Que te escribía un blog entero



martes, 10 de abril de 2012

Manual de instrucciones para tratar con una opositora


Como veo que la cosa se está complicando, aquí vienen unas sencillas reglas que nunca debes dejar de atender cuando te relaciones con una opositora (que encima tiene bastante mala leche):



1. Nunca NUNCA Nunca jamás debes decirle cuando la veas si quieres evitar sufrir amputaciones de miembros de mayor a menor importancia.:

a. ¿Qué pasa? ¿Qué haces que no estás estudiando?

b. Bueno, opositar y no hacer nada, viene a ser lo mismo

c. No sé para qué te presentas, si todos los puestos están ya asignados a dedo

d. Yo creo que deberías estudiar de esta manera, porque tu método es una pérdida de tiempo



2. JAMÁS le digas nada de esto si no quieres que se te ponga a llorar y no pare en HORAS:

a. Buah, pero sois muchos los que os presentáis para las plazas que son.

b. ¿Cuál es tu opción si no apruebas?

c. No ligas porque estás con la oposición.... ya verás cuando seas funcionaria

d. ¿No has cogido peso? (está la otra vertiente, la de adelgazar, pero no me sirve a mí, así que, chitón)



3. Mucho cuidado con hacer insinuaciones del tipo si quieres salir vivo:

a. Te hubieramos llamado, pero pensamos que estarías estudiando.

b. No puedes pretender aprobar a la primera

c. Y cuando apruebes, ¿Qué vas a hacer? ¿Poner sellitos? ¿Qué opciones de proyección profesional tienes?

d. Ay, claro, tú es que no sabes de esto, como no estás trabajando...



4. Para tener contenta a una opositora, es mejor emplear estas otras frases:

a. Tía, qué tesón, te admiro, yo no podría...

b. Muchísimo ánimo, ya verás como todo va a ir fenomenal

c. Es un pequeño tiempo, pero luego verás como puedes volver a disfrutar de la vida

d. Cuando quieras desahogarte, ya sabes, charlando, yendo de fiesta, echando un p..., bueno, que puedes contar conmigo



Con estas instrucciones básicas, es posible que sobreviváis a la dura interacción con una opositora, salvo si vives con ella, que entonces, estás jodida, porque no sabrás nunca por dónde te puede venir la coz de mala leche aunque no hayas cometido ningún error siguiendo estas pistas.

viernes, 6 de abril de 2012

Cosas que hacer en Madrid cuando estás muerto

Las vacaciones de semana santa la gente las ha cogido como si en vez de ser cuatro días bien contados, fueran realmente una semana.

El caso es que yo, para bien o para mal, no me he ido y, además, me los he tomado libres. Es curioso porque no hay casi nadie en Madrid, pero eso, en realidad, no me importa demasiado.

Lo bonito ha sido la relación que tenía con el calendario pensando en cuando llegaran estos cuatro días y dejándome llevar, nuevamente, por lo que haré cuando toda esta historia termine, allá por, esperemos, 2013.

El caso es que también he llegado a varias conclusiones en los últimos dos meses.

La primera de ellas es que oposición y noviazgo es una cosa complicada de compaginar. Que oye, no quita para tener un rollo (o dos o tres, según la capacidad de hacer malabares que tenga un0), perfectamente, sobre todo para esos días de falta de concentración. Yo, por mi parte, habida cuenta de que tengo varios grupos de amigos, pienso que lo ideal serían dos rolletes simultáneos, para no volverme demasiado celosa (en otra ocasión mencionaré todos los trastornos físico/mentales de la oposición).

La segunda de ellas es que, de repente, te apetece hacer todas esas cosas que cuando estabas inmersa en otra actividad menos absorbente, como incluso, hacer limpieza de armarios, pasando, por supuesto al goce y disfrute de todo tipo de arte: exposiciones, cine, teatro, literatura...

Y la tercera es la autodejación. Que tú asumes que no eres Catherine Zeta Jones (por poner), pero Quasimodo tampoco. Y como que te dan ganas de vez en cuando (ojo, subrayo), de vez en cuando de coger el chándal y ponerte a sudar . La verdad, seamos sinceros, mejor sudar en compañía, así como ir al cine, más que nada para luego poder comentar la película.

El caso es que, al final, y sin haber acabado para nada este minidescanso vacacional, veo como he escogido los días de menos juerga (o que menos fiesta me apetecía a mí), porque todo el mundo se ha largado y me veo que, con horas por delante para disfrutar de las cosas que más me apetecen cuando tengo que estudiar, sin embargo, aprovecho para hacer, básicamente, lo mismo que en los minutos libres que tengo cuando estudio.

Al final, va a resultar que hasta en las ganas de juerguear, la oposición me está matando lentamente.