas.
Otros a los que suelo atraer son a los "Minuto 90", esos que a las 3 a.m. se les ha acabado la fiesta, van más calientes que el palo de un churrero y como no han pillado otra cosa, te escriben preguntando si estás por ahí. Por ahí te mando yo, hijo. Pero eso es otra historia.

Entre los "psicópatas" como a mí me gusta llamarlos, aunque mis amigos digan que soy una tremendista, cosa que es absoluta y rotundamente cierta, he encontrado personajes o personajillos graciosos hasta el momento en el que te das cuenta de que no están hablando en broma. Ahí es cuando pones esa cara de fondo de pantalla y tu cerebro mantiene la siguiente conversación:
- "Venga, Morena, localiza tu bolso. ¿Lo tienes a mano?"
- "Sí, pero el abrigo no... me tendría que acercar demasiado"
- "¡Olvídate del abrigo, por el amor de dios! ¡Algo habrá que sacrificar! Ahora es cuando le dices que tienes que ir al baño y una vez estés de pie, empiezas a correr como si no hubiera un mañana".

Pero no lo haces. Al final, como son personas desequilibradas, tienes que optar por ser muy sincera y decirle "Mira, es que acabo de tener una bronca que te mueres con unas amigas y cuando se me pase el disgusto te llamo" (hecho real... hace más de dos años... pobre infeliz, qué crueldad) o bien optar por el distanciamiento... Distanciamiento que básicamente consiste en bloquearle en las redes sociales y cambiar de número de móvil, tampoco nada del otro mundo.

Así, para hacer mención a alguna psicopatía con la que me he cruzado, a parte, por supuesto con el que tocaba el pelo como modo de excitación y que sembró lo que ahora se podría llamar un trauma cuando era adolescente, hay otros que hacen cosas muy raras. Por ejemplo, hablar de sí mismos en tercera persona. Que al principio piensas que está de broma, solemnizando mucho lo que dice, pero luego no. Nombrándose a sí mismo con apellidos y todo. Miedito me sigue dando cuando lo pienso.
Otros que te mandan distintos iconos al wasap que forman en su conjunto una obscenidad o los que directamente te mandan fotos poco apropiadas son bastante habituales. 
Luego están los que te llaman a diario no para preguntarte que qué tal sino para confirmarte que su manía persecutoria es de lo más normal.
Hubo uno en concreto que le bloqueé el wasap porque la segunda frase fue "¿Qué llevas puesto?" y a los cinco meses o así borré su número porque pensé que la cosa estaba más finiquitada que la carrera de Jesulín de Ubrique en el mundo de la canción. Pues a los dos días me llega un mensaje de un número desconocido preguntándome que dónde estaba un sábado por la noche. Era él, no se ocultaba. Qué repelús.

Obviamente sé que la cuestión es no dar mi número de teléfono, si lo sé, pero es que los psicopatitos que me encuentro a priori parecen normales, de verdad. O que a veces se lo doy por cuestiones de trabajo, o por echar una mano porque es amigo de un amigo y no quieres quedar del todo mal. O yo que igual me sienta mal la bebida.

DELICADEZA SUPINA

Dentro de mi recopilación de anécdotas relativas a la conducta afectivo-sexual desde un punto de vista del estudio del comportamiento humano en las profundas desigualdades con las que actuamos con otras personas de un lado, y por otro desde el punto de vista absolutamente lúdico, en esta ocasión os voy a relatar algunas experiencias que han llegado a mí.
No importa si desde el punto de vista del observador o desde el del sujeto en cuestión.
El caso es que a lo largo de los años te hablan de circunstancias bastante sorprendentes en lo que al tema "catre" se refiere.

El ejemplo más común posiblemente sea el del tipo o tipa que según acaba el acto sexual suelta aquello de "Pues... Mañana madrugo" como clara y evidente invitación a que te marches. 
En la otra cara de la moneda están aquellos que ante la posibilidad de quedarse cómodos un ratito "después de", antes de que hayas recuperado el ritmo cardiaco normal ya están cogiendo las llaves del coche para salir pitando. Que incluso puedes pensar "Qué pena que seas tan rápido para todo" o "Qué pena que no hayas sido tan rápido para todo".
La llamada "Gran Evasión" surge en mi opinión de dos razonamientos que se hace la persona: O bien es un "Dios mío, que hago yo aquí con este Eduardo ManosTijeras que tiene menos delicadeza que un operario del aeropuerto descargando maletas"; o bien el síndrome del "boli caído": "Aquí ya está todo hecho, para qué alargar la situación".
Conocí a una persona que tenía la capacidad de vestirse casi antes de que el otro se quitara el condón. Para qué nos vamos a andar con tonterías.

Por otro lado, "El madrugador" ha elevado el concepto de delicadeza a un nuevo nivel. Y es que esa frase ha quedado un poco obsoleta.
Entre las versiones, hay tres que particularmente me gusta destacar porque demuestran la saña y la absoluta falta de empatía hacia los demás. Luego me gusta ver a los que lo hacen llorando por las esquinas porque el mundo les trata fatal. ¡Qué genial es el karma!

En el TOP 3 está la que ni les acompaña a la puerta. Este hombre mantenía la teoría de que para qué iba a volver a vestirse para acompañar a la señorita en cuestión a que cogiera un taxi. Argumentaba: "Yo le he dicho que si quería, podía quedarse a dormir, si tengo otro cuarto. Si no quiere quedarse, no me siento en la obligación de acompañarla, yo una vez me quedo satisfecho...". A cuadros me quedé cuando me lo dijo. A cuadros.

La medalla de plata es para una tía que según acaba la faena se gira, coge un post-it y hace un mapita sobre cómo llegar al metro. Se lo da al partener y le dice: "Me voy a duchar, ya sabes cómo se llega al metro. Si te pierdes, puedes llamarme". A la chica le falta decirle "Y ya que estás, bájate la bolsa amarilla y el vidrio al contenedor de abajo".

Por último, el campeón de los campeones es uno que permitió que la chica se quedara a dormir en su cama, levantándose primero y de buena mañana despertarla dando palmadas desde la puerta de la habitación al grito de "¡Venga! ¡Que hay que irse!". A esto lo llamo yo ser un señor, todo clase, todo estilo.

Está claro que si para algo tan íntimo tratas a tu pareja de juego como si fuera ganado, qué no harás con otras personas y en otros ámbitos. Por cierto, me importa un bledo que empleéis la excusa de "es sólo un rollo de una noche". No, es una persona. Imbécil. 

domingo, 17 de febrero de 2013

TONTOS

Hace no mucho que me he dado cuenta de una cosa.
Hay gente que es tonta.
Nada más lejos de hablar de discapacitados intelectuales, no, me refiero a que yo durante toda mi vida, no sé si por ingenuidad o por falta de atención, no me había dado cuenta de que hay gente que tiene una inteligencia que entra dentro de los parámetros normales, pero muy limitada.
El caso es que últimamente no sé si mi interés se ha vuelto mayor o es que se ha despertado en mí la llamada de la selva; en realidad pienso que con el poco tiempo que tengo, prefiero pasarlo con gente que se ajuste un poco a las cuestiones comunes.
No me refiero a esa clase de tontería basada en la frivolidad, no, nada más lejos, pues un poco de frivolidad en la vida creo que es muy necesaria. No creo que sea factible una vida sesuda en términos absolutos, por lo que me dan bastante pereza también aquellos que repiten la frase rebuscada de la obra menor de algún autor que estuvo de moda en los años 70.
Tampoco me refiero a esas personas que por cuestiones sociales o de ambientes variados tengan un bajo nivel intelectual, no, ni a esas personas que al reirse te dan ganas de meterles un zapato en la boca. No.
No siquiera pienso exactamente en aquellas personas que no son inteligente pero sí listas (que dan para un apartado propio) ni aquellas que son inteligentes pero no son listas (y esta aún más, por lo particularmente nerviosa que me ponen).
Me refiero a esa gente tonta por su manera de razonar, su lógica vital, cuando hablas con ellos piensas que no te lo puedes creer. Yo fingiendo con cara de "oh, sí, es superrazonable lo que pretendes hacer" mientras imaginas a una pequeña tú dentro de tu cabeza dando vueltas como una loca agitando los brazos y exclamando "¡Pero qué está diciendo este insensato! ¿A quién se le ocurre?".
Tampoco es que crea que yo soy Einstein, ni mucho menos, pero me sorprende bastante el hecho de que hasta ahora, no me haya movido entre gente de diferente grado de "tontura"o al menos, que sólo haya sido capaz de distinguir a los imbéciles. Pues está claro que cuchillos en el cajón puede haber más de uno, pero casualmente últimamente sólo me topo con los que no cortan.

lunes, 11 de febrero de 2013

No compensa

Si alguien está pensando en ponerse a opositar, que se siente, respire profundo y lo que lo vuelva a pensar.
Entre tus manos la vida es como arena que se escapa y que se escapa a una velocidad aún mayor de la que se le escapa a los demás, porque tienes en las manos unas pinzas que te impiden cerrar los dedos, por lo que sientes unas ganas irremediables de mandar a tomar por culo, la arena, la playa y el mar, si con eso vas a conseguir mejorar.

Para hacerse una idea, mi vida antes de opositar no era buena del todo, pero el haber perdido toda capacidad de autosuficiencia económica y de gestión del tiempo, sentir que no vale la pena nada de lo que haces, eso no te consuela.
Tengo la sensación de que todo lo que he hecho hasta ahora no ha sido más que perder el tiempo, equivocarme en todo, no haber tomado las decisiones correctas. A veces, ni siquiera tomarlas.
Hace tres años que no me voy de vacaciones con mis amigos. Amigos que en su inmensa mayoría tienen pareja, pero es que aunque no la tengan, tienen recursos para irse de viaje. Yo no. A mí no me llega ni para pasar el fin de semana en El Escorial. Y no se trata sólo de una cuestión de dinero, no es que no tenga para comer, que me siento una privilegiada y agradezco el sacrificio que implica lo que estoy haciendo para mis padres. Es que no es fácil sentir que cada gasto que haces lo tienes que justificar (más bien auto-justificar) y que toda actividad lúdica es una distracción para tu objetivo. No compensa pasarse cada día que pasa pensando que todo tiempo que no pasas sentada ante tu mesa de estudio es tiempo malgastado.
Tampoco ir al cine, ni al teatro, ni a cenar.
No poder romper la rutina una semana porque te cuesta dos volver a ella. Sentir que no haces nada útil, que eres un despojo para la sociedad. No compensa.

Y no poder parar de pensar que estás perdiéndote experiencias que no vas a tener la oportunidad de volver a tener, porque llegados a este punto, incluso sabes que tus conocidos que tienen cinco años menos que tú están continuando un camino por el que tú tampoco podrás ir.
Por no hablar de novios. Casi se me esboza una sonrisa al escribir tan tremenda palabra. Que jode demasiado hacerte consciente de que sí, que dentro de un año, de dos, de tres, igual eres una persona interesante. Pero que ahora no vales lo suficiente para que una persona sensata quiera estar a tu lado, también es verdad. Y entonces vas y te dedicas al tonteo. Pero el tonteo te hace polvo, porque quieres lo que los demás tienen y tú no eres del todo capaz de ver que no lo puedes, no entiendes por qué no lo puedes tener. Pero ¿quién querría estar con alguien a quien con suerte puedes ver una vez en semana y a partir de la una de la mañana empieza a mirar el reloj? ¿Quién si no es para utilizarte como desahogo nocturno de carne cubierto de maquillaje de mentiras? Y casi mejor que entiendas que es algo así, porque mucho peor sería la opción de pensar que hay algún inconsciente que quiere algo más.
Y tú, en tu agujero te aclimatas, lo decoras con las cosas que crees que podrás hacer, hasta que la mayoría de los días piensas que no está tan mal, que igual consigues acabar con esto y que en realidad los demás no te hacen falta para nada.
Aunque el día que te dignas a levantar la cabeza y mirar al infinito, se te cae el alma a los pies.

No es que los opositores se vuelvan locos. Es que sólo los locos se ponen a opositar.


domingo, 3 de febrero de 2013

SUPERIORIDAD MORAL

Hoy me gustaría hablaros de un determinado tipo de persona que cree que se encuentra por encima de los demás por el simple hecho de tener pareja.
Estas personas con las que he tenido la inmensísima suerte de cruzarme en mi vida y que son expertas en regalarte con una sonrisa enorme y mirándote desde arriba, una barbaridad de consejos que ni quieres, ni has pedido.
Por supuesto, en estas cosas, hay varios tipos y no todas las parejas son iguales. Porque es curioso, cuando analizas los hechos, resulta que quien más te intenta picar, peor está con su pareja. ¿Casualidad? Yo creo que no.

En primer lugar está el "No ligas porque no quieres". Personalmente, me fascina cómo a esas personas les vale cualquier bicho viviente que tenga rabo (con perdón) para que sea tu pareja.
Y tú, a la primera, dices: "No, bueno, es que no hay ninguno que..." "¡Como que no!" interrumpen con vehemencia "¿Y qué me dices del amigo de tu cuñado, ese al que le falta un paleto y al que le huele el aliento a pies? ¿No te parece majo? Porque no ha parado de mirarte las tetas".

La cara que se te queda es una mezcla entre la contención de una "bofetada con la mano abierta te daba yo", las ganas irreprimibles de llorar y esa consciencia de que la gente no tiene que ser juzgada por su apariencia. Pero vamos, de ahí a que ese "Milana Bonita" te toque, hay un trecho.
En este sentido, una vez me pasó que una amiga, ávida de buscarme un partener, empezó a preguntarme con insistencia cojonera por qué no me gustaba un amigo mío si era encantador "Morena, ¿no te parece encantador?", simpático "" ¿Y simpático? Porque es muy simpático", y divertido "Y divertido, ¿no? ¿Por qué no, Morena?" y que no entendía cómo podía seguir soltero (no como tú bruja bastarda, le faltó decirme). A los cinco minutos de ponerme la cabeza como un bombo intentando venderme a ese chaval como quien compra un sofá, me harté y le dije: "Si tan estupendo te parece, fóllatelo tú". A lo que me respondió "Sí, hombre, a ese. Teniendo yo a mi novio". Y es que al final, caen por su propio peso.

Una variante de estos son los que te dicen que quizá te tienes que mostrar más "receptiva". Y es que es muy bonito ver a tus amigos como sujetos follables, pero es porque les tienes cariño, no porque la especie humana dependa únicamente de que ellos se vayan a reproducir. Y tú te encuentras toda la noche hablando con esa pareja fantástica que te señala de manera muy poco discreta cada gañán que entra en el local, como si fuera obligatorio volver follada a casa. Puede que sea porque ellos ni lo van a oler.

Luego están los que aprovechan cualquier conversación para hacerte sentir Bridget Jones. Tú estás en una reunión de viejos amigos, les conoces de toda la vida y da la casualidad de que eres la única soltera en ese momento.
Entonces, los que tienen un problema de falta de aficiones, empiezan a hacer un cuestionario tipo trivial sobre "las cosas tan divertidas que hacemos las solteras para llenar el vacío existencial que tenemos en nuestras vidas" y sobre cuáles son los requisitos para que un tío tenga que algo que hacer con nosotras. Que tienes que tragar saliva muy fuerte para no escupir ese papelito donde pone: "Para salir con un tío la primera norma es que no sea tan imbécil como tú" porque al final, igual es tu amigo.
Y entonces, te conviertes en el centro de atención de un grupo de personas que han perdido la capacidad de hablar en singular y encima se permiten la osadía de hablar de tus escarceos erótico-festivos con frivolidad y con muy poca discreción. Porque hay que tener en cuenta que en la mayoría de las ocasiones, cuando le cuentas alguna intimidad a un amigo con pareja, su novio se va a enterar. Y lo que es peor, se creen con derecho a que, como no es una cosa estable, se puede contar. Ahora, que a ti no se te ocurra comentar, por ejemplo, que cuando empezaron a salir ella se tenía que beber media botella de vodka porque sólo le veía bondades, pero lo que viene a ser livido, livido ninguna.

En esta línea, están los que además de jactarse del hecho de estar comprometidos, quieren que todo el mundo lo esté, no sé por qué, pero deben creer que es de pobres tener de amiga cercana a una persona que no es suficientemente buena como para conseguir a alguien que quiera estar con ella. Y entonces, como héroes de leyenda, te dicen que te van a presentar a un amigo, porque el estilo de tío que te gusta no es válido, no es para ti.
Y te lo presentan.
O te mandan una foto para que cuando le veas en persona no se te quede cara de haber chupado un limón.
Es en ese momento en el que te deprimes. Porque tú te miras al espejo, de arriba a abajo y piensas: "vale, no soy Claudia, ni Naomi, ni Elle, pero coño, no soy la niña que anunciaba la Play Station". Y te empiezas a plantear si no eres tú la que se mira de manera distorsionada. Sí, tú, con tu celulitis, tus tetillas pequeñas y esas millones de cosas que creías ver sólo tú. Pero debe ser que son más evidentes de lo que piensas. Porque si te presentan a un hombre muy majo, (que es todo lo que se puede decir de ese chaval con cara de gnomo y con un particular olor corporal, con pelo productor de aceite y con gesto extraño) es que no eres la chica que pensabas.
Insisto en que el chico es la persona más maravillosa del mundo, pero para estar con alguien que no tocarías ni con un puntero láser, me voy a vivir con cualquiera de mis amigos homosexuales a los que quiero con locura.
Lo mejor es ese momento en el que le rechazas, pero no a él directamente, porque no hay feeling, sino a tus amigos emparejados, que se lo toman como algo personal. "Pues no sé qué querrás" o "Pues es un chico estupendo que te iba a tratar muy bien" o "Luego no te quejes de que estás sola".
¡¿Que me quejo de estar sola?! No, hijo, no, yo no me quejo de estar sola, porque sinceramente creo que estoy mucho mejor así que viviendo una relación de autoengaño y a veces incluso cuernos porque me da pánico levantarme un día sin el mensajito de "Buenos días princesa". Porque yo me niego rotundamente a atenerme a soplapolleces de estilo adolescente para a cambio sentir que he triunfado en la vida.

No contentos con los que te insisten en personas que no te gustan, con los que quieren que folles mogollón porque vuelcan en ti la insatisfacción del orgasmo inacabado y disfrutan como locos de tus affaires (que luego son plenamente ficticios en su mayoría), están los que van con la estocada preparada para rematarte.
Yo no sé si es por envidia, porque están amargados o porque directamente tienen tan asumida esa posición de superioridad moral que se permiten el lujo de infravalorarte y despreciarte en tu cara. Una amiga me llegó a decir que tenía que bajar mis expectativas, porque todo lo bueno estaba ya cogido. Y que no podía pretender tener a un chico con esa lista infinita de premisas a disposición ahora que el tiempo ha pasado. Mirándome de arriba a abajo, me dijo con gesto solemne: "te tendrás que esperar a los primeros divorciados", mientas comía (Oh, Dios Mío!) carbohidratos y engordando como una puerca.

Mientras todos ellos se devanan los sesos y te dicen eso del "ya llegará" como si fuera el único aspecto de tu vida que tiene importancia, tú y tus amigos solteros (y los ennoviados normales) salís de marcha, pasandolo mucho mejor cuando no tienes que hacerte la estupenda mientiendo y sacando las plumas de pavo real, siendo tal y como eres, porque lo que ellos no saben, es que así es como alguien se enamora.