Que te escribía un blog entero



domingo, 20 de mayo de 2012

Si me quieres, lo disimulas muy bien

Soy capricornio. Capricornio de las chungas además. Y me gusta planear mi vida. A saco. Lo que pasa es que la vida no se planea. Es más, cuánto más la planees, más fuerte te das la hostia. Ya me ha pasado, pero me repongo y aunque durante un tiempo deje de hacerlo, al final, vuelvo a mi ser.
Pero ahora no puedo. Me resulta demasiado inquietante. ¿Qué vas a hacer en verano? Preguntan. ¿Vendrás a verme en mi estancia fuera de Madrid? Yo qué sé ¿Organizamos algo por los aniversarios que pasan? ¡Si no tengo ni tiempo para ir! Y siempre es la misma dolorosa respuesta. No lo sé. Vivo cada día en el diagrama de flujo que me he construído, viendo, por supuesto, una de las opciones como la peor y también la más posible. Porque a mi capricorniez se le añade el ser más pesimista que Schopenhauer y por supuesto mi vida termina en una cuneta de alguna ciudad de tamaño medio donde lo más interesante que se puede hacer es ver la televisión.
Pero, cuando esa sensación de incertidumbre se me agolpa en la garganta, pienso (y a veces funciona) en el dicho ese de "De aquí a 100 años, todos calvos". Y es que en realidad, el año que viene, para bien o para mal, esto habrá acabado, y podré ir haciendo todo lo que me salga de los cojones. O no. Pero eso ya llegará. Así que, en realidad, todo tiene la justa importancia. Y la verdad que lo que me importa más es el estar bien con mis amigos y darles por saco lo suficiente para que, aunque no me vean, no se olviden de mí, y para ello tengo múltiples herramientas. Lo único que tengo que empezar a pensar es cómo voy a hacer cuando me den las irrefrenables ganas de hacer algunas cosas no compatibles con el estudio, pero para eso ya tengo la medicación que mata la creatividad. Si no os lo creéis, aquí tenéis este mierder-post para comprobarlo.