Que te escribía un blog entero



lunes, 31 de enero de 2011

Cherokee


Cuando alguien dice delante de mí frases como "Está hablando en Cherokee" o "Es una peli de cherokees", nunca pienso en un indio.
Automáticamente mi cerebro se va a recuerdos de vino y rosas (nunca mejor dicho) por los que creo que ahora soy lo que soy y como soy. Y tengo en cuenta que la inmensa mayoría de la gente maravillosa que conocí en la época universitaria es amiga mía ahora porque pasamos, creo, nuestros mejores momentos en el Cherokee.

Rondas de chupitos, fotos en los baños, porrones que acababan en duchas, más chupitos, más rondas, bebidas de colores chillones, mezclas imposibles de tragar...
"Yo también he salido a cuatro patas del Cherokee" es también un grupo de fb, a parte de ser, quizás, una de las acciones más recurrentes entre las anécdotas de mis amigos.
Por no hablar de Álex, su dueño, que nos saluda siempre con un "Hola Reina". Ya somos un clásico.

Y es que, no puedes decir que eres amigo de alguien hasta que no te has ido de juerga con él. Es impresionante cómo pienso que podría haber cambiado mi vida si no nos hubiéramos todos puesto de golpe y porrazo a salir todos juntos. Esas salidas que luego tenían su eterna continuación en los interminables Consejos de Sabios, que más que sabios éramos cotillas, porque a los 20 la sabiduría es esa cosa con alas que llevan algunos (y sólo algunos) profesores y poco más. Y salir del cherokee a algún lugar indeterminado, que cuando acababa, era casi de día y yo pensaba "coño, mi autobus" porque ya los buhos se habían ido a dormir.

Ahora queda, como suele pasar, la nostalgia de esos tiempos con el humo de los cigarros y los vapores de los alcoholes en nuestro recuerdo, pero, sin querer, poco a poco, sobre los cimientos del compañerismo y el cariño (que indudablemente sientes con una cerveza de más), ves asentándose lo que, espero, sea una amistad para toda la vida.

martes, 25 de enero de 2011

Hoy tocan florecitas


Necesito vivir un rato en el mundo de la piruleta. En serio, no es coña. Ahora mismo estoy más Stewie que nunca: mataría a media humanidad y sometería a la otra media. No sé qué me pasa hoy. Por eso, creo que lo más sensato es intentar ver el mundo un poco más rosa. O lila. O color crema. O de purpurina, me da lo mismo.

Hay que intentar hacer un cambio de visión, al menos temporalmente. Creo que necesito un reajuste de comportamiento, como un mazazo en la cabeza o algo así pero sin dolor.

Y es que hay cosas absurdas que, si lo pienso un segundo, me asalta la preguta de: ¿En realidad importa tanto? ¿En realidad es tan trascendental para tu vida? ¿En serio crees que el comportamiento de "X" (hoy ampliable a esa media humanidad) es algo que tengas que cambiar? Entonces, ¿por qué te enfadas de esa manera? ¿Qué te importa?

Y la respuesta siempre es: Nada. No me importa. Me da igual. No va a afectar a mi vida. No puedo hacer nada al respecto y tampoco son cosas tan trascendentales.
Pero, al principio, mi vena del cuello se hincha tanto que parezco Fernando Alonso.
Tengo la duda, únicamente, de si cuando lo digo lo pienso con convicción o simplemente es otro sentimiento que me trago.

El caso es que así las cosas, creo que me voy a tomar un descanso de conocer la actividad política, social, económica y ... ehm... de conocer cualquier cosa que no sea absurdamente frívolo, porque de verdad, creo que necesito unos días de florecitas y de purpurina, que todo lo que veo a mi alrededor me da la sensación de que está hasta el cuello de mierda.


miércoles, 19 de enero de 2011

... Y siniestro

Siguiendo al hilo de mi rabia contenida, es algo que también me pone un poco nerviosa ver cómo, desde la misma ideología que tengo yo, haya cosas que yo interpreto que no son correctas. Eso me encabrona mucho más que cualquier otro aspecto.
Quiero decir antes de que se me pueda acusar de ningún tipo de falsa traición, que sí, soy militante y sí, apoyé a Trini en las primarias. Y también que respeto al candidato que fue elegido.
Me estoy refiriendo a la nueva posición de fuerza que Tomás Gómez ha planteado a la Federal. "Eso nos pasa por ser tan demócratas, coño", pienso para mis adentros. Pero voy más allá.
Trinidad Rollán, Ex-alcaldesa de Torrejón, ha sido condenada en primera instancia por prevaricación. Como consecuencia de ello, aunque luego a posteriori el Tribunal Supremo desestime la causa, se la absuelva o se la beatifique si queremos, esta política no debería formar parte de la Ejecutiva del PSM. De ninguna de las maneras. Gran parte de los políticos del PSOE se pasan media vida pidiendo explicaciones sobre por qué imputados, condenados de modo definitivo permanecen en los puestos ejecutivos de otros partidos y ¿ahora se hace esto?
No ya por eso, es que tenemos que tener claros los principios, las bases de lo que queremos que sea un partido socialista. Para ello es imprescindible que todos sus miembros estén inmaculados, por lo menos, o que así lo dicte una sentencia judicial firme. Mientras tanto, hay una cosa que se llama Medidas Provisionales. Que se le declara inocente, perfecto, le montas una fiesta, la readmites y que tenga el mejor cargo posible. Pero no demos esa imagen de que si son los demás los que cometen actos ilícitos, al paredón, pero si lo hacemos uno de nosotros, no. "Es que no es corrupción" "Es que no se ha llevado un duro". ¿Pero estamos todos gilipollas o qué? ¿Acaso es menos malo para un político pegar a sus hijos que cobrar sobornos? Por favor, un poquito de respeto para todos los militantes y para todos los ciudadanos.
Que queremos ganar las elecciones el 22 de mayo, con ilusión, como rezaba el cartel, no como ilusos.

martes, 18 de enero de 2011

A diestro...

Algunos entienden que las enfermedades son consecuencias de realidades de la persona. No hay que ser Einstein para entender que mi dolor de garganta esconde, por tanto, siguiendo estas teorías, una rabia contenida por no poder decir lo que pienso.
Así que esta mañana he pensado: ¡Coño, Morena! ¡Pero si tienes un blog! Y aquí que me he lanzado, cuando he terminado de esconder recuerdos en mi habitación.
Y es que hay un par de cosas de las que me gustaría hablar antes de que se me pase el "calentón" (o la afonía, en su defecto). Porque las cosas, cuando no se dicen, se enquistan. Y yo de eso, sé un rato.
Al margen de consideraciones personales, porque esto es un espacio abierto en el que elijo qué miserias son las que quiero poner a secar al sol, hay un par de cuestiones políticas que se me llevan los demonios.
Como consideración previa, debería mantener al margen la mayor de mis preocupaciones al respecto, que es la pérdida generalizada de valores postmaterialitas para hacer una regresión a los materialistas más rudimentarios. Un poco como en un procedimiento administrativo vulgar y corriente.
El primero de ellos es lo que ha tenido que ver con la paliza que algún hijo de puta ha dado a un Consejero en Murcia. Desde aquí mi condena al hecho. Lo que me enerva no es que el PP, haciendo no sé qué clase de vuelta de tuerca, tenga los santísimos de acusar del clima de hostilidad al Delegado del Gobierno. No sé cómo son capaces de sacar rédito político de una cosa tan grave. Pero, Señoras y Señores, aquí lo tienen. No me cabe en la cabeza. Pero me cabe menos aún en la cabeza que los del PSOE se dediquen a ponerse en el mismo nivel y a decir a través de redes sociales "Ay, es que no sois los únicos, en Galicia atacan nuestras sedes y no decimos que sea responsabilidad del Gobierno de Galicia (PP) ni de nadie". Vale, pero ¿es que no os han enseñado nunca eso de "A palabras necias, oídos de pana"? A lo mejor así, conseguiríamos subir un poquito el nivel de la discusión política.
Cuando pasan cosas como esta siempre me acuerdo del anuncio:
Otra cosa que me indigna mucho es el desdoblamiento de los cargos públicos en sus redes sociales. Voy a poner un ejemplo muy sencillo. En Twitter, la Vicepresidenta de la Asamblea de Madrid (Cristina Cifuentes) hace comentarios muy poco elegantes y desde luego muy alejados del apropiado lenguaje político y respetuoso que debe utilizar, y más describiéndose a sí misma como mimbro de un órgano de representación de tod@s los madrileños.
Vamos a ver, hay dos reglas fundamentales en estos asuntos. Si quieres tener Facebook, Twitter, Tuenti o una cuenta en el Meetic, tienes dos opciones. Si quieres usar tu nombre, y poner tu ocupación actual de cargo público, cíñete al papel de representante de los ciudadanos, no a hablar de manera chavacana y con muy poco estilo. Si no eres capaz, o si prefieres dar rienda suelta a tus sentimientos más profundos (como hago yo, por ejemplo), usa pseudónimo.
Me parece sorprendente que alguien siga pensando que los ciudadanos de a pie quieren ver debates políticos como si fuera una bronca del corazón. Elevemos el nivel, señores.
Me queda otra reflexión, pero la haré en otro post.
Gracias. Buenas tardes.

lunes, 17 de enero de 2011

El Perro del Hortelano

www.filmaffinity.com
Vivo con un pánico atroz a que no os guste este nuevo post. Me han llovido criticas y entusiamos a partes iguales del último.

Pues bien, hoy voy a hablaros de los catarros. Esa lacra del sistema inmunológico, esa absurda enfermedad que ni come ni deja comer, como el Perro del Hortelano.

Porque, vosotros os preguntaréis, ¿qué tiene de malo un catarro?

Hay quien dice que es bueno coger uno o dos al año para mantener a los guardianes de nuestro cuerpo en forma. DOS COJONES TREINTA Y TRES.

Un catarro es un quiero y no puedo, pero jodiendo, además.
Con una gripe como Dios manda, te metes en la cama, te hinchas a dormir y a tomar calditos calientes. Estás con gripe, no puedes hacer nada. Y nada es nada.

Con una gastrointeritis, ... bueno, tampoco hay que ser muy explícitos, pero te deja más tumbado que un muerto, una paliza en vivo y en directo.

Si tienes una migraña, te importa una mierda dar explicaciones, es más, te importa una mierda todo, sólo piensas en una enorme barra de hierro que te deje inconsciente.

Si sufres de dolores musculares agudos, relajante muscular y a ver los mundos de Yupi.

Pero no, no nos engañemos. Un catarro es el malote de la pandilla, es el camorrista. Porque te hace sentir de mierda, te trata fatal, sólo quieres dormir, te sientes sudorosa, te duele la espalda. Estás hecha una piltrafa, vamos.

Pero, oye, sólo es un catarro.

Por lo tanto, tienes que seguir con tu vida normal, sólo que con un atractivo estilismo consistente en klinnex que no tienes muy claro si has usado en parte o no saliendo por todos los bolsillos de tus pantalones, chaquetas, ... y de tus mangas (momento madre total, ese).
La nariz y el bigotillo en carne viva de tanto sonarte. Y no es una exageración, no, que oye, el pañuelo ya puede ser de seda china, que si te suenas 3 veces porque tienes mocos, aquello se te pone como si hubieras estado en la Patagonia sin protector solar.
Ojeras, evidentemente, porque, cuando estás acatarrado, no ves la hora de meterte en la cama. Que no sé bien para qué, porque es colocarse en posición horizontal y tienes que intentar sobrevivir respirando como los peces. Total, no pegas ojo. Así que te pasas el día con tus klinnex, tu coleta (no vamos a decir lo que puede pasar como estornudes con el pelo suelto), tus ojeras y media cara tuya como si te hubieran exfoliado con papel de lija. Porque claro, como necesitas dormir, duermes con la boca abierta, secándosete los labios más que cuando tomabas racután para los granos.

Y es que, el catarro es una lacra laboral también. Estoy convencida de que grandes cagadas financieras, políticas y sociales se han debido a que el que lo tenía que hacer, tenía un catarro.

Como habréis adivinado, sí, estoy acatarrada, pero claro, sólo es eso, así que tengo que seguir con mi vida normal, como entendiera algo de lo que estoy haciendo. Menos mal que no manejo maquinaria pesada.

lunes, 10 de enero de 2011

La bella y la bestia


Culpo a Disney de mis altas expectativas en cuanto a los hombres.

Es un grupo de fb que se llama así. Aunque esto de altas, ahora mismo permitidme dudarlo.


Ayer volví a ver La Bella y La Bestia, que por cierto, me encantaba cuando era pequeña, hasta el punto que no sé cuántas veces me llevaron al cine a verla y la exigía antes de que saliera en vhs (gran recuerdo de la infancia ese también).


El caso es que viéndola me he dado cuenta de que lo que es realmente flipante es que el feminismo haya continuado su andadura, que se hayan podido redactar normas en cuanto a la igualdad entre hombres y mujeres.

Yo creo que ha sido porque había padres que entendían el peligro que entrañaba este film y por eso no se lo dejaron ver a muchos.

En primer lugar, el padre de Bella la cambia por sí mismo como prisionera. Hala, la primera en la frente, de moneda de cambio.

Luego, Bestia tiene que deshacer el hechizo que le ha convertido en un mostrenco. ¿Cómo? Aprendiendo a amar. ¿Pero a quién? ¿A su prójimo? ¿A tener respeto por los demás? No, nenes, no, a una jamelga maciza. Claro. Y no a una en concreto, no, que a él le da igual, oye, basta que respire... Pero si está buenorra, mejor que mejor.

En tercer lugar, y desviándome un poco del tema, el tio es Bestia, es un lobo deforme, es feo de cojones, vamos. Ahora, tiene una choza que flipas, con veintemil salones, chorrocientos sirvientes, dinero a expuertas...

Eso sí, a la chica la vamos a dejar leer para que se entretenga... Que si fuera más pobre que las piedras, a saber cómo la cosa cambiaba.

Él se enamora. Bueno-vale-deacuerdo.

Entonces le enseña con el espejo mágico al padre de Bella, que está inconsciente en el bosque. Y la deja marchar. Oh, qué bueno es la bestia que te deja LIBERTAD para que tú, mujer, sin alma ni voluntad propia, vayas a recoger a tu padre (al que te dejó ahí tirada). Pero tú sola, eh, que ahí sí que somos todos muy paritarios. Te pelas de frío tú, mona.

Momento estelar: el chulo que la pretendía del pueblo, Gaston, entabla una lucha encarnizada con la bestia, a la voz de "Ella es mía". Rayos, relámpagos, truenos, lluvia, objetos punzantes... La leche, vamos. Pero a ninguno de los dos bestias se les pasa por la cabeza preguntarle a la chavala qué prefiere hacer con su vida. Que vamos, yo soy ella y a uno le denuncio por chantaje y extorsión, al otro por secuestro y amenazas y con la indemnización me compro un piso lo más lejos de los dos y a correr millas.

Por último, claro, la bestia cómo se puede quedar feo, no. Todas lo aprendimos de pequeñas. Tu coges a un Orco de Mordor, le das un muerdo, y ¡¡¡en Brad Pitt que se te convierte!!!

El tío se vuelve guapo y "forrao".

Me recuerda a cuando mi primo el pequeño me dijo que Shrek acababa mal.
Yo, sorprendida, le dije: ah, ¿sí?
Y me contestó: "sí, porque ella al final es fea".

Olé.


Y es que lo raro es que no nos hayamos trastornado más con pelis como esta.

¿Qué es lo que se aprende? Nena, no te confundas, los tios tienen que medir cuernos modelo ciervo y el que gane, con ese te toca quedarte, independientemente de lo que tú puedas querer.

Y piensa siempre que un tío que te quiere te va a conceder alguno de tus derechos, pero no todos a la vez, tonta, para qué los quieres.

Un tio que te quiere de verdad, te secuestra. Y allá cuando te dé el síndrome de estocolmo, ya ... Vamos viendo. Ahora, intenta que, por lo menos, tenga una casa grande, para verle menos.

domingo, 9 de enero de 2011

jueves, 6 de enero de 2011

Regalo de Reyes

www.gettyimages.com
Este año os quiero obsequiar por Reyes con un pequeño relato que he escrito hace poco tiempo.

Me da mucha vergüenza publicarlo, así que, sed compasivos con esta pobre amateur que se entreteniene con estos pasatiempos en vez de hacer lo que tiene que hacer.

Espero que os guste. Y lamento si parece muy largo.


Tiempo de espera.

Te conocí una tarde de septiembre. Estabas sola, esperando el autobús de vuelta a casa. Con los cascos puestos, móvil en mano, como si buscaras tu invisibilidad. Era imposible que lo fueras. Llevabas el pelo recogido como la cola de una novia cuando va a bailar el primer vals con su padre. Una mochila destrozada por los golpes, un bolso demasiado grande para tu diminuta estatura y unos tacones que empezaban a molestarte, porque no conseguías estarte quieta ni un momento. Al principio pensé que estabas bailando, pero luego me di cuenta de que en realidad lo que tus pies suplicaban era que la señora que estaba en la parada se levantase y empezara a dar codazos para ser la primera en subir y así, tú, poderte sentar.
De repente, te paraste en seco. Levantaste la mirada y, sin entender yo nada, se te llenaron los ojos de lágrimas. Por el perfil vi como una lágrima te resbalaba por la mejilla, no lograba ver tu cara de frente. Me inventé tu vida en un minuto. Ese minuto en el que tu vida me fascinó tanto que decidí que, independientemente de cuál fuera tu autobús, yo me subiría contigo.
Ni siquiera te habías fijado en mí, evidentemente, tu vida estaba demasiado colmada de sensaciones extrañas. Un extraño, para ti, era insignificante.
Trabajabas, estaba claro. La zona de Cuzco a las siete de la tarde no podía indicar otra cosa. Seguramente en un trabajo de mierda, en el que tus jefes ni siquiera se dignaban a hablar contigo y tus compañeros, casi todos hombres, te dirigían miradas lascivas que tú no entendías e interpretabas como falsas simpatías para traicionarte y convertirte en el rival más débil. No ibas vestida como si vinieras de pasarlo bien. En una tarde estupenda y preciosa de septiembre, en la que el olor a tierra mojada era lejano y en la que la chaqueta era más un accesorio que otra cosa. Tú llevabas medias, seguramente porque a la hora a la que salías de casa haría bastante frío. Serían madrugadas que irían cogiendo, día a día, más carga de niebla, de rocío. Por eso tú te arropabas sin querer. Te sentías incapaz de meterte en el metro, a estas horas, preferías tardar un poco más en llegar a casa, pero ir sentada. O quizá no fueras a casa. Esa mochila parecía estar llena con un tupper con los restos de una ensalada de pasta que habrías comido sobre el ordenador. Sí, te encantaría la pasta, como a mí y, con lo poco que cobras, no quieres gastártelo en comida, por eso vas cargada con las tarteras que te preparas por la mañana.
Bajo esas medias opacas se perfilaban unas blancas piernas. Aquel verano no te tocaron vacaciones, acababas de entrar en la empresa. Esa falda no te servirá para este otoño, pensaste por la mañana cuando te la pusiste, después de dar mil vueltas para elegir qué llevarías hoy. Viene Raúl, pero no viene Javier. Me puedo poner
algo que enseñe rodilla, entre los dos me ponen nerviosa, pero uno solo no tiene por qué incomodarme tanto. La camisa estaba arrugada, tras casi doce horas, parecía que la llevaras una semana seguida, serías como yo, también, destrozona de la ropa. Era bonita, te la habrías comprado cuando te contrataron, a primeros de mayo, toda ilusionada por tener trabajo.
¿Qué has estudiado? Pensemos un poco. Te miré detenidamente la cara por unos segundos. Ibas con maquillaje, o eso indicaba el cuello de la camisa, a saber a qué hora te has levantado. Ibas perfectamente maquillada, sin embargo, y tenías los labios como si hubieras explotado a mordiscos un bolígrafo rojo. No llevabas apenas joyas, sólo una pulsera pequeña, plateada, seguramente algún regalo de tu novio.
Llevaba cerca de cinco minutos mirándote fijamente y en ningún momento pensé que pudieras tener novio. El corazón me tiró de la nuez como insinuándome que ni en mis sueños pudieras fijarte en algún individuo ni remotamente parecido a mí. Te miré el culo. No era especialmente destacable. Después de observar tus piernas, tu culo era como la desilusión de llegar a casa pensando en la croqueta que sobró de la noche anterior y ver que tu hermano se la está terminando de comer. Eso sí, el pecho que te hacía esa pesada mochila había llamado la atención a más de un motorista, que por poco no se tropezaron con algún árbol de la mediana.
¿Por qué lloras? ¿Qué has visto o qué has escuchado que te ha hecho sentir mal? ¿Te has acordado de un novio? No sé por qué ya no podía parar de pensar en que tenías novio.
Pasó un autobús. Tú, con la mirada fija en la acera de enfrente, inmóvil, a pocos centímetros de la calzada, ni siquiera lo miraste. El viento que levantó hizo que tu flequillo se moviera como si un montón de bichitos estuvieran jugando a las espadas con él.
No era el tuyo, aunque sí era el mío. El desencanto de que tuvieras novio por poco me hace subirme. Pero no lo hice. Aún no había decidido qué habías estudiado. Algo que ver con la ingeniería. Dura carrera para ser chica. Y pensaba en mí. En mi traje, que me compré por aquel viaje que me hicieron hacer los cabrones de mi primer empleo. A Palencia nada menos. Y todo, para nada. Bueno, para nada no, ahora tenía que usarlo casi todos los días. Y mis deportivas, qué ganas tenía de que llegara el viernes por la tarde y ponérmelas con una camiseta, en estos que días en los que aún se puede ir al parque a echar unas risas con el Manu. ¡Qué personaje!
Cogiste el móvil de manera torpe, intentando apagar la música. Seguro que sonaba Deep Purple. Qué ingenuo puedo llegar a ser. Tu voz sonaba tras una película de agua que cubría tu alma, como si esa contención estuviera atrapando la congoja de una niña pequeña que se da cuenta de que la vida era eso, ir con una mochila hasta arriba de cosas y con unos tacones incómodos que te quieren quemar la planta de los pies.
- ¿Sí?
- Estoy esperando en la parada. No sé cuánto tardará. Ya sabes, a estas horas, igual tengo que esperar al siguiente.
- No, no voy a ir a clase, tengo las cosas, pero me ha llamado Marta, que está mala y a mí me da pereza ir sola. Total, ya estoy un poco cansada de esto.
- A ver, que no creo que pase nada por no ir. Además, me han llamado y me voy a tomar un café por Alonso.
- Sí, no te preocupes, que a cenar sí voy. Un beso.
¿Alonso? Ahora sí que no lleva a Deep, ni creo que sepa siquiera quiénes son. Pero la curiosidad me pudo, necesitaba hablarte, no sé por qué, quizá porque siempre me he enamorado como un adolescente de las chicas que se ponen a llorar sin más, quizá, simplemente, porque quería saber cuál era el motivo de tus lágrimas.
Llegó el autobús, me coloqué detrás de ti, esperando en vano que se te cayera algo al suelo y así poder recogértelo para mirarte a los ojos, aunque fuera un segundo. No sabía de qué color los tenías. Me sentía casi un delincuente, siguiéndote como si te conociera. Te sentaste en un hueco de cuatro. Había sitio a tu lado, pero te quise mirar, aunque me mareara, necesitaba hacerlo, ver si podía hablarte. Pero no se me pasaba por la cabeza nada que decirte. Te sentaste y colocaste la mochila y el bolso sobre tu regazo y te pusiste a mirar por la ventana. El trayecto sería corto, luego habías quedado, poco tenía que hacer, era plenamente consciente de ello. De repente, mientras intentaba poco locuazmente mirar el color de tus ojos, dos ópalos marrones enormes, vi como una lágrima te resbalaba por la mejilla.
- ¿Estás bien? – te pregunté. No me oíste. Te toqué la rodilla. Recuerdo que te di un susto importante, porque la primera mirada que me dirigiste fue de una mezcla entre miedo y asco que no podré olvidar nunca. Te quitaste los cascos, disimulando que tu lágrima iba por mitad del cuello.
- ¿Perdona? – Otra mirada insidiosa, me estabas matando lentamente.
- No, sólo quería saber si estabas bien. – Decidí echar toda la carne en el asador.
Me examinaste durante lo que a mí me parecieron dos horas, de arriba abajo, rebuscando entre mis manos algún anillo, en mis orejas pendientes, colgantes en mi cuello. Algo que te permitiera clasificarme en alguna tribu urbana o que te diera una pista sobre el tipo de persona que soy. Por desgracia soy el tipo más normal del mundo. Esbocé una sonrisa, imaginé que tu día había sido igual de agotador que el mío.
Finalmente, cuando ya creía que una última ojeada de desdén iba a ser mi última cuchillada, sacaste del bolsillo tu reproductor de música, lo apagaste, de nuevo con torpeza, y me dijiste:
- ¿Has tenido alguna vez uno de esos días en los que, al final del día, crees que no tienes nada que contar cuando llegas a casa?
- Mil veces - me apresuré a contestar, pensando para mis adentros, aunque hoy me he enamorado pero no se lo contaré a nadie, no lo vayamos a gafar.
- Pues hoy, gracias a ti, creo que ya no será uno de ellos. Gracias por notar que estaba triste. – Y me regalaste la sonrisa más bonita del mundo.
Me lancé a la piscina, te empecé a insidiar con preguntas de todo tipo, pero no quise preguntarte por el motivo de tu tristeza, sobre tu vida, tu trabajo, todo lo que podía pasárseme por la cabeza. Tú, respondías con una naturalidad pasmosa, como si supieras cada una de las preguntas que te hacía de antemano y me la devolvías, siempre con esa sonrisa puesta en la cara.
Cuando llegamos a la Plaza de Alonso Martínez, la última parada, te quisiste despedir de mí pero yo te hice una última pregunta.
- Oye, ¿por casualidad no irías escuchando a Deep Purple?
- No, no los llevo cuando estoy triste.
Cupido decidió que en mi corazón no cabían más flechas, era técnicamente imposible. Podría haberme muerto en ese momento y no me hubiera importado.
Tan impactado estaba que, sin yo evitarlo, vi cómo te alejabas, los zapatos ya no te hacían daño. Me quedé viendo cómo te marchabas para siempre, pensando en la bonita tarde que me habías dado, sin pensar en que no te volvería a ver. Estaba agilipollado perdido, hasta el punto de que ni me di cuenta de que no sabía tu nombre. Me entró el pánico, ya habías girado, no te veía ya, qué podía hacer, no quería ver cómo te fundías en un tórrido beso con ese tiparraco de tu novio que, seguro, te había hecho llorar. Pero no podía dejar que te marcharas, así que corrí tras de ti y, al girar, vi que estabas apoyada de espaldas a mí en la estatua del Sr. Martínez y que de tu enorme bolso habías sacado un papel en el que estabas apuntando algo. Te diste la vuelta justo cuando llegaba. Me diste el papel.
- Llámame cuando estés triste. Te lo debo.
Y lo hice. Todos los días desde entonces.

sábado, 1 de enero de 2011

FELIZ 2011


Hagamos un balance del 2010:


Han sido 365 dias.

Algunos buenos, otros malos, unos pocos muy malos y muy poquitos muy buenos...

Pero lo importante es que cada uno de ellos nos ha conducido hasta el momento en el que nos encontramos.

Después de este año complicado, me he dado cuenta de que lo importante es estar rodeada de la gente con que puedes contar, que es quien está a tu lado, apoyándote en los buenos y malos momentos, aunque no les veas todos los días.

En estos 365 días he cambiado de trabajo. Es la mejor decisión que he tomado en mi vida.
Así que, en este cambio de año y de década, quiero agradecer todo lo bueno que me está pasando ahora, agradecer por la gente nueva que he conocido y por la que siempre ha estado ahí, a mi lado, haciéndome sonreir.