Que te escribía un blog entero



lunes, 31 de diciembre de 2012

SI NO ESTÁ ROTO, NO LO TOQUES


Cuando tenía 15 años salí (en serio, que me pidió salir, no como unos amigos míos que llevan 4 años juntos pero que no están saliendo porque él no le ha "pedido salir" de manera formal) con un chico un poco mayor que yo. Él había sido de mi colegio, estaba en la Universidad, matriculado en Derecho, y digo matriculado porque creo que era todo lo que había hecho; porque él, en realidad, quería ser cartero.
¡Qué bonitas son las ilusiones a los 18 años!
El caso es que tras un par de citas adolescentes, me dejó. A los tres días. El novio más fugaz. Yo no sabía muy bien qué había pasado, la cosa parecía ir bien, pero algo superior se interpuso en nuestro camino y es que su abuela estaba muy enferma.
A los quince días una amiga me dijo que había dejado a su hermana unos años atrás con idéntica excusa.
Años después (calculo que unos cuatro) me lo encontré en un bar con un amigo común y me dijo "no te puedo saludar porque está mi novia ahí". Yo no sé cómo saluda él a la gente, yo normalmente con un "Hola qué tal" me conformo, no subo a nadie a la barra del bar y le arranco los pantalones. No sé.

El caso es que todo ello me lleva a la conclusión de que a veces nos ponemos excusas tontas para no estar con alguien. Y se las ponemos a los demás pensando que a lo mejor así paliamos el duro golpe. Lo que no nos damos cuenta es que el que te tomen por imbécil suele resultar más humillante que otra cosa.
"Es que ahora estoy centrada en mis estudios" significa "Me lo paso demasiado bien saliendo con mis colegas de fiesta.
"Es que acabo de adoptar un perro y no te puedo hacer mucho caso" quiere decir "Me da una pereza infinita quedar contigo porque no tengo nada de qué hablar.
"Es que estoy pasando por un momento de mi vida en el que" ...  ES QUE NO TE TOCABA NI CON UN PALO".
¿No sería más sencillo decir "esto no funciona", "no siento por ti lo que tú por mí"? El daño lo vas a hacer igual, pero al menos nadie te podrá tachar de bolero.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

ESPECIALITOS

ÚIltimamente me embarco quizás con demasiado descaro en la profundidad de las relaciones afectivo-sexuales, pero es que hay que reconocer que son un filón. Y además, que ya me paso mucho rato al día hablando, leyendo y discutiendo sobre política y derecho.
"Diosito, llévame pronto".

Pero hoy quiero hablar de esos seres "ESPECIALITOS". Hombres y mujeres, hetero o no, que tienen un fuego oculto entre el ombligo y la ingle, que más que ingle parece hoz.
Me refiero, señoras y señores, a esas personas que tienen pareja estable como quien tiene un tío en Cuenca. Y tú, que eres tonta, pero no tanto, dices, "joder, si ya hay hasta AVE a Cuenca, macho, ¿qué haces que no te vas todos los fines de semana a verla?". Pero no lo haces, nadie conoce el porqué.

Estos "ESPECIALITOS", normalmente llevan más años con su churri que Rapphael en la Nochebuena de TVE.
Total, que estos especímenes son de diferente tipo. Insisto y subrayo, de cualquier género e inclinación sexual.

Tipo número 1. El sigiloso.
Este personaje evade las preguntas directas, habla fugazmente de "MariCarmen" o de "Alfredo" pero de una manera tan sutil, que no sabes si habla de su primo, de su nuera, en tiempo presente o pasado. Y como además su lugar de caza suele ser un sitio donde haya alcohol (que ni las iglesias se libran), pues como que a la tercera te da un poco igual y sigues adelante. 
El caso es que esta persona nunca reconocerá que está en una relación estable, sino que siempre dará a entender que la cosa está finiquitada, pero que por no dar el disgusto a sus padres, se acuesta contigo... Y tú, imbécil, no tienes suficiente gasolina en el coche para alejarte. Hasta que te cogen por banda tus amigos y te dicen que está con su chiqui y que no va a dejarlo ni aunque se apague el sol.
Lo bueno: Que tienes tu versión de película de los años 60 "Él va a dejar a su esposa por mí" (Ingenua) y algo que contar.
Lo malo: El berrinche que te llevas.

Tipo número 2. El perro ladrador.
Éste no se corta un pelo. Tú sabes que está comprometido, él (o ella) lo dice abiertamente. Se sabe. Es público. Pero en cuanto el Reno Alf desaparece, te dice lo que te haría boca arriba, boca abajo, por delante y por detrás, que ni unas olas de esas de la playa que tú intentas levantarte pero sólo tragas agua.
Lo bueno: que habrá que pensar que mientras sólo sea de palabra, la cosa no tiene mucho peligro.
Lo malo: que como el individuo te guste un poco te pasas acordándote por lo menos un mes en compañía de tu imaginación.

Tipo número 3. El ignorador.
"Cuenta la leyenda que uno dejó a su novia". Es una frase con la que me gusta empezar cuando alguna amiga (o amigo, porque señores, hay mucho armario por ahí andando cerrado aún) me dice que se ha visto con alguien comprometido. Estos son de esos que tienen novia (o novio) pero como si no. Se sabe. Tú lo sabes. E incluso se permite el lujo de hablar abiertamente de la situación. Que te dan ganas de interrumpirle y decirle "Colega, ¿tengo yo pinta de psicólogo? ¡Anda y cuando te aclares me llamas!". Pero no lo haces. Y como eres buena persona, esperas a que se dé cuenta de que tú en realidad eres su media naranja y abandone todo por estar contigo. Sigue soñando. Que la cosa acaba con un "Para mí eres superimportante como amiga" y tú, engordando tres kilos del disgusto.
Lo bueno: Que no vuelves a caer con uno así en tu vida.
Lo malo: Lo que te cueste el gimnasio para bajar los tres kilos de helado.

Tipo número 4. El maestro de esgrima.
O si no, poco le falta. Estos son los que son capaces de mantener dos relaciones estables. Profesionales. De todas todas. Me contaron de uno que estuvo 10 años con una y 4 con otra. Simultáneamente. Dos SIMs de teléfono. Se llevaba a las abuelas Encarni y Josefina de viaje "para que vieran mundo, cari" con cada una de las novias, cada vez con una, y luego seleccionaba las fotos para enseñárselas a la que se había quedado en casa. Y qué rendimiento debía tener. La cosa, obviamente, le explotó en la cara.
Lo bueno: Que no todo el mundo es así.
Lo malo: Que alguien hay que sí lo es.

Tipo número 5. El fantasma.
Este tipo de personaje es de esos que, además de ser infieles porque no les basta lo que tienen en casa que se van a buscarlo fuera, se lo cuentan a todo el mundo. De modo y manera que ves al pobre diablo que suspira por ella (o diabla que suspira por él o por ella, lo que sea), comprándole peluches de "Te quiero mi amor" de osos abrazando corazones para que, además de cornudo, sea humillado públicamente. Se le denomina fantasma, porque a lo que se come de verdad hay que añadir los "porque yo no quise, porque adoro a mi Juan Luís", pero al pobre lo dejas en la puerta de casa a modo de perchero y mantiene un poco más la dignidad.
Lo bueno: Que puedes tener en tu mano la carta del chantaje.
Lo malo: Que queda descartado como pareja automáticamente.

Tipo número 6. El tecnológico.
Este tipo he de decir que no lo tengo muy definido, pero viene a ser ese personaje que tiene pareja y que vive pegado a un medio tecnológico para estar en contacto contigo. Es de esos seres humanos que piensas que se ha puesto unas sondas para no despegarse de su aparatito, ya sea móvil u ordenador. Este tipo en concreto es de esos que te vacilan por chats, te comentan las fotos, te escriben mails, todo es precioso en el ciberespacio, se alcanza un grado de intimidad que ni Kim y Miki en 9 semanas y media, peeeeeero... sólo hasta que se habla de una relación física. "¡Eh!, ¿de qué vas? ¡que tengo novio!" "¿Dónde lo tienes congelado? ¡Si no te da tiempo a estar con él, si siempre estás hablando conmigo!". Y tú te quedas con cara de idiota pensando que igual el interior era más importante que el exterior y esas cosas.
Una variante es ese que no engaña a su pareja "porque tener cibersexo no es poner cuernos", aunque sea a través de una webcam.
Lo bueno: que donde haya un contacto físico que se quite el resto. Ponte pibón, sal un poco y se te olvidan esas "profundas conversaciones por messenger".
Lo malo: que os encuentreis en persona y pase de ti.

Tipo número 7. El viajante.
Este personaje es el especialito de los especialitos. Porque este es el que tiene a su churri en Cuenca de verdad. Entonces, todos los fines de semana, al principio, se va o viene Churri, con anhelo, desesperación, tristeza... Hasta que cae una juerga. Entonces la pena se pasa. O hasta que cae una bronca, que, claro, en la distancia, la reconciliación no es la misma, así que se buscan a alguien con quien reconciliarse. El problema viene cuando las broncas no dan lugar a reconciliación. Que si uno sale y con quién andará, que si el otro se mosquea "porque no ibas a salir y tu última conexión del wasap fue a las 5:43 de la mañana"... Y entonces, la solución es salirse por la tangente. Y la tangente eres tú. Imbécil. Que se va a volver con su churri. No entres a ser el malo de la peli... (Parezco una madre, lo sé).
Lo bueno: que si no deja a su churri, mejor, porque "el viajante" se acostumbra demasiado bien a esa soltería espacial.
Lo malo: que si lo dejan... Se irá con otra, no contigo.

Tipo número 8. El oso amoroso.
¿Quién dijo que los cuernos son sólo físicos? Que los hay que se enamoran perdidamente de otros, pero ojo, que de soltar la rama que tienen engachada con silicona, ni hablar. Estos son bastante peligrosos, sobre todo para sí mismos. Y para los amigos que le rodean. Porque claro, al llevar tanto tiempo con su pareja, también es colega, no le vas a decir "Deja esta relación y empieza otra". Porque te sabe mal provocarle sufrimiento a alguien que aprecias, aunque claro, sufrimiento es el estar con alguien que no te quiere. Pero la respuesta no es la más honesta: "Ya, y si Rosarito/Rosauro no me quiere al final, yo me quedo sin nada". Y tú le ofreces hacer "La del mono", soltar una rama cuando tengas cogida la siguiente. Y entonces se transforman en un ESPECIALITO del tipo 1, solo que nunca sueltan la primera rama, que tiene la humillación escrita en la cara.
Lo bueno: que si eres el objeto de su amor, ni te enteras y eso que te ahorras.
Lo malo: que seas su pareja o su amigo.

Tipo número 9. El llorón.
Este "especialito" puede mezclarse con alguno (no todos) de los anteriores. Este personaje es de esos que, en medio de una curda enorme, en plena exaltación de la amistad se enrolla contigo. "Pero, ¿tú tienes pareja, no?" "Sí, pero esta noche me da todo igual, porque sólo me apetece estar contigo". Lo que tú no sabes, alma incauta, es que con toda la hormona segregándose, el nivel de alcohol se ve alterado, por lo que, cuando tú ya hayas optado por acallar tu conciencia con frases del tipo "el problema es suyo", "yo no soy quien tiene pareja", se te viene abajo y, antes, durante o después, se te pone a llorar. Pero como una magdalena. Y tú, que te quedas flipando, piensas en salir huyendo; pero como eres imbécil, te quedas y ¡encima dando consuelo!
Lo bueno: No hay.
Lo malo: Que te quedas a dos velas.

Tipo número 10. El profesional.
Este personaje, antítesis del anterior, actúa como si poner los cuernos a su pareja fuera el pan nuestro de cada día, como quien se quita una espinilla. Se despide de ti como si hubieras quedado para tomar un café, lo que, puestos a elegir, casi es preferible a lo anterior. Pero claro, la honrilla de uno es lo que tiene, y el trastorno obsesivo también, y te pones a pensar "¿esto lo hará habitualmente? ¿Cómo se apaña? Pues yo veía la cosa desde fuera como muy bien, ¿quién iba a decir que fuera tan mala gente?". Y este personaje lo que hace es seleccionar bien a sus ayudantes, para evitar fugas en la información, callar con estilo y clase y mantener el tipo.
Visto lo visto, casi es una suerte toparte con especialito de este tipo: no engaña, no manipula, no te da el coñazo y no te genera problemas. Pero el problema es que estos son la minoría, por lo que, en la medida de lo posible, es mejor mantenerse alejados de todos estos ESPECIALITOS y buscarte a uno que, al menos en apariencia, no venga con bicho.

jueves, 6 de diciembre de 2012

CHICO CONOCE A CHICA

Antes, la cosa iba de la siguiente manera:
Chico conoce Chica. Se gustan. Chico le propone quedar (para hacer la cosa más absurda del mundo). Chica queda con Chico aunque para ello tenga que salir de la torre de Mordor con siete dragones.
Chico le da una vuelta casualmente por el bar donde están sus amigos. Al día siguiente Chica se hace la encontradiza con sus amigas mientras pasea con Chico.
Chico y Chica empiezan a quedar con frecuencia, se van conociendo también en lo físico, yendo base a base, como dicen los americanos. Aunque haya 73 bases. Con la calma. Chico y Chica están conociéndose o incluso enamorándose un tiempo X hasta que o se ennovian o se dejan. Y por separado repiten operación.

Ahora no. Ahora hay dos posibles escenarios:
Escenario 1. Espacio académico/profesional:
Chico y Chica se ven todos los días.
Chico y Chica van a típica "cena de empresa"/"cena de navidad"/"quedada fin de exámenes".
Chico y Chica se emborrachan.
Chico y Chica van a la última de las bases sin pasar por ninguna de las anteriores. A lo "estocada".
Chica se pasa dos días mirando el móvil. Chico dos días de resaca.
Chico y Chica al reencontrarse el lunes se saludan de lejos con la cabeza.
Chico le cuenta al departamento/colegas/amigos la nochecita en un par de frases.
Chica se pasa tres días hablando con el resto de la Humanidad sobre si el color de corbata/camiseta que ha elegido Chico tendrá algo que ver con lo que pasó el viernes anterior.
Chico manda wasap a los 5 días preguntando que qué tal.
Chica tarda en responder 5 horas pese a haberlo visto a los 5 segundos también porque está consensuando qué va a responderle.
Chico escribe a las otras cuatro Chicas con las que se escribe wasaps pero nunca queda.
Chica mantiene conversación con otros tantos con los que intenta quedar pero tampoco puede.
Chico y Chica siguen rebuscando una historia de amor que merezca la pena.

Escenario 2. Espacio casual:
Chico y Chica coinciden en el local X a las 3 de la mañana.
Hay posibilidad de que haya conocidos en común, pero a partir de la cuarta copa da igual.
Chico y Chica se morrean en medio del local.
Chico y Chica se van a casa de uno de ellos y se saltan todas las bases posibles.
Chico y Chica se piensan si intercambiar teléfonos.
Si lo hacen, repiten la situación del escenario 1.
Tampoco van a encontrar nada ni remotamente parecido a una relación.

En  cualquiera de los dos escenarios, la posibilidad de presentar amigos o amigas resulta tan imposible y tan agresivo como si le pideran que le hagan la pedicura a sus madres. Por no hablar del hecho de que si hay una segunda cita ya se habla de "estar invadiendo el espacio".
A la vista de las circunstancias, Chico y Chica se plantean hobbies de riesgo como batir el récord de horas jugando a la play o hacer la mayor cadena del mundo con papel de chicle.

Y luego nos extrañamos de por qué estamos tan desquiciados.