Que te escribía un blog entero



viernes, 11 de enero de 2013

VALORACIÓN CRÍTICA

Mañana toca cumplir años. Comienzo a vivir mi año 30. Que se dice pronto. Aunque en las velas imaginarias de mi tarta imaginaria soplaré 29, que tampoco es que consuele demasiado.

Los 28 han transcurrido lentos en mi caso, aunque el mío es un caso especial. Será por eso que tampoco los aparento. A esos propósitos de "que sea el último cumpleaños que pasas estudiando" que se llevan repitiendo ya varios años, estoy más que acostumbrada.

He cumplido 1/3 del objetivo, que es algo.

He despedido a amigos que se han ido a vivir lejos.
He despedido a gente de mi lista de amigos, aunque también he incorporado a personas nuevas. Y sobre todo he vuelto a valorar la importancia de los que me aguantan el drama que es vivir conmigo a diario. Y eso, quieras que no, se agradece.

He aprendido a no esperar nada de nadie, para así poder emocionarme cuando se acerca un gesto amable. Lo que nunca pretendo aprender es a desentenderme de los demás.
Y pendiente para los 29 es no ser tan bocazas y meter un poco menos la pata.

En este año me habré enamorado unas 20 veces aproximadamente, pero esa es otra historia. Obviamente con final infeliz. O no, más bien lo veo como un final feliz, porque es mejor buscar la permanente sensación de dopamina y endorfina de las mariposas queriéndote hacer vomitar.
Para los 29 habrá que intentar ser menos ilusa, que no están las cosas como para distraerse. Que no estoy para echarme novio ahora y enamorarme, como dice mi padre, a lo que siempre le contesto que qué tendrá que ver estar enamorado con tener novio, pensando en el niño de Love Actually.

También he aprendido a apreciar bastante mi salud mental y física, repitiéndome el mantra "mens sana in corpore sano", aunque como muy cuerda no se puede decir que esté, alguna paliza a mi cuerpo en forma de jarra de cerveza o de copa de balón sí que le he dado. Pero también he empezado a hacer algo de deporte, que siempre viene bien.
Que siempre habrá algo de ti que no te guste, que hay que aprender a convivir con los vicios que uno tiene e intentar que la gente no te regañe más de lo necesario por no ser capaz de dejar el móvil fuera del alcance de tu mano y también con ese muslo que no tiene el tamaño que debería. Y que todo el cuerpo cambia... e irremediablemente se somete a la puta ley de la gravedad. 

Mi idea es intentar reir una vez por cada lágrima que derrame, aunque sea por las que derramo sobre las lentejas cada vez que veo el telediario. A ver si lo conseguimos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario